lunes, 3 de octubre de 2011

Las tenerías de Madrid.



En 1495 el Consejo Real expidió una provisión ordenando que, en beneficio de los vecinos
de la Villa y por motivos de salubridad, se trasladasen las tenerías a los arrabales a extramuros de la Villa. En principio, el Concejo dio un plazo a los curtidores para buscar fuera de la Villa lugar donde instalar las nuevas tenerías; finalizado aquél, el corregidor señalaría el sitio donde deberían construirse. Parece que fue esto último lo que ocurrió porque en un acuerdo de 11 de enero de 1496 se mencionan las fuentes de Atocha y el camino de Alcalá como los lugares designados por el Concejo para la nueva ubicación de las tenerías.

Antes en el interior de la Villa y siempre próximas a grupos de fuentes o arroyos por su necesidad de abundante agua para las distintas labores del curtido.

Los lugares donde se ubicaban a extramuros hasta la ampliación de la cerca en el siglo XVI con Felipe II eran la calle Arenal y la zona de los Caños del Peral. Las situadas aquí, en los márgenes del arroyo del Arenal o de San Ginés, eran un total de nueve. Se extendían por la zona próxima a la puerta de Valnadú. Zona extramuros de la Villa, que iría desde el convento de Santo Domingo hasta esta puerta y su torre de Alzapierna o Gaona.

Había tenerías en el Arrabal de San Martín, frente a la puerta de Guadalajara, entre las actuales calles Mayor y Arenal, teniendo como eje principal la calle de la Escalinata antes de Los Tintes por donde discurría el arroyo del mismo nombre junto a la muralla cristiana hasta el barranco de las Hontanillas, actual plaza de Isabel II.

En la colación de San Pedro, actualmente en entorno de plaza de Puerta Cerrada que aprovechaban el remanente de aguas del arroyo de San Pedro que salían de la fuente de los Caños Viejos.

En las huertas de Atocha en las cuales desembocaba el arroyo que discurría por la actual calle de la Ribera de Curtidores,

En el siglo XV en las inmediaciones de la puerta de Valdanú se permite el asentamiento de tenerías si los curtidores asumían encañar y limpiar las corrientes de los arroyos que iban al barranco de las Hontanillas, barranco de las corrientes.

La concentración de tenerías creaba problemas de malos olores y de suciedad en las aguas lo que era un foco de infecciones y epidemias sobre todo en los meses de verano con menos agua en fuentes y arroyos. Por ello en 1495 las tenerias de Valdanú tan cercanas al Alcázar se trasladan por orden de los Reyes Católicos a la Ribera de Curtidores. Algunas se mantienen hasta el año 1541.

La actual plaza de Isabel II y las calles que a ella van a dar eran en los siglos XV y XVI zona de abundantes aguas por la que pasaban varios arroyos. El más importante era el arroyo del Arenal de San Ginés que discurría a lo largo de la actual calle del Arenal, paralelo a la muralla, para después bifurcarse en dos ramas que continuaban hacia el río Manzanares rodeando el antiguo Alcázar, situado aproximadamente donde hoy se encuentra el Palacio Real. Las cercanas calles en cuesta abajo hacia la Plaza Isabel II como son las de Santo Domingo, Escalinata, -entonces calle de los Tintes-, Arrieta, Costanilla de los Ángeles y Caños del Peral eran barrancos formados por cursos de agua que iban al de las Hontanaillas , a menor nivel.

El desnivel del terreno por toda la zona era enorme. El barrio que en el siglo XVII recibiera el nombre de Los Caños del Peral, estaba situado en una hondonada, las antiguas “Hontanillas”. Actualmente el nivel de la plaza de Isabel II está elevado artificialmente, a base de grandes rellenos de tierras.

Las calles en cuesta que la rodean son testimonio de la caida de las aguas camino de la Plaza.



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En la calle de la Escalinata, la muralla cristiana discurría entre esta calle y la del Espejo, se tuvo que levantar un muro necesario para salvar el desnivel ocasionado por el relleno y allanamiento de la plaza de Isabel II que la puso en un nivel superior al de la Calle.

Barrancos, arroyos, huertas ocupan estas tierras. Huertas como la de Santo Domingo, don Bernardino, o la de la Priora –hoy, plaza de Oriente-. Había un estanque para el riego de las huertas, abrevaderos para los animales y lavaderos como podemos ver junto a la fuente de los Caños en plano de Texeira de 1656. Junto al lavedoro hay un gran amontonamiento de tierras y arena y un murete de contención de estas arenas. Hay un muro de contención más grande paralelo al Juego de Pelota y junto a la Casa del Tesoro que estaba unida al Alcázar. Fue mandado levantar por Felipe II. En donde estaba el Juego se levantará el Teatro Real.

