Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Conversos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conversos. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de febrero de 2021

Alcocer, Dávila y Coronel

 Poder y riqueza: los judeoconversos de Castilla en el tránsito del Medievo a la Modernidad. María del Pilar Rábade Obrad.

El doctor Juan Díaz de Alcocer es nieto de Fernando Díaz de Alcocer, que vivía en Alcalá de Henares en los años centrales de la década de los 30 del siglo XV. Juan II ordenó a su montero mayor, Diego Hurtado de Mendoza, que lo armara caballero. Otro Fernando Díaz de Alcocer, escribano de cámara, hijo del anterior, es el padre del doctor Juan Díaz de Alcocer. Juan Díaz de Alcocer obtiene un grado de licenciado, aunque no se ha podido determinar la universidad en la que cursó esos estudios. Su primer apuntamiento como oficial cortesano se hizo en 1465, cuando se convirtió en miembro del consejo y en oidor de la audiencia de Alfonso de Castilla, que acababa de ser proclamado rey tras la deposición de su medio hermano, Enrique IV, en la Farsa de Ávila. Tras la muerte de Alfonso en 1468, Juan se integró en la corte de Enrique IV, ostentando los mismos oficios que ya había desempeñado junto al difunto. Cuando se inició el reinado de los Reyes Católicos en 1474 se encontraba a su lado. El servicio a la corona permitió a Juan Díaz de Alcocer hacerse con un importante patrimonio. También le reportó un gran reconocimiento social, pues se le consideró uno de los juristas más destacados del reinado. Fue regidor de su ciudad de residencia, Valladolid. Su primogénito, Cristóbal, fue introducido tempranamente en la corte de los Reyes Católicos, aunque su prematura muerte hizo que Juan se centrara en su segundogénito, García, hasta ese momento dedicado a la carrera eclesiástica, pues ya se le había concedido una canonjía en Granada. García sustituyo a su difunto hermano mayor en los planes de su padre. Dejó de lado la carrera eclesiástica para asentar como oficial en la corte de los Reyes Católicos, aunque su carrera como tal nunca logró ensombrecer la de su padre. También fue el beneficiario del mayorazgo que fundaron sus progenitores, así como quien sucedió al doctor de Alcocer en la regiduría de Valladolid. Durante sus últimos años de vida Juan Díaz de Alcocer y su esposa fundaron la capilla que iba a convertirse en su última morada en la Iglesia de San Miguel de Valladolid, bajo la advocación de San Juan Evangelista. La pareja la dotó muy generosamente, quedando como patronos de la misma dos de los tres hijos que les sobrevivieron: García e Isabel; la tercera, Juana, quedó al margen, posiblemente porque hacía ya muchos años que se había apartado del mundo, tras ingresar en el monasterio cisterciense de San Quirce de Valladolid.

 El ingreso en la carrera eclesiástica fue otra vía para la promoción social de los judeoconversos. Tal es el caso de Juan Arias de Ávila, el segundo de los hijos de Diego Arias de Ávila, todopoderoso contador de cuentas de Enrique IV y muy posiblemente convertido al cristianismo en la infancia. El primogénito, Pedro Arias de Ávila, siguió una carrera de oficial regio durante el reinado de Enrique IV, con el que tuvo una excelente relación hasta que las convulsas circunstancias del reinado separaron a los dos hombres, convirtiéndoles en feroces enemigos. Pedro acabó pasándose al partido de los futuros Reyes Católicos, muriendo en el contexto de la guerra de sucesión, cuando participaba en el sitio de Madrid para reducirla a la obediencia de los Reyes Católicos. Fue el primer conde de Puñoenrostro.

La única hermana, Isabel, casó con Gómez González de la Hoz, también converso, así como también oficial al servicio de la corona. Probablemente el más destacado de la parentela fue uno de los cuñados de Isabel, don Esteban González de la Hoz, protonotario apostólico, consejero de los Reyes Católicos, que, aunque ostentó a lo largo de su vida diversos cargos eclesiásticos, se permitió el lujo de rechazar nada menos que dos mitras episcopales, las de Calahorra y Astorga, que le ofrecieron Isabel y Fernando.

Juan Arias de Ávila y González, más conocido como Juan Arias Dávila (h. 1436, Segovia – 1497, Roma) fue nombrado obispo de Segovia, protonotario apostólico y del Consejo Real de Enrique IV de Castilla y los Reyes Católicos. Fue un mecenas de las artes y las letras y está considerado el introductor de la imprenta en España, de la mano de Juan Parix de Heidelberg, quien imprimió en Segovia el Sinodal de Aguilafuente en 1472. Mandó edificar también el palacio episcopal de Segovia y reedificó el castillo de Turégano. Yace sepultado junto al denominado altar del Crucifijo de la catedral de Segovia

Ya avanzada la década de los ochenta, el Santo Oficio abrió proceso contra los progenitores y la abuela materna del prelado segoviano. El desarrollo del proceso, que debió resultar bastante escandaloso, es muy mal conocido. Pero lo que parece evidente es que se recogieron abundantes testimonios incriminatorios contra las dos mujeres, a las que los declarantes pintaban como criptojudías, mientras que los testimonios relativos al padre parecen apuntar más bien en otra línea, la del desprecio hacia el cristianismo, pero también hacia el judaísmo. Las cosas se pusieron tan feas, que el obispo debió de considerar que la única opción de que el proceso terminara bien para sus parientes pasaba por recurrir al amparo de Roma, donde podía acudir a Rodrigo de Borja, con quien le unía una vieja amistad. De modo que marchó subrepticiamente a la Ciudad Eterna, donde iba a pasar el resto de su vida. Allí desarrolló una exitosa estrategia, que culminó con la absolución de sus parientes, absolución que los soberanos estuvieron dispuestos a acatar.

Abrahem Seneor y Meyr Melamed, suegro y yerno, se convierten al cristianismo en 1492 como Fernán Pérez Coronel y Fernán Núñez Coronel. La familia una la riqueza que ya tenía al prestigio social que su condición judía le había negado.

Fernán Pérez Coronel se convierte en miembro del consejo real, regidor de la ciudad de Segovia, en la que estaba avecindado, y, finalmente, se le concedió ejecutoria de hidalguía, rehabilitando un antiguo linaje desparecido como consecuencia de la extinción de sus miembros. Como símbolo de su nueva funda una capilla funeraria en el monasterio de El Parral de Segovia bajo la advocación de la Santa Cruz.

El éxito de los Coronel fue efímero. La participación de algunos miembros de la familia en la guerra de las Comunidades fue determinante. Sobre todo, hay que destacar el papel que jugó Íñigo López Coronel, cuya única hija estaba casada con Juan Bravo, uno de los líderes comuneros.

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Cervantes

La que algunos consideran supuesta partida de nacimiento de Alcalá de Henares apareció a mediados del siglo XVIII, y es una partida de bautismo de “Juan Carbantas Cortinas”, a suyo margen se ha puesto, con mano distinta, “Miguel”.

Catalina de Cabrera y Ruy Díaz de Cervantes son bisabuelos paternos de Cervantes.

Sus abuelos paternos fueron el licenciado en leyes Juan de Cervantes y doña Leonor de Torreblanca, hija de Juan Luis de Torreblanca, un médico cordobés;

Su padre se llamaba Rodrigo de Cervantes (1509-1585). Cervantes nació en Alcalá de Henares porque su padre tenía entonces trabajo allí; fue cirujano, oficio más parecido al actual practicante que a nuestra idea de médico.

Rodrigo casó con Leonor de Cortinas, natural de Arganda del Rey.

Sus hermanos fueron Andrés (1543), Andrea (1544), Luisa (1546), que llegó a ser priora de un convento carmelita; Rodrigo (1550), también soldado, que le acompañó en el cautiverio argelino; Magdalena (1554) y Juan, sólo conocido porque su padre lo menciona en el testamento.

