viernes, 18 de diciembre de 2015

Conversos y judaizantes



Violante González, su hijo Hernando de Castillo y el hijo de este Diego del Castillo, vecinos de Garcimuñoz,  reos del Santo Oficio de Cuenca

Los miembros de la familia Castillo, de notoria ascendencia conversa, fueron perseguidos por el Santo Oficio por motivos más bien políticos y sociales que religiosos. Durante más de dos siglos, los Castillos desempeñaron un papel clave en el entorno del marqués de Villena, lo que les acarreó envidias y celos por parte de los labradores pecheros y de los hidalgos cristianos viejos. Desde muy joven, Hernando del Castillo, alcaide del castillo, entró al servicio del marqués de Villena quien recibió del rey Enrique IV los títulos de marqués de Villena, conde de Xiquena y duque de Escalona, heredando de su madre el señorío de Belmonte, y de su segunda mujer, los señoríos de Moguer y de Villanueva del Fresno. En el siglo XV, los Pacheco poseían un territorio inmenso que se extendía sobre más de 25 000  kilómetros cuadrados desde Cuenca hasta Almería, que constaba de 150 000 vasallos y que les rentaba más de 100 000 ducados de ingreso anuales.


Hernando del Castilloseñor de Altarejos, casa con Juana de Toledo


El 21 de diciembre  de 1491, los huesos de Violante Gonzalez fueron quemados por la inquisición de Cuenca en la Plaza de la Catedral.


Siete años después, en 1498, su hijo  Hernando del Castillo fue acusao de judaizar en secreto. El 28 de marzo  de 1499, fue condenado por el bachiller  Juan de Loaysa a abjurar y a pagar una multa de 100 000 maravedíes  al Santo Oficio y a estar un mes en retiro.


Violante González, vecina de Castillo de Garcimuñoz, era la mujer de Alonso de Luz y madre de Hernando del Castillo, alcaide de la fortaleza de Alarcón. Había fallecido poco después de 1466, por el testamento que redactó el 18 de julio de aquel año. Enterrada en la capilla de Santa Catalina del monasterio de San Agustín al lado de su suegro Juan Fernández de Luz.

Juan Fernández de Luz, difunto regidor del concejo del Castillo de Garcimuñoz fue acusado de crimen de herejía y apostasía el 7 de diciembre de 1491. En su testamento de 1449 manda que le enterrasen en la iglesia de Santa María de Villalgordo o en el monasterio de San Agustín del Castillo de Garcimuñoz. Puede que sus huesos fueron quemados por el Santo Oficio.

Siete testigos  acusan a Violante González de haber judaizado en vida.

El fiscal de la Inquisición la acusa el 25 de marzo de 1490 en la audiencia del tribunal de Cuenca. Hernando del Castillo, su hijo, sale en su defensa.

Hernando del Castillo considera que los testigos que declaran contra su madre lo hacen por odio, enemistad y celos que le tenían por desempeñar el cargo de alcaide de la villa.

Fernando del Castillo, el del Arzobispo, sobrino de Violante por parte paterna, hijo de Alonso del Castillo que es hermano de Violante González.  Sabía que los enemigos de su primo también querían atacarle a él y dañar la fama de toda la familia. Ante los inquisidores, Fernando se empeñó en probar la malicia de ciertos testigos para defender a su tía paterna.


Este Fernando del Castillo citado como el del Arzobispo puede ser así por cargo o servicio que prestaba. Podemos decir que en la Capilla de San Eugenio de la Catedral de Toledo, que  conserva la arquitectura originaria del siglo XIII, está el  enterramiento del canónigo de Toledo y obispo de Bagnorea Fernando del Castillo, muerto en 1521, obra de Alonso de Covarrubias. San Eugenio fue arzobispo de Toledo

Bagnoregio es una localidad y comuna de Italia ubicada en la región de Lazio, provincia de Viterbo. Pueblo precioso

Fernando del Castillo, el obispo Ferdinando di Castello, utiliza la villa llamada La Roccia di Corte como seminario episcopal. El edificio se encuentra junto a la sede episcopal que estuvo activa hasta 1685, con la que comparte un gran jardín y la huerta. La bodega de la villa fue manda hacer por el obispo Fernando de Castillo en el siglo XVI. Fue tallada totalmente a mano. 

Interesante este posible parentesco de los castillo de Garcimuñoz con este obispo si es al que se refieren los Castillo y que encontramos enterrado en la catedral de Toledo.