Diversos puentes ayudaban a salvar los cursos de agua que rellenaban los fosos de la muralla. Podemos ver todavía uno en el plano de Texeira tras la torre situada en la casa de la esquina de lo que ya empezaba a ser Plaza. Esta casa y torre en ocasiones de grandes lluvias cerraban el paso del agua. Su derribo a comienzos del siglo XIX ayudó al trazado definitivo de la plaza de Isabel II y a rellenar con sus escombros el barranco de las Hontanillas.

Entre 1460 y 1477 cerca de esta Casa se establecieron varías tenerías en la conocida como Plazuela del Barranco.

Tambien había fuentes como la de los Caños y las que se recuerdan en la calle de las Fuentes que es paralela a la de La Escalinata que parte de la calle del Bonetillo y de la del Mesón de Paños.

En el mes de Julio de 1835, en la calle del Mesón de Paños al derribar una casa para edificarla de nuevo se descubrió un pedazo de lienzo de la antigua muralla con cubo ó tambor, cuya muralla continuaba por dentro de las otras casas.

La abundancia de agua dañaba la muralla. Junto a ella habia una profunda hendidura o Raf llamada Huesa del Raf y que fue cementerio musulmán. Junto a la Huesa estaba la llamada Torre de los Huesos, nombre que recuerda su emplazamiento junto al Cementerio que estuvo en uso hasta 1556. Esta torre se derrumba en varias ocasiones entre 1494 y 1513.

Por la actual calle de Las Fuentes corría un arroyo que daba agua a la fuente de Los Caños del Peral y servía de foso a la muralla cristiana.Un camino junto a la muralla por el exterior comunicaba la fuente de Los Caños con la puerta de Valdanú y esta con la torre de Alzapierna. Un puentecillo frente a la Torre permitiía cruzar el arroyo del Arenal. Una placa en la confluencia de las calles Uníón y Vergara recuerda su emplazamiento en las inmediaciones del Teatro Real sin que se puede establecer este con seguridad pues fue demolida con la Torre de Alzapierna o Gaona por Felioe II en 1567. El Monarca manda hacer un primer relleno del Barranco de Hontanillas con lo que se inicia un rudimentario inicio de lo que será la Plaza. A Felipe II le debemos el muro de contención junto al Juego de Pelota.

En 1522 y con Carlos V el arroyo del Arenal se abovedó y se manda empedrarel camino que ahora es la calle del Arenal. También se arregla el camino que llevaba al monasterio de Santo Domingo. En 1592 un alcantarillado recogia el agua sobrante de la fuente de Los Caños y la llevaba a la Huerta de La Priora del monasterio de La Encarnación. Las aguas harían en 1634 un profundo socavón en las inmediaciones del monasterio de la Encarnación que aun existía cuando Texeira hace el plano de Madrid en 1656. El Alcantarillado se atascó y revento produciendo el socavón y corrimientos de tierras.

Los Jardines o Huerto de la Priora fueron el resultado de la remodelación emprendida a principios del siglo XVII, en los terrenos situados al norte y oeste del Real Alcázar de Madrid, a raíz de la fundación del Real Monasterio de la Encarnación en el año 1611.

Situados en el lugar que hoy ocupan los Jardines del cabo Noval, dentro de la Plaza de Oriente, el recinto estaba gestionado por el citado convento. En los años 1809 y 1810, el rey José I ordenó la expropiación y destrucción del Huerto de la Priora, así como el derribo de las manzanas de edificios existentes en sus inmediaciones, con objeto de crear una gran plaza monumental al este del Palacio Real. Este proyecto no pudo materializarse hasta el reinado de Isabel II, cuando fue concluido el trazado definitivo de la actual Plaza de Oriente

La fuente de los Caños del Peral se encontraba en la zona más oriental, aproximadamente en la actual esquina de la plaza con la calle Arenal, en el extremo sudeste.

En el siglo XV un camino iba desde la Puerta de Valnadú hasta los Caños y subía hasta el convento de Santo Domingo. Dos puentes salvaban las aguas de los arroyos que por aquí discurrían .