Luís Astrana Marín defiende la condición de cristiano viejo de Cervantes, pero no está esta condición nada clara.

Empezó a publicar en 1948 una monumental biografía de Miguel de Cervantes en siete volúmenes, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, que terminó en 1958. Como cervantista es la apoteosis del método positivista y su documentación es prolija, abrumadora: un monumental esfuerzo de erudición que reúne 1410 documentos inéditos.

El bisabuelo de Cervantes, Ruy, o Rodrigo, Díaz de Cervantes, debió de nacer hacia 1435, fue trapero en Córdoba; su abuela paterna, Leonor Fernández de Torreblanca, casada con el licenciado Juan de Cervantes, el hijo de Rodrigo Díaz, era hija  de Juan Díaz de Torreblanca, médico y cirujano, y de Isabel Fernández, cuyo padre fue el rico mercader Diego Martínez. Fueron hermanos de  Leonor Torreblanca, Luis Martínez de Torreblanca, médico; Diego Martínez,  sillero; Inés Fernández, que casó con un boticario genovés.

El padre de Miguel, Rodrigo de Cervantes, era un humilde cirujano que cambió frecuentemente de residencia y que en alguna ocasión fue encarcelado por deudas

Todas las profesiones citadas entre los antepasados paternos de Cervantes fueron características de los judíos y de los cristianos nuevos tras las persecuciones del siglo XV, las conversiones  forzosas y la expulsión definitiva en 1492.

Tales oficios eran tachados de «infames», «viles» y «muy abatidos» como era el caso de trapero y prestamista.

Cuando el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria de Europa, los judíos fueron perseguidos regularmente. Hubo periodos de calma en que se los toleró, y periodos de persecución como durante las Cruzadas, en la Edad Media. En 1096, los judíos de Spira, Worms, Maguncia y Colonia, en Alemania, fueron masacrados a comienzos de la Cruzada. Otro ejemplo: El rey Felipe el Hermoso expulsó a los judíos de Francia en julio de 1336, sin olvidar confiscar sus bienes.

Tras 1096 se obligó a los judíos de Praga a concentrarse en un barrio amurallado, como consecuencia de la matanza de judíos a manos de los cruzados que se dirigían a la Primera Cruzada. La peste de 1348 incrementó los ataques antijudíos por toda Europa (Narbona, Carcasona, Saboya, Basilea) y con ellos las medidas de segregación

 En la Edad Media, los judíos vivían en barrios específicos,  "juderías" o aljamas o en calles especiales "calle de los judíos".

 El término aljama (del ŷāma'aʻ, «conjunto de personas») en castellano ha sido tradicionalmente usado para referirse al conjunto de judíos o moros de una localidad (especialmente ŷāma' al-yahud, «conjunto de los judíos»).

 

La aljama era, pues, la junta de judíos o de moros en España durante la Edad Media. También podía ser referida como morería, judería o incluso como la misma sinagoga judía. Aparece ya con este significado en un poema de Gonzalo de Berceo en fecha tan temprana como 1220.

 La aljama en la Corona de Castilla también tenía un valor económico y fiscal. Aljama era la comunidad judía que autogestionaba la recaudación de los diversos impuestos que la monarquía imponía sobre ellos (que eran considerados súbditos directos del rey). Así, una localidad con aljama se encargaba de la recaudación de los impuestos de su comunidad y de otras que le eran anexas, normalmente en localidades cercanas. Por tanto, la existencia en una localidad de una aljama viene a indicarnos que tenía una cierta entidad y cantidad de población, a la par que organización interna que le permitiese hacerse cargo de la recaudación y la organización fiscal de una serie de localidades.

 En su significado árabe, se llama ŷāmiʻ o aljama a la mezquita mayor de un lugar (una mezquita corriente es un masŷid). Aunque en árabe no se yuxtaponen ambos términos, en castellano sí se suele decir «mezquita aljama» para referirse, por ejemplo, a la de Córdoba o a las que existieron en otras ciudades de Al-Ándalus, a menudo en el lugar en el que hoy se alza la catedral o iglesia principal.

 Judería es la denominación tradicional del barrio judío o de la parte de una ciudad en la que se concentraban las viviendas de los judíos.1 En algunos casos estaba determinada por ley como lugar exclusivo de residencia de los miembros de esa comunidad. Por extensión, este término se aplica a cualquier zona habitada notoriamente por familias de cultura judía.

 No solo a vivir en barrios separados también el concilio de Letrán de  1214 estableció que los judíos debían llevar un signo distintivo para poder ser claramente identificados por los cristianos y así evitar las uniones entre ambos. Ello lleva que durante los siglos XIII, XIV y XV los matrimonios se realicen mayoritariamente dentro de las familias judías y conversas. En el siglo XVI poco a poco se realizan enlaces fuera del ámbito judío-converso. 

 Concilio III de Letrán (1179, Canon 26): Los judíos no pueden ser testigos ni demandantes en juicios contra cristianos. Prohibido a los judíos retener la herencia de descendientes que han abrazado el Cristianismo.

 Esta medida se impuso generalmente a finales del siglo XIII. En 1269, en Francia, el rey impuso a los judíos la obligación de llevar “una rueda de fieltro o de trapo de color amarillo, cosida en lo alto de la ropa, al nivel del pecho, y en la espalda, con el fin de constituir un signo de reconocimiento, y que tendrá una circunferencia de cuatro dedos y una superficie lo bastante grande para contener la palma de la mano”. En otros lugares eran obligados a llevar un determinado tipo de sombrero.

 …que los judíos de ambos sexos en todo territorio de cristianos en todo tiempo deben distinguirse en su vestido de los otros pueblos. Esto les es mandado a ellos en su ley, es a saber, que en los cuatro ángulos de sus mantos haya orlas por las que se distingan de los demás.”

 Los judíos deben portar el signo distintivo según el estatuto del Concilio General [IV de Letrán]…Los judíos no pueden lícitamente retener lo adquirido por usura, estando obligados a restituir a quienes hayan extorsionado…Los judíos por razón de sus culpas están en perpetua servidumbre, los señores pueden por lo tanto, tomarles sus cosas, dejándoles lo indispensable para la vida…”

 Concilio IV de Letrán (1215. Canon 68): Este importantísimo concilio contra cátaros y albigenses, donde se definen por primera vez de manera evidente dogmas como Extra Ecclesiam nulla salus, el dogma de la Transubstanciación o la existencia del Infierno, trata específicamente el tema de los judíos, cuerpo místico del Anticristo y testigos perennes del triunfo de Cristo sobre las tinieblas, estableciendo que estos “malditos de Díos” deberán  llevar una marca distintiva en sus ropa”.

Tanto los Cervantes como muchas otras familias con profesiones y orígenes similares procuraron desembarazarse de su pasado mediante una calculada estrategia de difuminación social. Intentaron mezclarse con los cristianos ranciosos y convertirse en hidalgos invirtiendo sus ganancias en censos y bienes raíces, o mediante el ejercicio de profesiones consideradas honrosas —ejército, administración, Iglesia,  servicio en las casas nobles—, a fin de lograr que la cristiandad vieja, la  nobleza, o ambas cosas, les fueran reconocidas

Así debe ocurre con el abuelo paterno de Cervantes, el licenciado Juan de Cervantes, quien, a lo largo de más de medio siglo de  actividad profesional, actuó como abogado del real fisco de la Inquisición y, además de ocupar otros empleos de carácter oficial, fue teniente de corregidor  en Alcalá, Córdoba y Cuenca, y desempeñó diversos cargos al servicio del  conde de Ureña y de los duques de Sessa y del Infantado

Su hijo Rodrigo, padre de Miguel, no pudo estudiar leyes para abrirse paso en el mundo de la administración y la justicia a causa de su sordera, y tuvo que conformarse con ejercer de cirujano. A pesar de ello, en 1552, durante su estancia en Valladolid, Rodrigo pleiteó para que se le reconociera su condición de hidalgo, con lo que evitaba ser encarcelado por deudas

Cervantes añade a su primer apellido un «Saavedra», que nunca  utilizaron sus mayores, o sustituirlo por los todavía más ilustres «Pimentel y Sotomayor», que a partir de cierta época usó habitualmente Magdalena de Cervantes, la hermana de Miguel, aunque si todo ello no venía acompañado de  riqueza y un estatus digno, era de muy poca utilidad, y la memoria de aquel origen oscuro, muy difícil de borrar.