Entre estos testigos estaban Martín Fernández de Requena, Constanza de la Póveda y Juana Martínez de Mena, labradores cristianos viejos eran allegados del bando e parentela de Juan de Valencia, señor de Piqueras quien abandonó a Inés del Castillo, hija del alcaide de Alarcón, tras haberse desposado con ella por palabras de presente. De este casamiento frustrado nació una profunda enemistad entre los dos hombres.

Otra testigo fue María de Luz que estaba enemistada con Hernando del Castillo por  asuntos de herencia. María de Luz era hermana de Alonso de Luz

A pesar de los esfuerzos desplegados por el hijo y el sobrino para que la memoria de Violante fuera dada por libre e quita de lo contra ella opuesto restituyéndola en su buena fama e honra, no pudieron evitar el castigo de la Inquisición. El auto de fe tuvo lugar poco antes de Navidad, el 21 de diciembre de 1491. Los huesos de Violante fueron desenterrados de la capilla Santa Catalina, trasladados a Cuenca y exhumados luego en la plaza de Santa María –la actual Plaza Mayor– enfrente de la catedral.

La pena de Violante traía consigo  la confiscación de los bienes a sus herederos en beneficio del fisco real. En su testamento, Violante legaba toda su hacienda a su segundo marido, Alonso de Luz. Hernando del Castillo, era hijastro de Alonso de Luz fruto de una unión con un judío del Castillo de Garcimuñoz cuyo nombre desconocemos. Los descendientes de Violante eran por su pena excluidos de los oficios públicos y de los beneficios eclesiásticos, y sometidos a ciertas interdicciones suntuarias, como montar a caballo, llevar armas, vestidos de seda, joyas preciosas, etc. Quedaba manchado el honor del linaje y el de cada uno de sus miembros. Pero los Castillo siguieron ocupando cargos públicos y honoríficos en el marquesado de Villena.

En 1498, siete años apenas después de la condenación de su madre, Hernando del Castillo, fue acusado de judaizar en secreto por el fiscal del tribunal de Cuenca.  Hermando del castillo, alcaide de Alarcón, había sido criado y camarero del marqués de Villena, quien le premió por sus hazañas bélicas nombrándole alcaide del castillo de Alarcón y primer señor de Perona, añadiendo luego otros lugares al señorío, como Altarejo y La Losa. 

A fines de los años 1460, cuando Hernando padecía una enfermedad que los doctores no conseguían curar, su esposa doña Juana de Toledo –y no de Luna como declaró su hijo Diego– llamó a don Symuel, médico judío de la ciudad de Cuenca conocido también como el doctor Gabriel Enríquez, después de su conversión al cristianismo. Don Symuel residió unos quince días en el castillo de Alarcón parar cuidar de su paciente. Era por el mes de septiembre o de octubre, fecha en la cual los judíos suelen celebrar la Pascua de los Tabernáculos o de Sukkot, fiesta religiosa relacionada con las andanzas del pueblo de Israel en el desierto durante cuarenta años por el camino de la Tierra Prometida. Para retener a don Symuel, quien deseaba mudarse a las aljamas de Huete o de Ocaña, la esposa del alcaide mandó edificar una cabaña en el recinto del castillo, morada provisional destinada a recordar a los judíos las chozas que los israelitas ocuparon en el desierto después de su salida de Egipto. Que el doctor observara la fiesta del Sukkot no significa que el alcaide también lo hiciera. Además los testigos sospechaban que Hernando observaba el sábado, los ayunos y ciertas ceremonias judaicas, sin poder aducir verdaderas pruebas al respecto. Al margen de estos tímidos indicios de herejía, se le reprochaba al alcaide el impedir el buen funcionamiento de la justicia inquisitorial. En una confesión fechada de marzo de 1499, el mismo interesado reconocía haber enviado sumas de dinero a unos individuos que el tribunal había encarcelado. A pesar de todo, los inquisidores hicieron prueba de cierta mansedumbre con él. El 28 de marzo de 1499, Hernando fue condenado por el bachiller Juan de Loaysa a abjurar de levi, a pagar una multa de 100 000 maravedís al receptor del Santo Oficio y a retirarse durante un mes en el monasterio de San Francisco de Belmonte para hacer penitencia.

Diego del Castillo, quien heredó la alcaidía de su padre, tampoco tardó en parecer ante el Santo Oficio

El 8 de agosto de 1519 se presenta denuncia por delito de herejia e apostasia y ofensa a nuestra santa fee catholica y religion christiana.  El 3 de diciembre de 1519, Diego fue encarcelado en las cárceles secretas de la Inquisición de Cuenca. En un plazo muy breve, los inquisidores pronunciaron la sentencia. El acusado tuvo que abjurar de levi, pagar 20 000 maravedís al receptor del Santo Oficio, recitar durante un mes los salmos penitenciales y observar el ayuno del viernes durante cinco semanas seguidas en memoria de las cinco llagas de Cristo.

