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jueves, 21 de abril de 2022

Buendía. Cuenca



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– El linaje Acuña: la rama de los condes de Buendía

Buendia, a orillas del río Guadiela



 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Palacio de los condes de Buendia. Dueñas. Palencia

Se encuentra situada en la frontera entre las comarcas naturales de Tierra de Campos y El Cerrato, a la que pertenece, en el sur de la provincia de Palencia, limítrofe ya con Valladolid.

Se asienta en las faldas de un otero o cerro testigo, que dan nombre a la comarca (cirratus = Cerrato), conocido como "Pico de El Castillo" por la existencia en su cima de una fortaleza desaparecida en el siglo XIX, cuando sus piedras fueron utilizadas en la construcción del Canal de Castilla.
Dentro de su término municipal se produce la confluencia de los ríos Carrión y Pisuerga, afluentes del Duero.

Señorío de los Acuña que son condes de Buendía en Cuenca,  primos de los Acuña que son duques de Huete también en Cuenca.




Tenía su origen en esta villa un Camino Real de Aragón que sirvió en 1469 a Fernando el Católico para llegar a esta localidad antes de su enlace matrimonial con su prima Isabel en Valladolid, pero que resulta menos conocido que el Camino Real de Aragón que llegaba hasta Valladolid por la margen derecha del río Duero.

Corre la leyenda que Fernando el Católico estaba a las afueras de Dueñas con parte de sus ejércitos para poder conocer a Isabel de Trastámara "La Católica", alojada por los Condes de Buendía. El hermano de Isabel era Enrique IV quien se mostró contrario a este enlace pues quería desposarla con el príncipe Carlos de Viana. Enrique IV rodeaba la entonces villa para evitar que se conociesen. La leyenda dice que los eldanenses salieron al encuentro de Fernando y le vistieron con ropas humildes para que entrase en el pueblo, pues nadie conocía su físico real, como así hizo, acompañado de dos hombres de su confianza. Prosigue la leyenda, contando que en previsión de la reacción de Enrique, se casaron esa misma noche en una capilla del Palacio de los Condes de Buendía, siendo testigos una monja y la propia condesa, por parte de Isabel, y sus dos acompañantes, por parte de Fernando. La historia, por el contrario, dice que se casaron en el Palacio de los Vivero en Valladolid en 1469.

Acoge, el palacio de los condes de Buendía de Dueñas, nada más construirse, en 1440 el primer encuentro entre el heredero a la corona de Castilla, el futuro Enrique IV, y su prometida Blanca de Navarra, quien sale a recibirla desde Valladolid, donde tendrá lugar el enlace en septiembre de ese mismo año. En las negociaciones de este matrimonio había participado, además, Pedro Vázquez de Acuña, I conde de Buendía, actuando como embajador de Juan II ante la corte navarra.
En 1464 acoge una reunión de nobles y magnates castellanos que apoyan al infante don Alfonso frente a su hermanastro Enrique IV, entre los que se encuentran los Acuña. Es el arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo de Acuña, quien concierta el matrimonio entre Fernando e Isabel, por lo que el palacio va a estar estrechamente vinculado a los momentos próximos a este enlace, llegando algunos autores como Gonzalo de Illescas, nacido en la localidad, a defender que dicho matrimonio se produce en Dueñas y no en Valladolid.

Debido al protagonismo de la familia Acuña en el ascenso al trono de Isabel, -Son los segundos condes de Buendía tíos de Fernando el Catolico- la villa de Dueñas se convertirá en eje de la vida de los futuros reyes de Castilla en los momentos próximos al matrimonio entre Isabel y Fernando en 1469. Este linaje llegó a emparentar, además, con la Casa Real a través del matrimonio de Lope Vázquez de Acuña, II conde de Buendía y adelantado de Cazorla, con Inés Enríquez de Quiñones, tía de Fernando el Católico, al ser hija del almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, y su segunda mujer, Teresa de Quiñones. Ambos están enterrados en el panteón condal de la familia, ubicado en el altar mayor de la iglesia de Santa María de la Asunción.

Por todo ello, el 9 de octubre de 1469, Fernando de Aragón, finaliza su viaje para contraer matrimonio con su prima Isabel de Castilla en el Palacio de los condes de Buendía en Dueñas, donde será recibido por Pedro de Acuña, I conde de Buendía y hermano del arzobispo de Toledo Alonso Carrillo, artífice y propulsor de dicho matrimonio.