Tanto las hermanas de Miguel, Andrea y Magdalena, como su sobrina Constanza, habían andado en tratos amorosos con distintos caballeros, que al final las abandonaron tras resarcirlas con indemnizaciones sustanciosas; e Isabel de Saavedra, la hija natural del escritor, no tardaría en seguir los mismos pasos.

No eran unas pobres muchachas sin recursos, víctimas de la vileza de señores poderosos que las repudiaron tras haberlas seducido. Eran las conocidas como damas servidas o cortesanas: señoras de cierta categoría que, a diferencia de las prostitutas de  la calle, contaban con un amante fijo que las mantenía, o recibían en su casa con alguna asiduidad a caballeros discretos y acaudalados

Tal vez ello explique por qué, a pesar de haber servido con lealtad a su rey como soldado y cautivo, Cervantes se vio postergado y desdeñado por la Corona, y tuvo que conformarse con un cargo de proveedor de la armada y otro de recaudador de contribuciones para ganarse la vida.

Los padres de Leonor Fernández de Torreblanca fueron Isabel Fernández, hija de Juana Fernández y del mercader Diego Martínez, y su esposo, el bachiller Juan Díaz de Torreblanca, médico y cirujano, hombre de pocos escrúpulos, según la documentación, e hijo de Rodrigo Díaz de Torreblanca, casado con María Alonso y esta casada luego en segundas nupcias con el médico maestre Juan Sánchez, quien no fue mencionado por Astrana Marín en la ascendencia de Miguel de Cervantes Saavedra.

Se observa que la familia Díaz de Torreblanca ejercía con mucha frecuencia la profesión médica. Acaso eran judíos conversos o es que eran sencillamente cristianos viejos bien acomodados económicamente que profesaban una de las profesiones más respetadas y prestigiosas del mundo.

Andrés de Ozaeta, en nombre de Rodrigo de Cervantes, pidió que el licenciado Duarte de Acuña, teniente de corregidor en Madrid, mandase hacer información de testigos, para establecer que Miguel de Cervantes Saavedra, su hijo y de Leonor, era hijo legítimo suyo y de dicha su esposa, y que ni él ni sus padres ni abuelos, ni los de su esposa, habían sido ni eran ellos mismos moros, judíos, conversos ni reconciliados por el Santo Oficio de la Inquisición ni por otra justicia de caso de infamia, antes habían sido y eran muy buenos cristianos viejos. Este día Rodrigo introdujo por testigo al alguacil de Madrid, Alonso Getino de Guzmán, de edad de 36 años, más o menos, quien juró que era verdad todo lo que había afirmado Rodrigo y que conocía a Rodrigo desde hace 8 años, hombre de buena vida, casado con Leonor de Cortinas, habido por buen hidalgo y limpio de toda raíz.

…que sus padres no habían sido de casta de moro ni judíos, ni tuvieron ninguna raza de ellos, y los tuvo por cristianos viejos, limpios desde sus abuelos.

Es muy difícil probar que Catalina de Cabrera, esposa de Ruy Díaz de Cervantes, éstos bisabuelos paternos de Cervantes, perteneciese a la clase noble, ni tampoco que los Díaz de Torreblanca proceden de ilustre linaje.

Diego García de Salazar, bisabuelo materno de la esposa de Miguel de Cervantes,

Saavedra recomendó a sus hijos que no se emparentasen con los Quijadas.

Tenía Cervantes un probable origen judío? ¿Era cristiano viejo o nuevo? ¿A qué casta pertenecía?

 

El mismo Cervantes por boca de Sancho manifestó  que: «cuando otra cosa no tuviera sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la Santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos».

 

 

 

 

 

 

martes, 9 de febrero de 2021

Los Husillos de Toledo

Los de apellido Toledo de Cuenca, Madrid y Guadalajara pueden ser descendientes de la influyente familia hebrea de los Husillo, Uziel, que eran jurados del ayuntamiento de Toledo. Cambian Uziel por Usillo, basado en una forma diminutiva usada en algunas juderías. Descendientes de Moseh Fusillo que vive en el siglo XIV. Eran judios originarios de Fez. Moseh Fusillo, parece suegro de un Don Judá y su testamento es de 1350.[1] 

La casa de Toledo de Cuenca, Madrid y Guadalajara tuvo su origen en el judeo converso Alonso Álvarez Husillo, del linaje de los Fusillo y nombrado luego de Toledo por ser natural y vecino de Toledo, contador mayor de Juan II y Enrique IV, regidor de Cuenca y Toledo, donde sobre sus casas se levantó el convento franciscano de San Juan de los Reyes en vida de su hijo Pedro Núñez de Toledo. Según cronista de la época fue armado caballero de la orden de la Jarra por el infante don Fernando de Antequera, y ennoblecido por entonces y Real Privilegio de su hermano, ¿del año 1415?, en atención a ser de linaje noble de los judíos y cristiano como su abuelo Juan Álvarez de Toledo. Que añade tomó por armas las de la Orden, un escudo azul con una jarra blanca con unas azucenas dentro eso mesmo blanco.

Por lo tango el Contador sería el judeo converso Alonso Álvarez Husillo, luego Alonso Alvarez de Toledo. En la ciudad de Toledo podeos rastrear diversos vecinos con el apellido Alvarez de Husillo en la primera mitas del siglo XVI[2].

Los Husillo se dedicaron al comercio de la seda al comenzar el siglo XVI y en este comercio siguieron hasta el derrumbe de la Renta de la Seda al finalizar este siglo[3].

El impuesto sobre la seda cuando se exportaba fuera de Castilla era uno de los impuestos llamados almojarifazgo[4]. La gestión de tan compleja tributación así como su comercialización se controlaba desde las alcaicerías[5]. Establecimientos que en 1494 los Reyes Católicos reinstalaron en Granada, Almería y Málaga. Desde ese momento los arrendadores mayores que controlarán la renta serán judeoconversos. Dos grandes arrendadores de la seda  fueron Juan de la Torre y Alonso de Toledo, ambos unidos por lazos familiares al ser cuñados. El toledano Juan de la Torre, hijo de Alfonso González de la Torre, contaba con experiencia previa en el negocio de la seda antes de afincarse en Granada. Él y los hermanos Husillo -Alonso y Diego- dirigieron, hasta 1524, una empresa que comerciaba con este tejido en las ciudades de Granada y Valencia. Probablemente, su entrada en la renta de la seda obedeció a una ambiciosa estrategia desplegada a fin de ampliar el negocio en torno a tan preciado producto, toda una política de control que hizo de él un verdadero peso pesado en el mundo fiscal. Así lo avala el hecho de que, en 1517, de la Torre pagara por la renta 11 .000.000 de maravedíes, una cantidad que se elevará hasta los 20.000.000 de maravedíes entre 1539 y 1546. Seguramente, estos fuertes desembolsos, le impulsaron a buscar ganancias a cualquier precio, recurriendo incluso a prácticas ilegales, algo ya reseñado para el caso de otros arrendadores. Concretamente, en 1 5 37, los representantes de Granada ante las Cortes de Castilla, lo denuncian por importar ilegalmente seda procedente de Murcia y Valencia. Una seda que mezclada con la granadina, daba como resultado un tejido de inferior calidad que, sin embargo, era vendido como seda granadina: los beneficios eran más que considerables. Años después, a fin de evitar represalias, Juan de la Torre obtendrá permiso de la Corona para comprar seda fuera del reino. Por su parte, Alonso de Toledo, originario como Juan de la Torre de la ciudad de Toledo, fue uno de los primeros mercaderes implicados en el negocio fiscal del reino. Aunque en sus inicios intervino en otro tipo de rentas, su mayor apuesta iría dirigida, desde 1503, a la renta de la seda, formando compañía con su cuñado, Juan de la Torre.