En 1565, época en la que debido a la llegada de la Corte a Madrid se efectuaron diversas reformas en la Villa. La fuente de los Caños era muy sencilla, con un caño y su pileta. Posteriormente, y debido a las necesidades que aumentaban con la población, se realizaron otras reformas, como la del año 1569 según diseño del gran arquitecto de Felipe II, Juan Bautista de Toledo. En un principio se añadió otro caño y otra pileta, así como una mayor que recogía el agua de las dos piletas superiores. En 1625 se cubrió la fachada de granito, se sustituyeron las piletas individuales por una única, y se aumentaron los caños a siete, adquiriendo la fuente un aspecto más monumental.

Los restos conservados parecen ser los de la fuente posterior a esta reforma.

Cerca de la puerta del Sol nacía el arroyo de San Ginés, el cual discurría por la calle Arenal, cruzaba la Plaza de los Caños del Peral, hoy Isabel II o de la Opera, y se dirigía al noroeste para confluir con el arroyo de Leganitos en la cuesta de San Vicente.

El arroyo había provocado un barranco de 18 metros de profundidad. Entre los siglos XV y XVII la calle de los Caños del Peral era así llamada por unas fuentes que había en su hondonada, protegidas por la sombra de un frondoso peral. Estas fuente se hallaban en el sitio que hoy ocupa la Plaza de Isabel II, junto a la calle Arenal. En días lluviosos, el agua y la tierra del arroyo se veían entorpecidas por una torre de la casa que se hallaba en esa esquina. Ésta hacía de tapón, formando un espacio conocido como plazuela del Barranco. El arroyo sorteaba el recodo de dicha plazuela y bordeaba dejando en el centro una isla formada por las propias arenas depositadas, donde entre 1460 y 1477 se establecieron varias Tenerías, conocidas como Tenerías viejas.

El arroyo de San Ginés, desembocaba en la plazuela de los Caños del Peral, donde se juntaba con el agua sobrante de dichas fuentes y se bifurcaba dejando en medio un arenal. Uno de los brazos iba en dirección al arroyo de Leganitos y otro corría paralelo a la muralla.

A la entrada de la calle Arenal, se encontraba la fuente de los Caños del Peral, frente a un lienzo y dos torres, de los Huesos y Alzapierna o Gaona de la muralla del Arrabal.

El “tapón del Arenal” estaba constituido por la torre situada en la plazuela del Barranco, que en el siglo XV pertenecía a Fernán Díaz del Barranco. La Torre pudo haberse construido sobre una cerca del Arrabal.

En el siglo XVII, la casa era de Urbán de Peralta, caballero de la Orden de Alcántara y Señor de la casa de su apellido en Madrid y que murió a la edad de 105 años en 1661. A principios del XIX se derribó.

Este lugar era conocido en el siglo XIII como “ a las fuentes” o “afueras de la puerta de Balnadú” que era una de las puertas de la muralla.

En 1592 se construyó una alcantarilla que recogía el agua sobrante de los lavaderos de los Caños del Peral y conducía a la huerta de la Priora junto al monasterio de la Encarnación.


La Ribera de Curtidores es la denominada antíguamente como calle de las Tenerías.
Transcurre desde la Ronda de Toledo hasta la Plaza de Cascorro en cuesta arriba. La denominación de la calle proviene de la industria de curtidos que se desarrolló en Madrid a raíz de los mataderos ubicados en Cerrillo de Cascorro.

Antes de los Reyes Católicos el gremio de curtidores se encontraba ubicado junto a los caños del Peral actual La plaza de Isabel II. El gremio de los curtidores de pieles estuvo instalado en este punto hasta el año 1495, cuando los Reyes Católicos promovieron su traslado a la Ribera de Curtidores y a la Cuesta de San Lázaro. La calle corre casi paralela a la calle de Toledo, antiguo punto de acceso de ganado desde la puerta homónima a los mataderos de Madrid. El sacrificio en los mataderos generaba como subproducto una gran cantidad de pieles que se transformaban a lo largo de la calle en cuero mediante el curtido de las mismas. Aparece en el año 1635 como la calle de Tenerías es decir el espacio en el que se trabaja y comercializa con el cuero hasta el siglo XVIII. Las operaciones de curtiembre continúan a lo largo de la calle hasta comienzos del siglo XX. Se encontraba en esta calle algunos negocios como la Fábrica de Hachas de Viento. La calle acoje el popular Rastro de Madrid.