Alojado en el Palacio de los Acuña de Dueñas, el 14 de octubre, viajará hasta Valladolid para conocer a su prometida, retirándose de nuevo a Dueñas hasta que el 18 de octubre acude definitivamente a Valladolid para contraer matrimonio en el Palacio de los Vivero, a extramuros de la ciudad y perteneciente en esos momentos a Juan Pérez de Vivero, casado con María de Acuña, hija de Pedro de Acuña, I conde de Buendía, que ejercerá de madrina en la boda.

La inseguridad de permanecer en una villa tan grande como Valladolid, aunque fuera afín al almirante Fadrique Enríquez, partidario de Isabel, les llevó a tomar la decisión de resguardarse en la protección que ofrecía el Palacio de los Acuña de Dueñas, donde se trasladan en mayo de 1470 hasta diciembre del mismo año, donde pasan unos meses complicados, mantenidos por el propio conde, pues ellos no cuentan con ningún medio, al mismo tiempo que Enrique IV avanza contra ellos. Durante esta estancia tiene lugar el nacimiento de la primogénita, Isabel de Aragón, en octubre de 1470, siendo bautizada en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción.

Posteriormente, por deseo de la propia Isabel se recibirá en Dueñas a la embajada enviada por el duque de Borgoña Carlos el Temerario para entregar el Toisón de Oro a Fernando, ceremonia que tendrá lugar en la iglesia parroquial de Santa María el 24 de mayo de 1474.

En Dueñas casa  el rey don Fernando el Católico, viudo de Isabel,  con Germana de Foix, boda que se celebra en 1506 en el palacio de los Acuña, condes de Buendía. 

Felipe II pasará por Dueñas junto con sus hijos, la infanta Isabel Clara Eugenia y el príncipe heredero, los días 26, 27 y 28 de agosto de 1592, en la que realizan una visita a la abadía de San Isidro,  la abadía de La Trapa.


 Merece especial reseña, no por lo que es sino por lo que fue, el Palacio de los Condes de Buendía edificio de finales del XV que conserva dos paños de crujía adintelada y que fue residencia habitual de esta familia y de los monarcas cuando, en numerosas ocasiones, visitaron Dueñas; aquí vivió Fernando cuando vino a Castilla a casarse con la princesa Isabel (1469) y aquí los jóvenes príncipes, antes de ser Reyes Católicos, vieron el nacimiento de su primogénita (1470), igualmente llamada Isabel. También aquí casó Fernando, primo de los Acuña, en segundas nupcias con Germana de Foix (1506).







Hacia 1440 se inicia la construcción del palacio sobre edificios antiguos; parte de lo que fuera el palacio de María de Molina y algunos otros. Ocupa todo un lado en la plaza del Mercado (ahora Plaza de España) y baja hacia la Barbacana dando fachada a la Plaza de las Tercias (de Isabel la Católica). Se comunicaba con otros edificios, de servidumbre, por dos pasadizos, de los que queda uno, la Puentecilla, y ocupa un amplio espacio amén del edificio con patios y jardines. Incluso tiene una comunicación, mediante ventana y reja, al presbiterio de la vecina iglesia de San Agustín.
Parte del inmueble primitivo se puede reconstruir a partir del Patio del que aun se conserva una crujía en perfecto estado y otra cegada.
Este Patio tenía forma cuadrada y acaso estaba cerrado en los cuatro lados, actualmente no queda nada de la fachada que daba a las tercias. Presenta seis pilares ochavados esbeltos y bien tallados que descansan en basa cuadrada con capiteles sencillos. El conjunto de la edificación en su base era de piedra, luego, mampostería y adobe, con entramados de madera. Las paredes poseen tres alturas. Al patio -que sufriera un incendio en 1470- se entraba por la fachada de las Tercias por una puerta de sillería con arco carpanel. Del patio se accedía a caballerizas y graneros, habiendo también un huerto; esta parte está ocupada, en la actualidad por la Casa Parroquial, directamente unida a la iglesia de San Agustín.
En el interior se encontraba la Sala Dorada, interesante por el artesanado del techo. Actualmente ha sido adquirido por un empresario de la zona y espera ser reconstruido.
Todo el edificio muestra que, en su construcción, hubo prisa y poco gasto, circunstancias agravadas por el descuido posterior.
En los siglos XV y XVI fue la residencia principal de una de las ramas de la familia Acuña, los condes de Buendía, quienes convirtieron Dueñas en la cabeza de sus estados señoriales desde su adquisición por merced de Juan II en 1439.
La primitiva fortaleza de Dueñas se encontraba alejada del núcleo urbano y respondía a una función exclusivamente militar debido a su origen defensivo durante la Reconquista en el siglo IX d.C., por lo que no se ajustaba a las necesidades de una residencia señorial. Esta situación hacía necesario que los Acuña exteriorizasen su dominio sobre la población por medio de un edificio que no sólo iba a ser residencia del señor, sino de gran parte de la familia y, especialmente, de los ilustres visitantes a los que había de alojar. Fue sede, por tanto, de importantes acontecimientos históricos no sólo a escala local o regional sino también nacional debido al protagonismo que alcanzó esta familia en los conflictos del Reino de Castilla, sobre todo en el reinado de los Reyes Católicos.
Tras el agotamiento dinástico del linaje a finales del siglo XVI, el señorío pasó por enlaces matrimoniales primero a los Padilla, condes de Santa Gadea y adelantados mayores de Castilla, posteriormente a los Sandoval y Rojas, duques de Lerma y Úceda y, finalmente, en el siglo XVIII, a los duques de Medinaceli, quienes acabarán vendiendo la propiedad del inmueble a la familia local de los Cuadros, siendo habitado por distintas familias que lo tenían arrendado hasta la década de los 80 del siglo XX. 