De esta familia fue el padre jesuita Pedro de Rivadeneira, hijo del jurado Álvaro Fusillo Ortiz de Cisneros. Los Uziel tendrían entre sus apellido Ortiz de Cisneros. Pedro de Rivadeneira nacido como Pedro Ortiz de Cisneros, adoptó el apellido de su abuela materna, oriunda de la Riba de Neyra (Galicia). En 1539 viajó a Roma en el séquito del cardenal Farnesio y allí conoció a san Ignacio, quien le convenció para que entrara en la Compañía de Jesús y le tuvo siempre entre sus preferidos.



[1] Juan Carlos Gomez Menor Fuentes. La progenie hebrea del padre Pedro de Rivadeneira, S. I. Revista Sefarad, 1976. España, Europa y el mundo atlántico: homenaje a John H. Elliott. John Huxtable Elliott, 2001.

[2] Miscelánea toledana (1520 - 1534). José-Carlos G6mez-Menor, 2014

[3] El negocio del siglo. Los judeoconversos y la renta de la seda del Reino de Granada (siglo XVI). Enrique Soria Mesa, 2016.

[4] Derecho que se pagaba por los géneros o mercaderías que salían del reino, por los que se introducían en él, o por aquellos con que se comerciaba de un puerto a otro dentro de España. Conjunto de impuestos de origen árabe que se incorporó a la hacienda real castellana.

[5] Se denominaba alcaicería al lugar de las ciudades de al-Ándalus, donde se autorizaba a comerciar, al por mayor, con seda bruta.  Después la actividad se extendió a la venta de objetos de seda elaborados, para llegar a ser conocido como el mercado de todos los productos textiles, aunque la seda siguió siendo el objeto fundamental de venta. Las Alcaicerías de mayor renombre, aunque no las únicas,  de al-Ándalus fueron las de Madinat Garnata (Granada) y Sevilla, por este orden. En la actualidad, en Granada, se mantiene la denominación al lugar donde se encontraba su antiguo emplazamiento, que fue destruido en el incendio de 1843, y se conoce como La Alcaicería. Sigue siendo una zona comercial próxima a la Catedral y conserva rasgos de los zocos árabes y algunos recuerdos de la bulliciosa actividad del mercado de la seda nazarí. En Sevilla, por otra parte, también una calle conserva ese nombre al encontrarse en el emplazamiento primitivo de una de las dos alcaicerías con que llegó a contar la ciudad: la de cacharros y loza, próxima a la primera mezquita principal que se construyó, y la de sedas, telas y tejidos, anexa a la nueva que se erigió, actual catedral.

lunes, 1 de febrero de 2021

Los aben Xuxen

Los aben Xuxen

PODER FINANCIERO Y GESTIÓN TRIBUTARIA EN CASTILLA: LOS AGENTES FISCALES EN TOLEDO Y SU REINO (1429-1504) PABLO ORTEGO RICO, MINISTERIO DE HACIENDA Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS INSTITUTO DE ESTUDIOS FISCALES. Madrid, 2015.

La familia aben Xuxen (Ibn Šošan) de Toledo también desempeñó durante los reinados de Juan II y Enrique IV un papel destacado en los arrendamientos “por mayor” de rentas regias vinculados a su propio ámbito de implantación, con proyección en áreas cercanas a Toledo como Madrid.

Durante el reinado de Alfonso VIII un Yusef aben Xuxen ben Salomón figura como almojarife del rey, cargo que también ocupó Mair aben Xuxen durante el reinado de Alonso X.

Asimismo Yosef y Zag, hijos de este último, intervinieron en diversos arrendamientos de rentas regias durante los reinados de Alfonso X y Sancho IV.

Por su parte, Abrahem aben Xuxen figura como almojarife de María de Molina hacia 1286, mientras que su homónimo Abrahem aben Xuxen actuó como pesquisidor de las cosas vedadas, según se menciona en el cuaderno dado en las Cortes de Valladolid de 1312.

A lo largo de las décadas centrales del siglo XV se encuentra r a diferentes miembros del grupo familiar interviniendo en los arrendamientos “por mayor” de rentas regias.

El más importante era don Frayme aben Xuxen, avecindado de forma alterna en Toledo y Madrid, uno de los miembros más prominentes de la minoría judía castellana a mediados del siglo XV.

Participación en la comisión de cinco individuos encargada de repartir en 1450 entre las aljamas de Castilla el “servicio y medio servicio” que los hebreos debían abonar.

Según una de las Cartas Reales emitidas en Arévalo en 1450 con objeto de consolidar un marco de protección de la Corona sobre las comunidades hebreas, el cargo de repartidor de las aljamas había sido disfrutado previamente por Pedro de Luján, camarero del rey y partidario del Condestable don Álvaro de Luna, que también había ejercido como juez mayor de las aljamas hebreas.

En los años finales del reinado de Juan II y los iniciales del de Enrique IV aparecen como recaudador mayor de las alcabalas de la ciudad de Toledo entre 1454 y 1456 al frente de una sociedad en la que participaron como fiadores sus hermanos don Mose y don Isaque aben Xuxen de Toledo, vecinos de Toledo e hijos de don Jaco aben Xuxen.

El 29 de enero de 1453, don Fraym y su hermano don Yuçaf aben Xuxen daban poder a sus hermanos don Mose aben Xuxen, avecindado en Molina de Aragón, y don Isaque aben Xuxen de Toledo para recaudar cualesquier cuantías pertenecientes a la herencia de su padre don Jaco aben Xuxen. Algunas de estas cuantías pertenecían al préstamo privado.

En 1481 don Mose aben Xuxen, vecino de Toledo, arrendaba las alcabalas y tercias del partido de Molina para el bienio 1481-1482.

Don Isaque aben Xuxen figura en la documentación toledana desde noviembre de 1441.

Fraym aben Xuxen se encontraba perfectamente relacionado con algunos de los miembros más señeros de la oligarquía toledana y tenía contactos con oficiales adscritos a la Casa Real.

De nuevo, para el bienio 1457-1458 volvía a pujar, esta vez junto a Fernán López de Burgos, vecino de Toledo, en las alcabalas de la Ciudad Imperial, quedando finalmente como recaudador mayor de la mitad de la renta. Todavía en 1458 encontramos a don Fraym tomando decisiones relacionadas con la gestión de los pagos realizados con cargo a las rentas toledanas.

A partir de este momento cabe suponer que Fraym aben Xuxen trasladó de forma más o menos definitiva su vecindad a Madrid, donde ya había intervenido en actividades de préstamo desde al menos 1437, así como en el arrendamiento de una cuarta parte de las alcabalas y tercias del arcedianazgo de Madrid entre 1459 y 1462.

Durante el reinado de Enrique IV la corte r quedó establecida durante largas temporadas en la villa de Madrid.

Entre 1459 y 1462, tres cuartas partes de las alcabalas y tercias del arcedianazgo de Madrid fueron arrendadas por Fernán Gutiérrez de Valladolid, que presentó como fiadores a Alfón García de Toledo, escribano de cámara del rey y vecino de Madrid; y a Menahen Çidre, judío vecino de Madrid. La cuarta parte restante quedó en manos de Fraym aben Xuxen con la fianza mancomunada de Juan González de Madrid.

La mitad de las alcabalas y tercias del arcedianazgo de Madrid del trienio 1463-1465 volvía a quedar en manos de don Fraym aben Xuxen.

Para formalizar el arrendamiento en 1463 quedaban obligados, entre otros, los siguientes operadores, Fernán Gómez de la Muela, vecino de Huete, avalista por 100.000 maravedíes; don Mose aben Xuxen de Toledo, vecino de Molina y hermano de don Fraym aben Xuxen, obligado como fiador por 30.000 maravedíes.

