miércoles, 7 de noviembre de 2012

El Cronista y la Corte de Castilla



Alonso Fernandez de Palencia.

(Palencia, 1423 - Sevilla, marzo de 1492). Podemos encontrar su nacimiento en Burgo de Osma. 

Cronista de Enrique IV, del príncipe Alfonso y de los Reyes Católicos.

Cronista oficial de Enrique IV desde 1456.

Gran latinista. Hablaba a la perfección el italiano y el francés.

Según el propio Palencia, la Reina le retiró su favor en 1480.


Quería dejar recuerdo de la historia de los pueblos peninsulares desde los tiempos más remotos.



Unos diez años antes de su muerte, Palencia tenia redactados, 


Los diez primeros libros de la Antigüedad de la gente española. 

Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis, llamada las Décadas por estar dividida en décadas al estilo de Tito LivioTres décadas que recogen sucesos contemporáneos al autor. Las Décadas fueran cuatro, tres completas con diez libros cada una. La cuarta con seis libros. Fueron localizadas en la Biblioteca de El Escorial. 

Son un relato del reinado de Enrique IV y de los Reyes Católicos entre 1440 y 1481. Redactadas en latín.

En la RED publicadas como Crónica de Enrique IV por la Biblioteca Digital de Castilla y León.



La primera década abarca desde 1440 hasta el 5 de julio de 1468, día del fallecimiento del príncipe Alfonso; la segunda llega hasta la muerte de Enrique IV, el 12 de diciembre de 1474; la tercera alcanza el año 1477; la 
cuarta enlaza a la perfección con la tercera, al ser 1478 la primera data 
exacta que nos proporciona, y se extiende hasta últimos de 1480 y 
comienzos de 1481; finalmente, la Guerra de Granada se inicia con el 
relato de los sucesos de 1482 y se cierra con el año 1489. 



Ahora el manuscrito de la cuarta Década se halla en la biblioteca de la Academia de la Historia. Fue incorporada en el verano de 1850, fecha en que pasó a formar parte de los fondos de la Academia la colección Salazar y Castro.


Entre 1483 y su muerte en 1492, trabaja en la cuarta Década que 
relata los hechos ocurridos desde 1477, cuando termina la Tercera, y la 
Guerra de Granada, que inicia la narración con los hechos históricos de 
1482.

Las Décadas fueron redactadas en un manuscrito anónimo en castellano conocido como Crónica Castellana de Enrique IV, en principio atribuida a Palencia. 


Guerra de Granada, que asegura haber «aceptado escriuir». Bellum incoeptum adversus Granatenses. Escrita como las Décadas en latín, comprende nueve libros, pese a que el proyecto era de diez, no divididos en capítulos como en las Décadas. Recoge los hechos de la Guerra entre 1482 y 1489. 




«En el principio del libro siguiente, guardando el orden cronológico de los sucesos, consignaré los premios que con arreglo a las capitulaciones se concedieron el rey Audelí y el caudillo mayor de Baza, que sirvió de intermediario». 


Del libro décimo solo tenemos unas pocas líneas que se interrumpen bruscamente. Los maravillosos efectos de la rendición de las poblaciones ya mencionadas y el repentino impulso de las que se entregaron, exigen que, después de reconocer la poderosa mano del que todo lo dispone, haga alguna mención de los móviles con que a ello contribuyó la fragilidad humana. Ellos impulsaron al alcaide del castillo y al jefe de la guarnición de Baza a mezclar con el temor de que estaban poseídos la esperanza de futuros medros. Desesperados de la salvación de los pueblos, ya imposibilitados de resistir por más tiempo el poder de D. Fernando, fingieron deseos de evitar la última ruina, y atentos en apariencia a la piedad, no se olvidaron, durante su vida, de proporcionarse aumentos de riquezas en medio de la paz.



Palencia fue testigo ocular de la rendición de Boabdil o poseyó  información de primea mano.  «no alcanza narrar ningún suceso posterior al 2 de enero, ni aun la entrada solemne de los monarcas cristianos en la Alhambra. Conocemos de una carta firmada en Sevilla el día ocho de Enero. 

Muere Palencia en Sevilla a últimos de Marzo.





Planeadas

La segunda parte de la Antigüedad, formada por otros diez libros. 

Fazañas de los antiguos príncipes de la Reconquista. 


Otras obras

La Batalla campal entre los perros y los lobos (1457, de la que hubo edición en Sevilla, 1590), en tema alegórico trata de la situación creada tras la caída del condestable don Álvaro de Luna, asesinado por la nobleza en tiempos de Juan II, o el posterior gobierno de Enrique IV.