La torre de los Huesos vigilaba el barranco del arroyo del Arenal, en la zona noroeste de la ciudad, junto al lugar que ocupa actualmente el Palacio Real. Fue una de las torres de la muralla cristiana. Este albacar protegido por una muralla unia la al-mudayna con el Alcázar

Había aquí también un albacar o pequeña fortaleza musulmana de la segunda mitad del siglo X que protegia un espacio vacio que es ahora la plaza de La Armeria y fue el Campo del Rey, delante del Alcázar, donde se resguardaban ganados y gentes y se acurtelaban en caso de necesidad tropas miliatares. El albacar estaba protegido por una atalaya, la luego llamada por los cristianos torre de los Huesos e incorporada a la muralla cristiana. La muralla del albacar se corresponderóa con las galerias que cierran la plaza de la Armeria por el este y se continuan en la fachada meridional del Palacio Real.

Fuera estaba la sagra o campo entre el Alcázar y la puerta de Vadanú de la muralla cristiana. Fue ocupada por mudejares alfareros a fines del siglo XII. De ellos se han encontrado dos hornos junto al Teatro Real. Igualmente dos pozos de noria para el riego de las huertas.

La muralla musulmana tuvo tres puertas, la de la Vega, la de la Mezquita y la puerta de la Sagra. Esta abría al campo la al-mudayna y su ubicación no aclarada del todo se situa por el ayuntamiento en la placa que hay en el edificio que hace esquina entre la calle del Factor en los Altos de Rebeque y la calle de Requena que baja de la plaza de Ramales.
El albacar, considerado en algunas ocasiones muralla que unía la atalaya con la al-mudayna, fue derribado y los terrenos junto al Alcázar fueron ocupados hasta la muralla por las casas de la nobleza que buscaba residir cerca del Rey.
Con la conquista de la ciudad por el rey Alfonso VI de Castilla, en el año 1083, el torreón, conocido como torre de los Huesos, fue incorporado como torre albarrana a la muralla cristiana, que los castellanos levantaron como una ampliación del primitivo recinto amurallado musulmán.
Además de proteger las fuentes de los Caños del Peral, que se encontraban en la actual Plaza de Isabel II, garantizaba la seguridad de la Puerta de Valnadú, uno de los cuatro accesos de la citada muralla cristiana. Ésta se hallaba cerca de la confluencia de las calles de la Unión y de Vergara, junto a la fachada meridional del Teatro Real.
La torre, que toma su nombre por su proximidad con el antiguo cementerio islámico de la Huesa del Raf, tiene planta cuadrangular. Combina mampostería y sillares, elaborados en sílex y piedra caliza.
Fue descubierta con las obras de remodelación de la Plaza de Oriente concluidas en 1996. Sólo se conserva parcialmente su base.

Los baños moros se localizaron en la calle de los Caños del Peral, que viene a la plaza de Isabel II. No es de extrañar esta localización de los baños en un lugar con abundancia de agua.

En el Madrid anterior a la reconquista existieron cuatro asentamientos de población. Uno situado en lo alto de la colina de las Vistillas. Otro se ubicaría en la zona de las calles Sacramento y Mayor. Un tercero entre la Cava Bajay Puerta Cerrada, por último existiría otro en la zona de la iglesia de Santiago y las calles que bajan hacia la Plaza de Isabel II. La
zona más ocupada de este último del siglo IX al XI estaría en la Plaza de Ramales.

En todas estas zonas se han encontrado abundancia de silos y pozos, que han
proporcionado abundante material –ollas, jarras, arcaduces, tinajas, ataifores, etc.- así como
restos de estructuras que permiten afirmar la existencia de asentamiento poblacional en la
zona.

Se han encontado rastros un viaje de agua, datado en el siglo IX, en la Plaza de los Carros. Esta canalización, la más antigua localizada en España, demuestra la existencia de una población de cierta entidad.

También podemos hablar de una
necrópolis hallada en la calle de Toledo en torno al número 68

En esta necrópolis se han hallado restos de cerca de cincuenta tumbas, y sólo en la pequeña parte excavada. Esta necrópolis podría enlazar con la que existiría en la plaza de la Cebada.



Albacar con su muralla marcada de puntos, entre la al-muduayna o ciudadela y la atalaya o fortaleza islámica, luego Alcázar medieval y renacentista y luego Palacio Real. Se recoge el trazado de la amuralla cristiana. El punto cuadrado corresponde a la atalaya de vigilancia del siglo XI que puede coincidir con la torre de los Huesos.