En 2002 es adquirido a los múltiples herederos de esta familia por el presidente del Grupo Siro, Juan Manuel González Serna, por lo que actualmente sigue siendo de propiedad privada y se encuentra en un crítico estado de ruina.

I              Pedro Vázquez de Acuña y Albornoz     1465–1482
II             Lope Vázquez de Acuña              1482–1489
III            Juan de Acuña  1489–1528
IV           Pedro de Acuña               1528–1537
V             Fadrique de Acuña         1537–1558
VI           Juan de Acuña y Acuña 1558–1592
VII          María de Acuña y Acuña              1592–1596
VIII         Luisa de Padilla y Manrique        1596–1602

Casa de Padilla, condes de Santa Gadea
IX            Juan de Padilla y Acuña                1602–1606
X             Eugenio de Padilla y Manrique  1606–1622

Casa de Sandoval y Rojas, duques de Lerma y Uceda
XI            Francisco Gómez de Sandoval y Padilla 1622-1635
XII          Mariana Gómez de Sandoval y Enríquez de Cabrera      1635-1651
XII          Ambrosio de Aragón y Sandoval              1651-1659
XIV         Catalina Antonia de Aragón y Sandoval 1660-1668

Casa ducal de Medinaceli, hasta la actualidad
XV          Luis Francisco de la Cerda y Aragón        1668-1711
XVI         Nicolás Fernández de Córdoba y de la Cerda     1711-1739
XVII       Luis Antonio Fernández de Córdoba y Spínola   1739–1768
XVIII      Pedro de Alcántara Fernández de Córdoba Figueroa de la Cerda y Moncada     1768–1789
XIX         Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga    1789–1806
XX          Luis Joaquín Fernández de Córdoba y Benavides             1806–1840
XXI         Luis Tomás Fernández de Córdoba y Ponce de León      1840–1873
XXII        Luis María Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas 1873–1879
XXIII      Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert      1880–1956
XXIV      Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa     1956–2013

En la plaza de Trasiglesia se ubica otra casona nobiliaria conocida como Casa de Napoleón porque en ella se alojó el rey intruso José I; es un edificio del XVI en su planta baja y del XVIII en la planta noble.




domingo, 11 de febrero de 2018

Testamento y fundación del mayorazgo de Buendía otorgado por Lope Vázquez de Acuña y Teresa Carrillo de Albornoz, su mujer.

1446, agosto, 3. Portilla. 

Testamento y fundación del mayorazgo de Buendía otorgado por Lope Vázquez de Acuña, vasallo del rey, y Teresa Carrillo de Albornoz, su mujer.

Mandan ser enterrados en la capilla de Santa Catalina que ellos hicieron junto al coro de la iglesia de la villa de Buendía, y que los frailes de San Francisco de Huete, los de San Miguel del Monte, los de Córcoles y los de Santa María del Puerto, así como el cabildo de los clérigos de la comarca, hagan los oficios honradamente.

