miércoles, 12 de septiembre de 2012

Monasterio Benedictino de San Salvador de Leire. Navarra



Entre la sierra de Leire y el embalse de Yesa.



Uno de los conjuntos monumentales más importantes de Navarra y tumba de reyes navarros.

Leyre fue fundado como un monasterio benedictino, aunque posteriormente pasó a estar en manos de monjes cistercienses. En la actualidad, el conjunto monástico pertenece a la Comunidad Foral de Navarra, que lo ha cedido a sus primitivos moradores, la orden benedictina, para su cuidado y funcionamiento.


La primera noticia histórica que tenemos sobre el monasterio de Leyre es la visita de San Eulogio de Córdoba el año 844.

El nombre de Leyre aparece por dos veces en la carta que el propio Eulogio escribió poco después del 848 a Wilesindo, obispo de Pamplona. 

A mediados del siglo IX hallamos también otra referencia bastante concreta. Importante, porque es el inicio de una devoción que llegó a ser muy típica del monasterio. La de las santas mártires Nunilo y Alodia.
Nacieron hacia el año 830, de padres acomodados, en Adahuesca, cerca de la fortaleza de Alquézar, en tierras de Barbastro, siendo Califa Abd al-Rahman II. Su padre era mu-ladi (convertido al Islam) y su madre había continuado siendo cristiana. San Eulogio de Córdoba hace mención expresa de su  martirio. Fueron decapitadas por confesar heroicamente la fe católica en la ciudad de Huesca un 21 de octubre antes del año 848, a la edad de 18 y 14 años, respectivamente.



Los restos de sus cuerpos, por deseo de los Reyes de Navarra, fueron trasladados, pocos años mas tarde, al Monasterio de Leyre en donde reposaron durante diez siglos en la arqueta  arábigo-persa, que fue el relicario que contuvo las reliquias de las Santas hasta la época de la desamortización definitiva, año 1862.


Una escritura fechada probablemente entre el 850-52 contiene la donación de los inmediatos lugares de Esa (Vesa) y Benasa, en favor del monasterio. 

Son las más antiguas propiedades que se le conocen.

Se consigna en el documento como razón de ser de esta entrega, el traslado a Leyre de las reliquias de las Santas Nunilo y Alodia, efectuado probablemente por aquella mismas fechas.


Desde los siglos IX y X aparece ya Leyre como el más importante de los centros monásticos de Navarra.

Bajo el pavimento de la gran nave gótica del siglo XIV se conserva con gran precisión el trazado de un templo anterior. 

La gran cabecera románica es la pieza inicial del románico de Navarra y prototipo de las grandes construcciones del románico español. 


Fue probablemente una obra de ampliación de la iglesia primitiva.



Consagrada el año 1057 en tiempos de Sancho el Mayor de Navarra.Parece indudable que Sancho el Mayor se educó de niño en el monasterio, pues en un documento llama al abad Sancho domino et magistro meo. De ahí el gran afecto que le unió a Leyre y que supo transmitir a sus sucesores. 

Su padre, don García de Nájera, que murió en 1054 en la batalla  de Atapuerca, había sido curado en Leyre de una grave enfermedad, según decía, gracias a las oraciones de los monjes. 

Lo afirma en documento de 18 de noviembre da 1050 en el que hace una donación a Leyre. 


En 1569, Leyre tenía  una renta anual de 3.000 ducados, cantidad importante sí se tiene en cuenta que la comunidad se componía de diez religiosos y algunos hermanos, pero con una vida intelectual muy pobre.“No se ha entendido hasta agora -dice el informe del Virrey- que en estos monasterios haya habido monjes letrados, ni que se haya ejercitado en letras alguno de ellos”

Las Cortes de Navarra reunidas en Tudela en 1583 pidieron que los monjes fuesen enviados a estudiar en alguna Universidad.


A corregir tal estado de cosas vino la incorporación de Leyre con los demás monasterios navarros a la Congregación Cisterciense de la Corona de Aragón. Se constituyó el 18 de abril de 1610.




LA PORTA SPECIOSA (siglo XII)






Hermoso pórtico del siglo XII, excelente ejemplar del arte que recorrió el camino de Santiago. 

Recuerda la puerta de las Platerías.
  





En los comienzos del siglo XIX, por tres veces hubieron de abandonar el monasterio los monjes de Leyre: en 1809, 1820 y 1836. 

De las dos primeras salidas, pudieron volver. 

La tercera supuso la interrupción de la vida monástica durante ciento dieciocho años. 

Ya en la dispersión de 1820 los daños que se produjeron eran incalculables. 

De entonces data la incautación del Archivo y de la biblioteca. Salen de Leyre las reliquias de San Virila, depositadas en Tiermas, y las de las Santas Vírgenes, que de momento quedaron en Santiago de Sangüesa. 

Finalmente el día 16 de febrero de 1836 se cerraron a la vida monástica las puertas de Leyre. 


Vino entonces la fase del saqueo, más o menos legal, pero completo, y luego largos años de ruina y desolación. El monasterio viejo se acabó de hundir por completo y el nuevo comenzó a caerse.

La Comisión de Monumentos consigue que en 1867 Leyre fuese declarado Monumento Nacional y obtenían algunos créditos para las más perentorias obras de conservación.

El 8 de julio de 1915, otra reunión en Leyre,  culminó en la restauración de nuestro monasterio. En ese día volvieron a Leyre los restos de los Reyes, que en los días de la Desamortización habían sido llevados a la parroquia de Yesa. 

En el lado septentrional de la nave, frente a la capilla de las santas Nunilo y Alodia, se encuentra el arcosolio que guarda el panteón de los primeros reyes del reino de Pamplona, precursor del reino de Navarra, cuyos restos se custodian en un arca neogótica de madera, decorada con adornos metálicos.

El panteón está protegido por una reja de hierro forjado de estilo gótico tardío y junto a él se venera el llamado "Cristo de Leyre" (siglo XVI), una talla de Cristo crucificado (1,80 por 1,60 m) de gran naturalidad. Esta talla apareció cubierta de cal en el túnel de la cripta, donde habría sido escondida probablemente tras la Desamortización.
En la urna se encuentran los restos de los reyes de Pamplona Íñigo Arista (852), García I Íñiguez (870) y Fortún Garcés "el Tuerto" (905).

La cripta de Leyre no es una cripta al uso. No llega a ser subterránea ni hay evidencias de que se haya destinado nunca a ser un lugar de enterramiento. Destaca por sus dimensiones y altura, así como por sus grandes capiteles, que se alzan sobre pequeñas columnas.
Fue construida para nivelar el terreno donde se alzaría la iglesia y servir como cimiento a la misma. Es de forma cuadrada siguiendo la forma de la cabecera del templo, por lo que dispone de tres ábsides circulares y cuatro naves iguales cubiertas por bóvedas de cañón. Una de ellas es más reciente que el resto, al estar en ese lugar la escalera que comunicaba la iglesia con la cripta. Se construyó en piedra caliza con cuarzo y hierro, lo que le ha dado una resistencia que le ha permitido su buen estado de conservación.