Un Simuel aben Xuxen, vecino de Huete, fue  y físico del segundo marqués de Villena Diego López Pacheco. Simuel aben Xuxen había quedado como recaudador mayor de la moneda forera del arcedianazgo de Toledo en 1488 por 239.400 maravedíes. El 20 de julio de 1492, en vísperas de su salida del reino, traspasaba al marqués de Villena un buen número de propiedades inmuebles, rentas y deudas.

 

Los Alcaraz y de la Muela en las finanzas de Castilla en el siglo XV

PODER FINANCIERO Y GESTIÓN TRIBUTARIA EN CASTILLA: LOS AGENTES FISCALES EN TOLEDO Y SU REINO (1429-1504) PABLO ORTEGO RICO, 2015

LOS JUDEOCONVERSOS DE ALCARAZ ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVII: LLERENAS Y BARRERAS, ÁLVAREZ Y TOLEDOS, VANDELVIRAS, SABUCOS Y PAREJAS ANTE LA INQUISICIÓN.

AURELIO PRETEL MARÍN, 2017


Los Alcaraz y de la Muela en las finanzas de Castilla en el siglo XV

Pedro Fernández de Alcaraz, vecino de Cuenca y miembro de uno de los linajes, quizás de origen converso, también logró consolidar la posición de su familia en el entramado financiero del reino a partir de los vínculos y redes estrechadas durante las décadas de 1430 y 1440.

Era su hermano Alfón o Alonso Fernández de Alcaraz, padre de García Fernández de Alcaraz, muy activos en el arrendamiento de tributos en partidos próximos al área conquense donde tenían sus intereses y vecindad

Alonso Fernández de Alcaraz es mencionado en 1432 como hermano de Pedro González de Alcaraz.

Durante el bienio 1444-1445 García Fernández de Alcaraz quedó como arrendador y recaudador mayor de las alcabalas del infantazgo de Huete (210.477,5 mrs anuales) con las fianzas de su padre Alfón Fernández de Alcaraz, vecino de Cuenca (100.000 mrs), de Gonzalo Núñez de la Muela, vecino de Cuenca (40.000 mrs), y de Pedro Fernández de Guadalajara, vecino de Belmonte (50.000 mrs). También ejerció durante el mismo período como arrendador de una cuarta parte de las tercias del partido de la orden de Santiago en el obispado de Cuenca.

Por su parte, Alfón o Alonso Fernández de Alcaraz figura en 1440 como recaudador mayor del “pedido” de Cuenca, e intervino como fiador por cuantía de 300.000 mrs de Fernán Sánchez de Alcaraz, vecino de Guadalajara y recaudador mayor de las alcabalas del arcedianazgo de Madrid del trienio 1448-1450. Este Fernán Sánchez de Alcaraz, que renunció a “contentar de fianzas” las rentas madrileñas para el bienio 1449-1450, quizás fuera miembro de una rama del linaje implantada en Guadalajara, que también desarrolló una destacada actividad arrendaticia desde comienzos de la década de 1440, aunque más centrada en la recaudación de los servicios –“pedidos” y “monedas”– aprobados por las Cortes.

De nuevo entre 1459 y 1462 Alonso Fernández de Alcaraz quedó como arrendador mayor de las alcabalas y tercias de los lugares señoriales de don Juan Pacheco, marqués de Villena, situados en el obispado de Cuenca, el arcedianazgo de Alcaraz y el infantazgo de Huete, y como fiador “de mancomún” de Juan Alfón de Sevilla, hijo de Diego Alfón de Sevilla y vecino de Guadalajara, recaudador mayor de las mismas rentas entre 1463 y 1465.

El apellido Fernández de Alcaraz figura en la lista de habilitados por la Inquisición en Almagro en 1495. García Fernández de Alcaraz y Juana González su mujer.

Sabemos de un Fernán Gómez de la Muela-Hernando Gómez de la Muela-, vecino de Huete, quien tiene en su poder la recaudación de las alcabalas y tercias del partido de la orden de Santiago para el bienio 1457-1458. Durante el trienio 1463-1465 en la recaudación de las alcabalas y tercias del arcedianazgo de Talavera aparece entre los fiadores Fernán Gómez de la Muela, vecino de Huete, con 50.000 maravedíes anuales. En la mitad de las alcabalas y tercias del arcedianazgo de Madrid del trienio 1463-1465 actúa como operador Fernán Gómez de la Muela, vecino de Huete, avalista por 100.000 maravedíes[1]. En 1454, Fernán Gómez de la Muela en nombre de Elvira García de Jaraba, mujer de Fernando de Ribera, defiende la posesión del lugar y castillo de Anguix por Elvira García de Járaba, descendiente de quien fue señor de este lugar y castillo y ella señora de Villarejo de la Peñuela, Cabrejas y Valmelero y madre de la tercera señor de Montalbo por su matrimonio. Del castillo de Anguix fue señor el Contador por algún tiempo hacia 1452[2]. Fernando Gómez de la Muela, con mucha propiedad en su tierra, casa con Constanza Roiz de Alcocer, ascendientes que fueron por varonía de los marqueses de Valera de Abajo. Fernán Gómez de la Muela y Constanza Ruiz de Alcocer son los padres de Gomez Hernández de la Muela

Alonso de Iniesta Hinestrosa, señor del mayorazgo de Valera que está formado por Valera de Abajo y La Olmeda de las Valeras, e Inés Alcaraz son padres de María de Hinestrosa, señora de Valera de Abajo en sucesión de su padre y de su hermana Elvira, casa con Alonso del Castillo, hermano de la segunda señora de Cervera, de los que viene la madre de la primera marquesa de Valera de Abajo. Hermana de María es Constanza de Hinestrosa que casa con Martín Ruiz de Alarcón de los señores de Valverde de Júcar y son los bisabuelos maternos de María e Inés Carrillo de Alarcón que casan con Gonzalo y Luis Carrillo de Toledo el Mozo que son primos hermanos a la vez que cuñados del cuarto señor de Cervera. Martín Ruiz de Alarcón es hermano de los que son señores de Valverde de Júcar en la primera mitad del siglo XVI. De María y Constanza de Hinestrosa es hermana Juana de Hinestrosa que sigue a su padre en la posesión de La Olmeda de las Valeras. Juana casa con Gómez Hernández de la Muela[3], señor de Villar del Saz de don Guillen y de la Torre del Monje, junto al actual pueblos de Villares del Saz. Padres de Diego Fernández de Hinestrosa que casa con Florencia Mexia de Guzmán, señora del mayorazgo de La Parra y Villarejo de Periesteban en Cuenca. Padres de la bisabuela paterna de la sexta señora de Cervera por su matrimonio y titular por su derecho de los mayorazgos de Valdeloso en Guadalajara y de La Parra y Villarejo de Periesteban[4] y del bisabuelo paterno de la primera marquesa de Valera de Abajo, prima tercera de la sexta señora de Cervera[5]. La sexta señora de Cervera y la primera marquesa de Valera tiene su ascendencia por su respectivo padre en Juana de Hinestrosa y en Gómez Hernández de la Muela y la marquesa de Valera por su madre en María de Hinestrosa y Alonso del Castillo. La sexta señora de Cervera y la primera marquesa de Valera son primas en tercer grado por los Hinestrosa y en quinto grado por los Castillo, ambas descendientes del licenciado Hernando del Castillo y de su mujer Guiomar de Toledo. Gómez Fernández de la Muela es señor de Villar del Saz de don Guillén de Abajo y La Torre del Monje en sucesión de su sobrino materno Luis Méndez de Parada, fundador de la capilla mayor de la antigua iglesia del monasterio de La Merced de Huete, hijo de su hermana María Gómez de la Muela y de Alonso Méndez de Parada. Son estos Parada de los Parada de Huete de los que desciende la madre del octavo señor de Cervera. La madre del octavo señor de Cervera y la sexta señora de Cervera, abuela paterna del octavo señor de Cervera, son parientes por los Parada de Huete. Las ascendencias de la sexta señora de Cervera y de la madre del octavo señor de Cervera se remontan a Hernández de Parada que casa en segundas nupcias con su prima hermana Isabel Méndez de Parada. Padres de Alonso Méndez de Parada.