Disponen ciertas cantidades para varias iglesias, monasterios, redención de cautivos y cruzada, encargan ciertas plegarias y fundan dos capellanías, a la vez que ordenan que ni sus criados ni otras personas hagan llanto, aunque sí que rueguen a Dios por sus almas.

Dan determinadas cantidades a sus criados: Juan de Velasco, Rodrigo Álvarez Gallego, Martín Rodríguez, Isabel, María Mejía, Teresa, Isabel de Podata, Juana Ruiz y Juan Fraile y su mujer; y ordenan pagarles lo que les puedan deber.

En virtud de la licencia para fundar mayorazgo que el rey [Juan II] dio a Lope Vázquez de Acuña y su mujer, en Berlanga el 10 de junio de 1446, firmada por el monarca y por el doctor Fernando Díaz de Toledo, oidor, refrendario y secretario real, y que se inserta,

lo hacen a favor de su hijo mayor Pedro de Acuña de Albornoz. El padre le concede la villa de Buendía con su tierra y todos sus derechos, además de ciertos bienes allí existentes, y la madre lo establece sobre su villa y tierra de Paredes con sus derechos, así como otras posesiones en término de la ciudad de Huete. Además, ambos le dan loadquirido por el matrimonio en Paredes y una torre

y ella adjunta el derecho que tiene de sus antepasados en las villas de Moya, Utiel, Torralba y Beteta, la casa de Ribagorza, el lugar de Albornoz y los heredamientos y bienes de Moya y Utiel. Lo heredará después de la muerte de los padres, y la línea de sucesión será preferentemente masculina, de padres a hijos, aunque también podría pasar a mujeres y en caso de ausencia o corte en la línea de herederos, se establecería esta otra: Lope de Acuña, hijo también del matrimonio; Alfonso de Silva, nieto del matrimonio, hijo de Juan de Silva, alférez del rey, y de Leonor de Acuña, su hija difunta; Alfonso Carrillo, nieto, hijo de su hijo difunto Gómez Carrillo; los parientes más propincuos.

 Se inserta también la escritura de consentimiento para la fundación del mayorazgo y para lo que se dispusiese en el testamento, dada a favor de sus padres en Arévalo el 26 de marzo de 1438, por Pedro de Acuña, guarda mayor del rey, de su Consejo; Gómez Carrillo, camarero del rey; Lope de Acuña, comendador de la encomienda de Mérida; ante Asensio Rodríguez de Torrelaguna, escribano de cámara del rey y notario público, estando presentes como testigos Fernán Yáñez de Escalona, canónigo de Cuenca y Cartagena, Gonzalo de Ocaliz, guarda del rey, y Francisco de Itanzo, escudero de Lope de Acuña.

Se añaden los juramentos y otros documentos pertinentes al respecto, de esa misma fecha y de 20 y 22 de abril siguientes.

Asimismo, se mejora al hijo mayor, Pedro de Acuña de Albornoz.

Se funda otro mayorazgo a favor de Lope de Acuña, dándole el padre la villa de Azañón con su tierra y derechos, y la madre la mitad del lugar de Valtablado, en el obispado de Cuenca. La línea de sucesión es igual a la anterior, pero en caso de corte en las líneas directas, pasará así: Pedro de Acuña de Albornoz; Alfonso de Silva; Alfonso Carrillo; los parientes más propincuos. A Lope de Acuña, los padres le dan asimismo un juro y las casas donde viven en Cuenca, con algunas indicaciones.

Teresa Carrillo manda a su nieto Alfonso de Silva la tercera parte de lo que posee en el lugar de Ciruelos con su señorío, en el obispado de Sigüenza, que es de ella y de su sobrino Luis de la Cerda, y junto con ello le deja sus casas y heredades en dicho obispado, en término de Medinaceli.

A sus nietos Alfonso Carrillo y Leonor, hijos de Gómez Carrillo, Teresa Carrillo les señala el lugar y señorío de Portilla, así como unas casas y heredades en la ciudad y término de Cuenca. Además, los dos abuelos les dejan otras en ciertas aldeas de Cuenca, y un juro.

A su hijo el obispo de Sigüenza, electo de la Iglesia de Toledo, su legítimo heredero, le dejan todos sus ganados lanares y cabríos, porque le han dado más que a cualquier otro hijo, y le dan también unas casas y bienes en la ciudad y reino de Murcia.