Escribe en lengua latina y traduce al español su alegoría Tratado de la perfección del triunfo militar, 1459. Recoge virtudes con las que según aconseja el autor debía actuar Enrique IV.

Se le atribuye además la famosa sátira contra el rey denominada Coplas del provincial.

Escribió también tratados lexicográficos y algún otro de carácter geográfico en latín, entre los que cabe mencionar:

El Opus Synonymorum –o De sinonymis elegantibus–, que se ocupa del estudio de los sinónimos.

El Uniuersale Compendium Vocabulorum (Vocabulario universal en latín y en romance) o (Sevilla, 1490), diccionario bilingüe que, aunque pronto quedó relegado por el Diccionario latino-español de Nebrija, resulta muy útil para el estudio de la lengua romance y representa el primer esfuerzo lexicográfico en la lengua castellana.

Un Compendiolum geográfico (nomenclátor toponímico).

Varias epístolas latinas.

Su labor como traductor fue también muy importante: vertió las Vidas paralelas de Plutarco de Queronea en un incunable editado en Sevilla en 1491 y Los siete libros de las guerras judaicas de Flavio Josefo en 1492.




De origen judeoconverso, se educó en el palacio del ilustre obispo burgalés Pablo de Santa María, antaño rabino de Burgos convertido al catolicismo por Vicente Ferrer. En 1441 está con  Alfonso de Cartagena, hijo  segundo del judío burgalés Rabbi Selemo, converso como Pablo de Santa María y también obispo de Burgos por renuncia de su padre, de quien fue discípulo.

Marchó a Italia y entró al servicio del cardenal Basilio Besarión, con quien permaneció en Florencia hasta 1453. Estudió humanidades con Jorge Trapezuncio (Jorge de Trebisonda) en Roma. En aquel país entabló también relación con Vespasiano da Bisticci.

Vuelto a España, después de pertenecer durante un tiempo a la casa del arzobispo Fonseca de Sevilla, sucedió en 1456 a Juan de Mena en el cargo de cronista real y secretario de cartas latinas de Enrique IV. Se declaró en 1468 partidario del infante Alfonso e intervino en las negociaciones para la boda de la pretendiente al trono Isabel con Fernando de Aragón, siendo actor en arriesgados y pintorescos lances, en el transcurso de los cuales ayudó a la pareja a casarse en 1469. Terminó siendo cronista oficial de la reina Isabel tras su subida al trono en 1475.

Además de su tarea principal de historiador, los nuevos reyes le encargaron diversas misiones durante la Guerra de Sucesión Castellana. Por ejemplo, intervino eficazmente en el establecimiento de la Santa Hermandad en Sevilla (1476) y organizó el envío de una flota de refresco a Gran Canaria en 1479.




Conocemos de las Décadas de Palencia, de la Crónica Castellana de autor anónimo, que traduce del latín  y malamente con errores de fechas, las Décadas de Palencia y de otras dos crónicas de Enrique IV contemporáneas de éstas el Memorial de diversas hazañas de Mosén Diego de Valera—servidor y consejero de Enrique IV y los Reyes Católicos — y la Crónica de Enríquez del Castillo —capellán, consejero y embajador de Enrique IV, a quien se mantuvo siempre fiel—. 



Diego de Valera como hizo en la redacción de su Crónica abreviada de España, quiso también «abreviar» la Crónica castellana anónima de Enrique IV.
  
La Crónica de Enrique IV de Enríquez del Castillo se debe al que fue Capellán 
de Enrique IV y nombrado cronista oficial por el monarca tras su ruptura con Alfonso de Palencia. Podemos hablar de propaganda partidista, faltando en más de una ocasión al relato verídico de los hechos, mientras que, por el contrario, en las Décadas de Alfonso de Palencia, aunque inevitablemente subyace cierta animadversión hacia el rey Enrique y su partido —animadversión que, dicho sea, el autor no pretende escamotear en ningún momento—, se perfilan mayores visos de fidelidad histórica que otorgan a Palencia un carácter de cronista riguroso y, en lo posible, objetivo.


Las de Palencia no son exposiciones mecánicas como ya hizo el canciller Pedro López de Ayala. Hace flexiones y valoraciones personales ético-morales, con abundantes pasajes autobiográficos. 

Recoge  los sucesos fundamentales acaecidos en el extranjero al final de cada uno de los años en que se acostumbraba dividir las crónicas. 

Palencia era buen conocedor de las historias anteriores al reinado de Enrique IV; su formación y, más aún, su cargo oficial de cronista, debieron obligarle a ello.