Alonso de Iniesta Hinestrosa, señor del mayorazgo de Valera y comendador de la orden de Santiago, es hermano de Juan de Hinestrosa, también comendador de Santiago[6]. Alonso de Iniesta Hinestrosa era natural de Belmonte o de Castillo de Garcimuñoz y siempre al servicio de la casa de los marqueses de Villena y señores de Belmonte. Compra Valera de Yuso y en sus descendientes permanece siendo en el siglo XVII los señores de Valera marqueses de Valera. Alonso de Iniesta Hinestrosa casa con Inés de Alcaraz, conversa. Diego de Alcaraz, hermano de Inés, es testigo en la venta de Valera que hace el conde de Paredes, Rodrigo Manrique, a Alonso de Iniesta Hinestrosa. Alonso de Iniesta Hinestrosa tiene proceso inquisitorial en 1492 a pesar de ser comendador de Santiago. En la casa que tienen los Hinestrosa en Belmonte se dice que nace fray Luis de León.



[1] Poder financiero y gestión tributaria en Castilla: los agentes fiscales en Toledo y su reino (1429-1504). Pablo Ortego Rico, 2015.

[2] Anguix se convirtió en jurisdicción señorial cuando Alfonso XI donó la villa, junto a Villarejo de la Pinilla, a Alfonso Martínez de Huete, por los servicios hechos contra don Juan, hijo del infante don Juan Manuel, que había provocado muchos daños al monarca. Alfonso Martínez recibió en 1328 en merced la villa por juro de heredad, con todos sus términos, pechos, derechos y fonsaderas, salvo de moneda forera, que quando acaesciere, de siete en siete años, que tengo por bien que me la den a mí. Posteriormente, todos los monarcas guardaron la merced de forma sucesiva: el propio Alfonso XI a Alfonso Martínez un año después; Enrique II a Lope López, hijo de Alfonso Martínez, en 1371; Enrique III a Alfonso López, hijo de Lope López, en 1401; Juan II a los herederos de Alfonso López en 1409. En 1454 reivindicaba su derecho Fernando Gómez de la Muela, vecino de Huete, en nombre de Elvira García de Jaraba, mujer de Fernando de Ribera, defiende la posesión del lugar y castillo de Anguix por Elvira García de Járaba, descendiente de quien fue señor de este lugar y castillo y ella señora de Villarejo de la Peñuela, Cabrejas y Valmelero y madre de la tercera señor de Montalbo por su matrimonio

[3] Pleito de Juan Sánchez de Amoraga y su mujer, María Gómez de Parada, vecinos de Huete, con el licenciado Gómez Fernández de la Muela, sobre deuda de un juro. Archivo General de Simancas. Juros, 1509. Juan Sánchez de Amoraga y María Gómez de Parada son los abuelos paternos de cuarto abuelo del octavo señor de Cervera

[4] De la primera mitad del siglo XVII es un Juro a favor de Diego Fernández de Hinestrosa, hijo de Juana Hinestrosa y de su marido Gómez Fernández de la Muela, señor de la Olmeda por su mujer y el señor de Villar del Saz y La Torre del Monje. Acompaña al documento de Juro la fundación de mayorazgo, testamento e información de Juro a favor de Diego Fernández de Hinestrosa. Fundación de mayorazgo y testamento de Gómez Fernández de la Muela y fundación de mayorazgo de Juana Hinestrosa. Archivo General de Simancas. Contaduría Mayor de Hacienda, 538, 5.

[5] De los apellido Muela se puede leer en el expediente de pruebas de su descendiente don José Carrillo de Toledo, caballero de la orden de Santiago en 1648, señor de Valdeloso. En este expediente se les hace descender de Jacobo Molay, último maestre de la orden del Temple. José Carrillo de Toledo es señor de Valdeloso y de la Casa de La Parra y sus términos. Padre de Florencia Carrillo de Toledo y Álvarez de Toledo que es señora también de Cervera por su boda.

[6] El comendador de Santiago Alonso Sanz o Saiz de Hinestrosa, llamado de Iniesta, también de nombre Alonso Díaz de Hinestrosa, fue señor de Valera de Abajo en 1475. Sobrino de Juan de Hinestrosa Iniesta, cortesano de Juan II y también comendador de Santiago en Caravaca de la Cruz, Murcia. Juan de Iniesta es el padre de Diego García de Hinestrosa, fundador del El Hospital de Santo Tomás Apóstol de Málaga. A esta fundación y a su fundador se dedica un apartado al tatar de los segundos señores de Cervera.


martes, 26 de enero de 2021

Aljama y Sinagoga de Madrid

 http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETF1E989D34-C62E-B25C-3103-BD8E9A091BEB&dsID=Documento.pdf


Entre las poblaciones situadas al pie de esas montañas está Mayrit, ciudad pequeña y fortaleza potente y próspera. Tenía, en tiempos del islam, una mezquita aljama donde regularmente se pronunciaba el sermón

https://www.madridcultura.es/uploads/media/default/0001/03/madridcultura-47494-madridislamico.pdf

El Emir Mohamed I de Cordoba fue emir independiente de al-Ándalus entre los años 852–886, hijo y sucesor de Abderramán II, miembro de la dinastía Omeya de Córdoba.

Mohamed I ordenó levantar una serie de fortalezas en el territorio fronterizo conocido como Marca Media. Entre ellas, la de Maŷrit o Magerit, embrión de la futura ciudad de Madrid.

En 1053

El judío Simeón Ibn Saúl escribía una carta a su hermana notificándole el fallecimiento de dos hebreos que eran vecinos de la pequeña localidad árabe de Magent\

Un comerciante judío de Badajoz, de nombre Ismail ben Ishak, escribe desde Siria a un amigo de Egipto, pidiéndole información sobre un mercader judío que debía hacerle entrega de una misiva de sus familiares y que, sin embargo, había variado su ruta, retornando a Madrid, su lugar de residencia.

Poco se sabe de la comunidad judía de Madrid hasta 1202, fecha de la concesión del fuero a la villa por el rey Alfonso VIII.

A lo largo del siglo XIII la comunidad judía de Madrid se fue consolidando.

En el repartimiento de Huete de 1290 la aljama de Madrid contribuyó con 10.605 maravedíes.

Durante el siglo XIV hubo una convivencia pacífica y próspera entre los judíos y el resto de los vecinos de Madrid. Convivencia alterada en 1391 cuando, procedentes de Toledo las masas antijudías irrumpen en la judería madrileña saqueándola y obligando a sus habitantes a bautizarse o morir. Parece que incluso el concejo de Madrid, o algunos de sus oficiales, colaboró con este movimiento violento.

La comunidad se recuperó durante el siglo XV pues a pesar de las persecuciones algunos judíos se habrían mantenido en su fe o porque llegaron judíos procedentes de otras poblaciones asaltadas. En 1485 la comunidad judía de Madrid alcanzó su máximo esplendor.

Decae tras la expulsión de los judíos de 1492.

¿Dónde estaba la judería de Madrid?

No conoceos la ubicación espacial del barrio judío en el Madrid medieval.

La judería en el Ribat[1] islámico de Madrid parece que estaba en la zona meridional del alcázar, dentro del primer recinto amurallado de la villa, cerca de la Puerta de la Vega. Aquí debían residir cuando las tropas de Alfonso VI toman la ciudad en 1083.

Bajo dominación cristiana al aumentar la población la judería se extendió hacia otros lugares de la población.

El barrio judío de Madrid se localizaría en la zona del arrabal, actual barrio de Lavapiés.