Teresa Carrillo de Albornoz manda a su nieta Teresa de Acuña, hija de Pedro de Acuña, un juro.
Concede una casa en Cuenca a Fernán Yáñez de Escalona, canónigo de Cuenca y Cartagena, criado de su marido Lope Vázquez.

Los dos otorgantes ordenan resolver las cuestiones de deudas pendientes.

Nombran por testamentarios a sus hijos el obispo de Sigüenza, electo de Toledo, y Pedro de Acuña de Albornoz, y a Fernán Yáñez de Escalona. Ante Diego García de Illescas, escribano y notario público, y los siguientes testigos: Diego de Teruel, criado del canónigo Fernán Yáñez; Juan Martínez Moreno; Fernando Martínez de Rivatejada; Gil Sánchez de la Torre; y Martín de Villanueva de Guadajemid, vecinos de Portilla. 

RAH, col. Salazar, 9/288 (ant. D-13), fol. 5-15. Copia del amanuense de Salazar. El original constaba de 28 hojas de papel. Reg. Índice, vol. 12, p. 260. RAH, col. Salazar, 9/853 (ant. M-47), fol. 243-256. Reg. Índice, vol. 33, p. 81.




Huete en la documentación del siglo XV

1448, marzo, 2. Huete. 

Convenio hecho por la ciudad de Huete y por Pedro de Acuña, [después I conde de Buendía], sobre la casa y heredad de Villalba, y otros asuntos. 

En las casasdonde moraba Pedro Cuello, señor de Montalvo, los “honorables” caballeros Gómez Carrillo de Albornoz, Pedro Cuello, Gutierre de Sandoval, Álvaro de Luna y Payo Cuello, así como el doctor Pedro Díaz, el licenciado Alonso Díaz de Montalvo, Luis Fernández de Alcocer y Manuel Rodríguez de Huete, diputados del concejo de la ciudad, y el honorable y discreto fray Juan de Alcocer, religioso de San Francisco, en nombre de don Pedro de Acuña, guarda mayor del rey y de su consejo, acordaron, entre otros asuntos, que

Pedro de Acuña dejase libre la casa y heredad de Villalba, aldea de la ciudad, a cambio de que ésta pagase 400.000 maravedíes;

que Pedro de Acuña y el arzobispo de Toledo juraran dar favor y ayuda a la ciudad, y que se estableciera una comunidad de pastos entre Huete y la villa de Buendía.

Fueron designados por la ciudad como diputados para presentar estas propuestas a Pedro de Acuña fray Juan, el bachiller Diego López y Fernando Alonso de la Muela.

Pedro de Acuña aceptó las mismas con algunas salvedades. 

RAH, col. Salazar, 9/288 (ant. D-13), fol. 298. Copia de un amanuense de Salazar. Reg. Índice, vol. 12, p. 278. RAH, col. Salazar, 9/851 (ant. M-45), fol. 37-37v. Copia autógrafa de Salazar. Reg. Índice, vol. 32, p. 306.


1454, julio, 8. Valladolid. Testamento del rey [Juan II] de Castilla. 


.....a su hijo el infante don Alonso, y que hasta que cumpla los 14 años, en lo espiritual la ejerzan en su nombre fray Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, oidor de la Audiencia Real, y el prior fray Gonzalo de Illescas, confesores del rey, de su Consejo; en lo temporal, la llevarán también ambos, junto con Juan de Padilla, camarero del rey, de su Consejo. Una vez cumplidos los 14 años, el infante pasará a ejercer el maestrazgo y así se le habrá de reconocer en la Orden y en sus reinos. Concede al infante el cargo de condestable [de Castilla], con todo lo perteneciente a él, y que hasta que cumpla los 14 años lo administre en su nombre Ruy Díaz de Mendoza, mayordomo del rey, de su Consejo, o el dicho Juan de Padilla si Ruy Díaz muriese antes. Manda por juro de heredad al dicho infante la ciudad de Huete y las villas de Escalona, Maqueda, Portillo y Sepúlveda, con sus tierras. Su esposa la reina Isabel [de Portugal] tendrá en usufructo durante su vida la ciudad de Soria y las villas de Arévalo y Madrigal [de las Altas Torres] y sus tierras, que pasarán al infante a la muerte de ella en concepto de juro de heredad y formando mayorazgo junto con Huete y las demás villas antedichas.



1467, diciembre, 11. Medina del Campo. 

