domingo, 26 de septiembre de 2010

Castillo de Turégano. Segovia.

El castillo de Turégano está enclavado en el cerro donde se localizan restos del celtibérico, castrum arévaco, y de las posteriores edificaciones romanos y árabes. Se conservan restos de las torres y murallas de estos asentamientos alrededor del ya desaparecido foso del castillo.
Junto con los castillos de Pedraza, Cuéllar, Coca y Sepúlveda es una de las fortalezas más antiguas de esta zona de la meseta castellana que es la Carpetania.
En las tierras del castrum se levantó en el siglo XIII un granero, y sobre éste, la posterior iglesia de San Miguel, una de las cuatro que existieron en Turégano Es un templo románico de tres naves. En esta iglesia se celebran cultos religiosos y se guarda la imagen del Cristo del humilladero.
En el siglo X Turégano es reconquistada por el conde Fernán González. En el año 1123., doña Urraca, cede el lugar al obispado de Segovia
En documentos de siglos XI, XII y XIII Turágano aparece como Turrem Vegam como Torodam, Torodanum, Torodano y Toroganum. Este enclava es un paso obligado ya de tres de las cuatro rutas medievales segovianas: la de Turégano a Buitrago, la de Sepúlveda a Segovia y la de Turégano a Fuentidueña.
Ya a fines del siglo XIV, en 1390., Juan I firma aquí la carta de Fundación del monasterio de San Benito en Valladolid. Con Juan II la villa y el castillo vuelven al señorío real. En 1425 se establece en la villa la chancillería y audiencia de Castilla. En 1428 Juan II y don Álvaro de Luna se reúnen aquí tras el primer destierro del Condestable.
El castillo vuelve al obispado de Segovia a mediados del siglo XV con el obispo don Juan Arias Dávila hasta el reinado de Carlos III.
Don Juan Arias Dávila, partidario de la infanta Isabel, manda construir sobre el conjunto un mayor sistema defensivo a base de torre, murallas y adarves convirtiendo el recinto en el fuerte castillo que aún hoy se puede ver.
Durante el siglo XVI, en los años del obispo don Juan Arias del Villar, y por mediación del arquitecto Gil de Hontañón se elevan las bóvedas de crucería y se modifica el frente de acceso a la iglesia, incluidas las dos torres que lo enmarcan, que se vuelven ochavadas en su cuerpo inferior.
La villa de Turégano tiene un papel importante en la guerra civil castellana entre Enrique IV y su hermanastra la princesa Isabel. En1483 aquí se celebra un Sínodo para la reorganización de las diócesis en España. Se habían celebrado otros en 1440 y en 1473
En Turégano, villa de la jurisdicción episcopal, se celebra el sinodo el día 3 de mayio de 1440, en la iglesia de San Miguel, sita en el castillo de la villa cuando el obispado de don Juan Arias Dávila. Tres son los Sínodos de que hay memoria durante su pontificado celebrados, según orden cronológico, en Aguilafuente, Segovia y Turégano. Los decretos del Sínodo de Aguilafuente (1 a 10-VI-1472) fueron impresos por Juan Parix en Segovia, constituyendo el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.
En 1586 es encarcelado en el castillo Antonio Pérez.
En el año 1703 se levanta la espadaña para las campanas de la iglesia de San Miguel. Anteriormente estaban en la muralla, junto a la puerta principal.
En 1931 es declarado Monumento Histórico Artístico, Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. Actualmente está cedido al Ayuntamiento de la Villa por un periodo de 50 años y en restauración.