La calle de la Fe se habría denominado hasta el año 1493, calle de la judería, o calle de la Sinagoga, y habría sido su centro, ubicándose la Sinagoga donde hoy día se alza la Iglesia de San Lorenzo. Pero carecemos de pruebas documentales que así lo constaten, además el barrio de Lavapiés era en la Edad Media una zona bastante poco poblada. Pudo estar la Judería

La judería hebrea se ha situado también alrededor de la Puerta de Valnadú. Francisco Cantera Burgos argumenta, en función de la abundancia de tenerías, que esa zona debió ser lugar de mayoría semita, pues los judíos gustaron de dedicarse al tundido de los tejidos. Un documento que relata las violencias y disturbios antijudíos del año 1391, en el que se afirma que los alborotadores abandonaron la ciudad por la Puerta de Valnadú, que debía ser la más cercana a la judería. Esta zona no fue la única escogida por los judíos madrileños para vivir, pues existen evidencias documentales que los ubican, en el siglo XIV también, habitando el barrio de «San Miguel de los Othoes» y en torno a la parroquia de San Salvador. Documentos del siglo XV mencionan viviendas judías en el barrio de Santa María de la Almudena, el barrio de origen; en la parroquial de Santiago, situada hacia el sur de Puerta Cerrada; en la collación de San Nicolás, y en la Puerta del Sol. La habitación judía de la villa de Madrid fue bastante dispersa, por lo menos hasta el año 1480 en el que se dictan las leyes de segregación forzosa de minorías en las Cortes de Toledo.

Los judíos madrileños vivían en el barrio de la Iglesia de Santa María de la Almudena, en la colación de San Miguel,  en la calle de los Estelos y en la plaza de la Iglesia de San Salvador, estos dos últimos lugares en las proximidades de la Puerta de Guadalajara.

No sabemos dónde localizar exactamente la sinagoga de Madrid. Sabemos que estaba en la collación de Santa María de la Almudena. A fines del siglo XV parece se encuentra cerca del Corral de los Toros y el Campo del Rey, en la colación de San Juan. Sería una nueva sinagoga distinta a la del siglo XIV. La Sinagoga no estuvo nunca en el barrio de Lavapiés.

Del resto de edificios públicos con los que debió contar la comunidad judía de Madrid, cementerio, baños, escuelas, horno, cárcel, etc., no se conocen evidencias ni arqueológicas ni documentales.

La comunidad judía de Madrid siempre fue escasa no pasando nunca de los 400 habitantes. Muchos judíos madrileños eran arrendadores de diversas rentas, especialmente en los años centrales del siglo XV.


[1] Ribat está definido como un lugar de importancia preferencial por su posicionamiento en lugares de frontera, y lugar de oración. La frontera y el Ribat están muy ligados, pero lo que destaca es su unión espiritual, aunque en tiempos de combate tiene una mayor importancia, ya que protege a la población de los ataques.

lunes, 11 de enero de 2021

Libros Verdes

 Libros verdes fue como se denominó a las obras genealógicas que sacaban a relucir las manchas de un linaje o una casa nobiliaria. Sobre todo surgieron en el siglo XVII motivadas por el rencor de sus autoras o por mera curiosidad. Resultaron ofensivos en cuanto se ponía en entredicho la limpieza de sangre de un cristiano viejo o de su familia al hacerla descender de judío o moro converso, poner de relieve amancebamientos con mujeres de mal vivir, matrimonios desiguales y bastardías originadas por nobles o eclesiásticos.

 Surgieron en sentido contrario a la dirección recorrida por la genealogía que, desde antes del siglo XVI hasta el XVII, además de ser abundante y adulatoria, adolecía de una fabulación tan exagerada, fruto de amasamientos y desfiguraciones de obras originales, con el deseo de remontar una estirpe a orígenes lejanos, acreditar servicios extraordinarios, probar descendencia de godos, o remontarse a Adán y Eva.

 El libro verde más famoso y divulgado fue el Memorial de 1560 (Burgos) dirigido al rey Felipe II por el cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla (1508-1566) que fue publicado en el siglo XIX con el nombre de El Tizón de la Nobleza Española o máculas y sambenitos de sus linajes, contando con la descalificación de reputados genealogistas.

 En 1560, hubo de hacerse merced de un hábito de orden militar a un sobrino del cardenal Mendoza, titulado segundo conde de Chinchón, y el tribunal de las órdenes, donde estaba “l’élite” de la nobleza, se opuso, aunque indirectamente a la provisión, obligando al agraciado á hacer expediente ó probanza de limpieza de sangre, que no sabemos qué sombra ó mancha de su linaje. El mortificado sobrino comunicó á su tío el cardenal el agravio hecho en él a toda la familia, y entonces el prelado recurrió al rey ajustándoles las cuentas á todos los nobles de España para nivelar, por decirlo así, el cargo con data.

 Pedro Fernández de Cabrera y Bobadilla, II conde de Chinchón (Chinchón, Madrid, p. s. XVI - Valsaín, Segovia, 19 de agosto de 1575), noble y hombre de Estado español. ​

 Era hijo de Fernando de Cabrera y Bobadilla, I conde de Chinchón, y de Teresa de la Cueva y Álvarez de Toledo, hija del duque de Alburquerque. Contrajo matrimonio con la hija del conde de Melito, Mencía de Mendoza y de la Cerda, y tuvo ocho hijos: cuatro varones y cuatro mujeres.

 Francisco de Cabrera y Bobadilla es hermano del primer conde de Chinchón

Francisco de Mendoza y Bobadilla (Cuenca, 1508 - Arcos de la Llana, 18 de noviembre de 1566) fue un eclesiástico, teólogo y humanista español, obispo de Coria y de Burgos y cardenal.

 Fue el segundo de los siete hijos del marqués de Cañete Diego Hurtado de Mendoza, montero mayor de Castilla que después sería virrey de Galicia y de Navarra, y de su esposa Isabel de Cabrera y Bobadilla, hija de los marqueses de Moya Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla. Su hermano mayor Andrés llegaría a ser virrey de Perú.

 Estudió latín, griego y hebreo en la Universidad de Alcalá de Henares, doctorándose en derecho civil y canónico en la de Salamanca; no está claro si al mismo tiempo regentaba la cátedra de griego en esta universidad3​ o era maestrescuela en la catedral. Posteriormente ejerció como profesor en la universidad de Évora y en la de Coímbra, de la que también fue rector.

 Por influencia del arzobispo de Toledo Juan Pardo de Tavera sentó plaza como arcediano de esta diócesis, de la que renunció en favor de su hermano Fernando; en 1533 fue señalado por Carlos I para ocupar el obispado de Coria, en cuya dignidad formó parte del cortejo fúnebre que llevó los restos de la emperatriz Isabel de Portugal hasta su entierro en Granada.

 En 1544 fue creado cardenal por Paulo III con el título de Santa María de Aracoeli, que después cambiaría por el de San Juan ante porta latinam, y tras la supresión de éste, por el de San Eusebio.5​ En su condición cardenalicia participó en los cónclaves en los que fueron elegidos papas Julio III y Paulo IV y desempeñó el cargo de Camarlengo del Colegio Cardenalicio entre 1552-53.6​

 En 1550 fue promovido a la diócesis de Burgos, residiendo durante gran parte de su episcopado entre Roma y la corte de Madrid; durante su gestión al frente de la diócesis se distinguió por su apoyo a la Compañía de Jesús y por la fundación de un seminario, el primero erigido según las disposiciones del Concilio de Trento, que sería el antecesor de la actual Facultad de Teología del Norte de España.