Carta de merced del principie Alfonso, hermano de la reina Católica, a la ciudad de Huete concediendo una feria anual franca de alcabalas y otros derechos de ventas y trueques; se ha de celebrar en septiembre con 30 días seguidos “uno en pos del otro”, a contar desde el próximo 1 de septiembre de 1468. Gozarán la merced y franqueza todos los que fueren a la feria, pero no los vecinos y moradores de Huete. 
AGS, MyP, leg. 3, fol. 106. Copia simple.


1468, septiembre, 18. 

Concordia entre Enrique IV y su hermana, la infanta doña Isabel, en virtud de la cual el monarca la reconoce como princesa heredera de los reinos de Castilla y León, a cambio de que ella siempre le obedezca. El monarca se compromete a hacer que sea jurada como princesa heredera por los reinos y a asignarle para su mantenimiento el principado de Asturias, las ciudades de Ávila, Huete, Úbeda y Alcaraz, las villas de Molina, Medina del Campo y Escalona, 870.000 maravedís situados en Soria o en San Vicente de la Barquera y en Casarrubios. Por su parte, Isabel se obliga a casarse con la persona que Enrique IV determinara. El rey acuerda separarse de su mujer, la reina doña Juana, y hacerla partir del reino, quedándose él con su hija. Como garantía del cumplimiento de su parte, Enrique IV entregará el alcázar de Madrid con su tesoro al arzobispo de Sevilla y al conde de Plasencia. Finalmente, Enrique IV e Isabel se comprometen a respetar las personas y bienes del arzobispo de Sevilla, Alfonso de Fonseca, del maestre de Santiago, Juan Pacheco, y del conde de Plasencia, Álvaro de Zúñiga. Estos tres personajes también se comprometen a servir lealmente al rey y a la princesa heredera. AGS, DC, leg. 9, fol. 66. 

1469.  

Acuerdo entre el rey Enrique IV y la princesa Isabel, su hermana, en virtud del cual el monarca se compromete a entregar a su hermana la ciudad de Écija o la de Baeza, la villa de Olmedo o la de Escalona y la villa de Carrión. La primera y la tercera serán entregadas como garantía de que después Isabel recibirá la ciudad de Huete y la ciudad de Alcaraz. El arzobispo de Sevilla, Alfonso de Fonseca, el maestre de Santiago, Juan Pacheco, y el conde de Plasencia, Álvaro de Zúñiga, prometen que harán todo lo posible para que el acuerdo se cumpla. 

BN, Ms. 13110, fol. 26r-27r. 


Sabemos de un Rodrigo de Huete que fue secretario de Enrique IV 

-Iten, pues que a Rodrigo de Huete, mi criado, yo mandé dar veynte mill maravedís para ayuda de sus bodas, mando que se tenga por contento con ellos. Este Rodrigo es criado de Fernán Díaz de Toledo, secretario de Juan II, padre de Enrique IV . Enrique IV le concede el portazgo de Huete.

1459, diciembre, 12. Madrid. 

Albalá del rey a los arrendadores mayores de las tercias de Huete y su partido desde el año 1456 hasta el día de la Ascensión del año venidero de 1460, ordenándoles que paguen a la abadesa y monjas de Santa Clara de Alcocer los 10 cahíces toledanos de trigo que tienen de merced y limosna cada año por juro de heredad. 

AGS, MyP, leg. 3, fol. 9. Copia simple de la época


1464, abril, 7. Toledo. 

Alfonso Martínez de Huete, capellán de coro de la Iglesia de Toledo. 

RAH, col. Salazar, 9/811 (ant. M-4), fol. 19v. Autógrafo de Salazar. Reg. Índice, vol. 28, p. 314. 1

Alfón Fernández de Huete, abad de San Vicente en Toledo, canónigo de la iglesia de Toledo.

1467, octubre, 27. Guadalajara. 

Noticia de la concordia establecida en el Capítulo General de la Orden de la Merced en el que figura fray Fernando Moro, comendador perpetuo del convento de la Merced de Úbeda, designado el 1459 por fray Pedro de Huete, general de la Orden, y que luego sería designado vicario en Andalucía por fray Diego de Muros, provincial y luego obispo de Tuy y de Ciudad Rodrigo

RAH, Col. Diplomática de España, 11/9089, doc. 166. Sacado de Ximena, Cathalogo de los Obispos, p. 423.