Juan Arias de Ávila y González, más conocido como Juan Arias Dávila, nace hacia 1436 en Segovia y muere en Roma en el 1497. Fue obispo de Segovia, protonotario apostólico y del consejo real de Enrique IV de Castilla y los Reyes Católicos. Fue un mecenas de las artes y las letras y está considerado el introductor de la imprenta en España, de la mano de Juan Parix de Heidelberg, quien imprimió en Segovia el Sinodal de Aguilafuente en 1472.
De familia de judeo-conversos. Es hijo de Diego Arias Davila, un judío natural de Ávila que fue convertido al cristianismo cuando era un niño, y que ascendió en la corte de Juan II y Enrique IV de Castilla, a quien sirvió como secretario, contador mayor y escribano, entre otros empleos, y de su segunda mujer, Elvira González. Fue el menor de cuatro hermanos, entre los que se encontraba Pedro, conocido como Pedrarias Dávila, conquistador español, gobernador y capitán general de Castilla del Oro. Otros hermanos fueron Isabel, que casó con el regidor segoviano Gómez González de la Hoz, y Francisco Arias Dávila.
En 1460 ya ocupaba los cargos de deán de Segovia y canónigo de Burgos, Córdoba, Salamanca y Sevilla. En 1461 el papa Pío II y a petición de Enrique IV, le nombró obispo de Segovia, pero sus 24 años de edad le imposibilitaron acceder al cargo hasta los 28, por lo que fue nombrado primeramente administrador de la diócesis de Segovia, cargo que ocupó hasta 1466, cuando adoptó la dignidad episcopal, perteneciendo entonces también al Consejo Real. Su actividad en el obispado se centró en cuatro puntos importantes: reforzar la autoridad episcopal, controlar el cabildo catedralicio, consolidar el señorío episcopal y reformar el clero de la diócesis, para lo cual celebró tres sínodos: el primero en Aguilafuente en 1472, el segundo en el palacio episcopal en 1478 y el tercero en Turégano en 1483. De ellos destaca el primero, cuyas conclusiones fueron recogidas en un codex canónum y posteriormente impresas por Juan Párix ese mismo año en el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.
Puso gran interés en hallar los restos de San Frutos, patrón de la diócesis, que la tradición aseguraba estaban enterrados en alguna parte de la catedral, pero estaban perdidos desde hacía siglos. Finalmente fueron hallados, y la reliquia se sigue venerando en la actualidad en la iglesia catedral. Además, durante su obispado encargó a Juan Guas el claustro para la antigua catedral de Santa María, trasladado posteriormente a la actual.
Sus relaciones con el cabildo eclesiástico de la ciudad fueron muy tensas, y fue firme defensor del movimiento reformista de las órdenes religiosas que se produjo durante el reinado de los Reyes Católicos. En 1486 por deseo de Isabel la Católica, reunificó los dos conventos franciscanos de Segovia en uno solo, el convento de San Francisco, entregando el San Antonio el Real a las clarisas. Finalmente intentó recuperar la posesión de la villa de Riaza, que había pertenecido al obispado hasta 1430, año en que el obispo Juan Vázquez de Cepeda la vendió a Juan II de Castilla. No consiguió la devolución de la villa, pero obtuvo una importante renta anual como compensación, y reconstruyó el castillo de Turégano, también propiedad de la diócesis, que se hallaba en ruinas cuando accedió a la silla episcopal.
En 1490 el Tribunal de la Inquisición inició un proceso contra sus padres y su abuela materna, Catalina González. Intentó detenerlo sin éxito, pues los fundamentos del proceso fueron sólidos y los Reyes Católicos se mantuvieron al margen a pesar de la amistad que les unía, hecho que el obispo vio como una ofensa. El proceso salpicó a gran parte de la familia, y Juan Arias desenterró a sus padres para evitar que los huesos fuesen quemados por la Inquisición y se trasladó en 1490 a Roma para intentar detenerlo. Consiguió la absolución para sus padres y su abuela del delito de herejía.
No regresó a Segovia, y otorgó testamento en Roma el 20 de octubre de 1497, falleciendo poco después en la misma ciudad. Su cuerpo fue trasladado a la catedral de Segovia, donde yace sepultado en la actualidad, junto al denominado altar
del Crucifijo.
Durante su obispado se observa un importante esplendor artístico y cultural en la diócesis, destacando sobre todo la llegada de la imprenta a España. En 1469 comisionó al deán Juan López para que el tipógrafo Juan Párix se instalase en Segovia, y en 1472 consiguió imprimir el primer libro en España, el denominado Sinodal de Aguilafuente, una recopilación de actas y documentos del sínodo provincial que celebró en la iglesia de Santa María de Aguilafuente en los primeros días del mes de junio del mismo año. Además de esta obra, Juan Párix imprimió bajo el amparo del obispo Arias Dávila en Segovia otras ocho obras, todas ellas de carácter jurídico y derecho canónico. Uno de los principales motivos por los que introdujo la imprenta en España fue el de la necesidad de abastecer de obras el Estudio General que fundó en Segovia poco antes de 1466, para la formación de los eclesiásticos en materias de gramática, lógica y filosofía moral. Fue un gran bibliófilo. Además, desarrolló una importante actividad musical: construyó la sillería del coro de la catedral, y en sus sínodos hizo hincapié en que los religiosos debían aprender a cantar el canto llano. Mandó componer en 1484 el códice Liber consetudinarius Ecclesiae segoviensis, y dotó una capilla musical que disponía de maestros de capilla, cantores, organistas y mozos de coro. Finalmente compuso el Cancionero de la Catedral de Segovia, que contiene 204 piezas musicales de música sacra y profana, escrita e interpretada durante sus más de tres décadas como obispo de la diócesis.
En lo que refiere a la arquitectura, en 1472 encomendó la obra del claustro al maestro Juan Guas. Mandó edificar también el palacio episcopal y reedifició el castillo de Turégano.