 En 1554 fue nombrado gobernador de Siena, cargo en el que se mantuvo durante un breve periodo hasta la entrega de la ciudad al duque de Florencia Cosme I de Médici; en 1559, ya bajo el reinado de Felipe II, viajó a Francia junto con el duque del Infantado Íñigo López de Mendoza y un séquito de más de 1500 personas para recoger a la princesa Isabel de Valois y traerla a España para su boda con el rey.4​7​

 En 1561 se abrió un proceso inquisitorial contra él, tras la denuncia del abad del monasterio de San Juan de Burgos por un sermón del cardenal en el que defendía la unión natural del comulgante con Cristo. El proceso se dilató y nunca llegó a resolverse.8​Promovido al arzobispado de Valencia, murió en Arcos de la Llana el 18 de noviembre de 1566, antes de tomar posesión.9​ Fue sepultado en el panteón familiar de la catedral de Cuenca.

 El Libro Verde es un manuscrito de 1507, muy difundido en los siglos XVI y principios del XVII, en el que aparecen las genealogías de familias aragonesas con sus antecedentes conversos. Hay autores que consideran que ese no fue su título, pero al final se le conoció como tal por las velas de color verde que llevaban los condenados en los autos de fe.

 https://www.sfarad.es/el-libro-verde-de-aragon/

 Así, el judío Azarías Chinillo, convertido en época de San Vicente Ferrer, tomó el nombre de Luis de Santángel. El sobrino de éste, Pedro, fue obispo de Mallorca, su hijo Martín magistrado en Zaragoza, y su nieto Luis de Santángel, secretario del rey Católico.

 Judah ibn Leví, por sobrenombre de la Caballería, fue baile de Jaime I y a fines del siglo XIV fueron bautizados muchos de sus descendientes, siendo uno de los raros linajes de judíos que no cambió de nombre con la conversión. Pedro de la Caballería fue interventor general de la Corte, y sus hijos alcanzaron grandes puestos: Alonso, vicecanciller de Aragón; Luis, consejero de Juan II; Jaime, de Fernando el Católico, y un nieto, Luis de la Caballería, fue primer tesorero del reino de Navarra. Los Caballería amasaron grandes fortunas arrendando las contribuciones públicas y alcanzaron elevada posición en el estado por razón de su riqueza.

 Estudio del profesor Cantera Burgos sobre los Dávila.

 Procedente al parecer de Avila, aparece en Segovia en los años finales del siglo XIV un judío llamado Isaac Abenazar. Trabajaba en la recaudación de alcabalas y parece que se  convirtió al cristianismo cuando las predicaciones de San Vicente Ferrer en la ciudad, el año 1411. Tomó el nombre al bautizarse de Diego Bolante o Diego Volador, que en ello no concuerdan los testigos, y más tarde fue conocido con el de Diego Arias, haciéndose inmensamente rico bajo la protección del rey Enrique IV, amparador decidido de innumerables personajes de baja extracción que alcanzaron fortuna bajo su reinado. Según muchos testigos -tanto judíos como cristianos- era hombre tenazmente aferrado a los ritos, rezos y comidas judaicas, entusiasta conocedor de los libros hebreos, practicante clandestino de su ley y persona de muy mala reputación. Estaba casado con Elvira González, que era hija de Ruy Díaz y de Catalina González, tendera en la plaza de San Miguel, dedicada a la venta de especias. Su nombre de judía había sido Urosol y también se había tornado cristiana con lo de San Vicente. Sin embargo, dicen los testigos, seguía dando aceite para la sinagoga, ayunaba el ayuno mayor y jamás se supo que consumiera carne de cerdo en su casa.

 Hermanas de Elvira, eran Leonor, que era madre del canónigo Juan de Buitrago, acusado de converso por algún testigo; Leticia, mujer de Maese Isaac sastre de Segovia, de quien fueron hijos el rabí Moisés, llamado como converso maese Jerónimo de Paz; David Zalema, que fue platero y doña Cibuena, mujer de Samuel de Vidas.

 La hermana pequeña de Elvira González, llamada como su madre Urosol, casó con Frayme de Vidas y tuvieron a Yusé de Vidas, vecino de Gormaz y Atienza; a doña Luna, que casó con Moisés de Zaragoza; a Jamila, mujer de rabí Salomón Galhón el físico, y a Vellida, mujer a su vez de rabí Zahozé, que era letrado en Alcalá. Había además dos hermanos, rabí Habibe de Vidas, vecino de Turégano y arrendador, y rabí Samuel de Vidas, asimismo recaudador en Segovia. Sobre doña Elvira González dicen los testigos que daba aceite por arrobas a las sinagogas de Toledo y Segovia, dio varios enriques de oro para la sinagoga del Campo, guardaba los ayunos judíos, comía carne de la carnicería judía, asistía a bodas hebreas y tenía cuatro o cinco libros en hebraico. A1 toque nocturno rezaba la orazema o el triasama y, debido a sus muchos caudales y para poder actuar a gusto, había obtenido licencia para oír misa en casa, en oratorio privado, pero que no se usaba nunca. Su entierro fue cristiano, pero alguno de los testigos refiere, sin que se haya probado, que su féretro iba lleno de arena y ella reposa en realidad con los de su raza.

 Del matrimonio de Elvira González con Diego Arias  nacieron tres hijos: Isabel, mujer del judaizante Gómez González de la Hoz; Pedro y Juan que, educado en el famoso colegio de San Bartolomé de Salamanca, logró por las influencias y dineros de su padre la mitra de Segovia, en donde fue entronizado solemnemente en 1461. 1 año siguiente, en 1462, su padre el citado Diego Arias fundaba el mayorazgo de Puñoenrostro con sus propiedades en más de cien lugares, nombrando heredero a su hijo mayor Pedro y, poco después, fundaba también -lo que nos hace ver el grado de su fortuna- el hospital de San Antonio de Segovia para albergue de peregrinos, dotación de huérfanos, pan a pobres y dos capellanías. Era además del Consejo Real, secretario y escribano mayor de sus privilegios, regidor de Toledo, Segovia y Madrid y contador mayor del Rey.

 Todo ello, sin embargo, no hizo olvidar nunca sus orígenes hebreos. El hijo mayor de este individuo, el citado Pedro Arias, sucedió a su padre en el mayorazgo de Puñoenrostro y fue personaje, al decir de los testigos, irreprochable cristiano. Casó con María de Cota, hija a su vez del tesorero converso Alonso de Cota y nieta del mercader judío Rodrigo de Cota, natural de Toledo. Se enfrentó con Enrique IV y tomó partido por Isabel la Católica, abriéndole las puertas de Segovia en 1474. Luego, tras haber contribuido a la toma de Madrid, caía muerto en el asalto de su alcázar.

 La hija mayor, doña Catalina, casó con Pedro Gómez de Ciudad Real, vecino de Guadalajara, de estirpe dudosa, aunque probablemente conversa; 

http://palomatorrijos.blogspot.com/2014/11/torrejon-de-velasco-madrid-senorio-de.html

la segunda fue monja franciscana en Segovia. Los hijos varones fueron seis: el mayor, don Diego, fue tercer señor de Puñoenrostro y murió mozo en 1482; el segundo, don Juan, cuarto señor, fue elevado a la dignidad de conde por el emperador Carlos V en 1523 y casó con una hija bastarda del duque del Infantado. El tercero, Pedrarias Dávila, fue el famoso gobernador de Castilla del Oro, matador de Vasco Núñez de Balboa y tristemente célebre, por sus crueldades en Nicaragua. Los otros hijos fueron Alonso Arias, arcediano de Sepúlveda; Francisco, que fue mentecapto, es decir, loco y, el menor, Hernandarias, murió en Barcelona, casado con doña Catalina de Orozco. El primogénito casa con una hija del duque del Infantado, aunque legítima, Sus descendientes, los restantes condes de Puñoenrostro, se enlazarán en generaciones sucesivas con el resto de la alta nobleza castellana. Felipe V, en 1726, elevará a la grandeza de España al séptimo conde de Puñoenrostro, don Gonzalo José Arias Dávila, marqués de Casasola, capitán general de Orán y de la Costa del Reino de Granada. Pero ya la memoria del antiguo judaísmo familiar estaba absolutamente borrada.