miércoles, 16 de diciembre de 2015

Eugenio Torralba y la Inquisición de Cuenca

Eugenio Torralba, médico formado en Roma, fue preso por la Inquisición de Cuenca en el año 1527/1528 y juzgado en 1531, 

Célebre nigromante y mago español, nacido en Cuenca o tal vez en Soria y muerto en lugar y fechas desconocidos.

Eugenio de Torralba fue el mago más célebre de todo el Renacimiento español.  

Sabemos de  su vida por lo que declara al Santo Oficio durante su proceso de 1527-1531. 

Un día, en su casa, trazó un pentáculo y tras invocar varias veces al demonio se apareció ante sus ojos un ser de carácter angelical que se dio a conocer con el nombre de Zaquiel diciéndole que se ponía a su servicio. El doctor, siguiendo sus consejos se presentó como un sabio que podía pronosticar cualquier clase de dolencia incurable que tuvieran sus pacientes, aplicando sus saberes médicos a cualquier rama de la ciencia existente y que incluso, he aquí lo maravilloso, podía volar de un lado al otro del orbe a velocidades increíbles y ver el futuro de manera precisa


Entre sus capacidades estaba poder comunicar, antes, durante e inmediatamente después de que tuviesen lugar, las noticias más importantes que, entre 1510 y 1527 se produjeron en Italia, Francia y España. Anuncia al Gran Capitán y al Cardenal Cisneros la derrota de los Gelves. Durante una estancia en Roma, Torralba fue también avisado por Zaquiel de la muerte del rey Fernando el Católico en 1516. Gracias a él, también el duque de Béjar fue avisado del alzamiento de las comunidades en 1519. Aunque el suceso sin duda más célebre protagonizado por Torralba y su sirviente diabólico fue el que tuvo lugar en la noche del 6 de mayo de 1527, cuando Zaquiel condujo a su amo por los aires desde Valladolid hasta Roma, le permitió contemplar el sangriento saqueo de la Ciudad Santa, antes de conducirle de vuelta a España para que diese noticia inmediata del hecho.

Poco después de aquella pretendida hazaña, a mediados de 1527, Torralba fue delatado ante el tribunal del Santo Oficio de Cuenca por un antiguo amigo suyo, el también médico don Diego de Zúñiga. A finales de ese año o a comienzos del siguiente fue encarcelado, y compareció el 10 de enero de 1528 ante el inquisidor doctor Ruesta. Cuando a finales de ese año recibió tormento, renegó del diablo Zaquiel, al que hasta entonces había tenido por espíritu bueno. En 1530 hizo otra retractación, y en marzo de 1531 fue admitido a reconciliación y conminado a que dejara de comunicarse para siempre con Zaquiel. A partir de entonces desaparece todo tipo de dato histórico sobre su vida, aunque algunas fuentes lo dieron por excarcelado y practicante durante años de su oficio médico.

El Tribunal de la Santa Inquisición dictó sentencia y le conminaba a la abjuración de sus errores y a no comunicarse jamás con su Zaquiel. Tendría que pasar diez años más en la cárcel inquisitorial, ya sin tormento, y al salir de ella a portar todos los días el sambenito infamante. 

El Inquisidor General en aquella época era Manrique de Lara, hijo de Rodrigo Manrique de LaraGran Maestre de la Orden de Santiago,  I conde de Paredes de Nava, y de su tercera mujer Elvira de Castañeda, señora de Rielves en Toledoazote y látigo de las artes adivinatorias, el cual años atrás había sido amigo del condenado en la corte de Carlos V. Éste, incluso le había predicho que con el tiempo había de convertirse en cardenal, cosa que ocurrió en 1531. Debido a ello, y que a lo mejor se acordaba de aquella buena amistad, pasado un tiempo, cuatro años, decidió conmutar la pena al antiguo amigo firmando el indulto que lo liberaba de todo.