EXTRACTO DEL PODER QUE OTORGÓ GARCÍA DE TOLEDO, OBISPO DE ASTORGA, A DIEGO DEL CASTILLO, PARA QUE COBRE RENTAS Y PAGUE LA DOTE QUE HA OFRECIDO A DOÑA GUIÓMAR DE CASTRO, POR SU MATRIMONIO CON LOPE VÁZQUEZ CARRILLO DE ACUÑA, GUARDA MAYOR DE HUETE. 1484. 18 de febrero. Madrid. García de Toledo es tío paterno del II señor de Cervera casado con una hermana del Diego del Castillo juzgado en 1519 por la Inquisición de Cuenca. Diego del Castillo casa con una hermana del II señor de Cervera


El 4 de noviembre de 1533, el fiscal del Santo Oficio acusó criminalmente a Francisco del Castillo, primo de Diego del Castillo y alcaide de la villa de Garcimuñoz, de haber hecho, cinco años antes, una falsa información de limpieza de sangre ante los inquisidores de Cuenca, de haber proferido palabras injuriosas contra la Inquisición y la santa fe católica y de haber comunicado con su madre en diciembre de 1517 cuando ésta se hallaba presa en las cárceles del tribunal. 

Francisco se había inventado una genealógica sobre sus orígenes familiares. Declaró que su bisabuelo paterno era un caballero inglés nombrado Fulano Enrique, pariente de un tal Beltrán de Caclín que había combatido a finales del siglo XIV contra los castellanos al lado del duque de Lancaster. En lo que se refiere a su abuelo y a su padre, afirmaba que siempre habían sido considerados como hidalgos notorios y cristianos de pura cepa. Francisco no sólo se valía de una nobleza autóctona sino que también se inventaba una nobleza extranjera. Por parte materna, Francisco pretendía descender ni más ni menos de un Fernando González Piñán, hidalgo de la Montaña de Santander de la casa de los Valdeborones que vino a instalarse en la villa del Castillo de Garcimuñoz:


Mi padre se desia Fernando del Castillo el del Arzobispo, que fue comunmente avido, tenydo e reputado por ombre fijodalgo, y ansy gozó entretanto que byvio de todas las esenciones, privillegios y libertades de que gozan los otros fijosdalgo notorios destos reynos de Castilla e de Leon [...] y my aguelo de parte de mi padre se desia Alonso del Castillo, vezino e regidor que fue desta cibdad de Cuenca, el qual byvió como ombre fidalgo y esento, y my visaguelo a lo que siempre oy desir se llamó Fulano Enrique, el qual le desían sir ynglés y pariente de un cavallero principal de aquel reyno que vino a España quando el duque de Alencastre tuvo guerra con Castilla que se desía Beltran de Caclin, y casó en esta cibdad y de aquella casa a avido debdos myos en esta cibdad, e oy en dia los ay que se an llamado y llaman Beltran de Claquyn por que descienden como yo desciendo de aquel cavallero susodicho, y en todos estos mys antecesores no a avido mácula ny cosa tocante a ynquisicion, ny ay memoria de ombres ni fama ny de oydas que los dichos mys padres, aguelo ny visaguelo desciendan de linaje de judios nuevamente convertidos ny de linaje de moros, y por esto yo puedo licitamente jurar que soy cristiano viejo. 

El inquisidor de Cuenca no hace caso de esta inventada genealogía y sabe que la bisabuela materna y la abuela paterna de Francisco habían sido penitenciadas por la Inquisición.


Alonso del Castillo esta en el regimiento de Cuenca desde 1453.


Otro Francisco del Castillo, descendiente de Violante González, regidor de San Clemente y miembro de la Compañía de Jesús, fue acusado de criptojudaísmo y de blasfemia en 1613. 

Los sambenitos de los condenados por la Inquisición se colocaban a la vista de todos en el interior de los templos de donde eran parroquianos los reos. En 1558 se renovaron los sambenitos de los judaizantes del Castillo de Garcimuñoz y volvieron a colocarse, por mandato de los inquisidores, en la iglesia del pueblo, que estaba dedicada a San Juan Bautista. Entre ellos estaba el de Violante González. Todavía en 1655 se conservaba el lienzo donde constaba la memoria de los sambenitos. Lo guardaba ahora el comisario de la Inquisición, porque la iglesia parroquial se había derrumbado y se comenzaba a construir otra precisamente en el recinto de la antigua fortaleza.