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domingo, 26 de diciembre de 2010

Palacio del marqués de Cerralbo. Madrid.







Palacio del marqués de Cerralbo en Madrid. Museo Ceralbo. En la calle de Ventura Rodríguez. Junto al Paseo de Rosales y la Plaza de España. No lejos el Palacio de Liria.

Fue mandado construir como residencia personal de Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo, y notable coleccionista de armas y Su construcción se realizó entre 1884 y 1885 bajo la dirección del arquitecto Alejandro Lureda, resultando un palacio clasicista, con reminiscencia de los palacios italianos de estilo neo-palladiano, con jardín y mirador. Tras la muerte del marqués en 1922, y en virtud de una donación, en 1924 fue convertido en Museo. De este modo, en sus diversas estancias como el salón de baile, la sala de billar, o el comedor de gala, se pueden observar numerosos objetos y obras de arte, como lámparas venecianas, porcelanas de Meissen, pinturas del Greco, Ribera, Murillo, Zurbarán y, entre otros, Alonso Cano, así como multitud de tapices, arcones, bargueños, y una notable colección de armas y armaduras, de los que buena parte pertenecieron a la colección particular del Marqués.

Después de la Guerra Civil, el edificio fue restaurado por el arquitecto Fernando Chueca Gotilla. En 1962 fue declarado Monumento Nacional.




miércoles, 8 de diciembre de 2010

La ciudad de Cuenca. Plaza Mayor y convento de las Petras.







Llegamos a la Plaza Mayor subiendo desde la Cuenca actual por la calle de Alfonso VIII. La calle de San Pedro nos lleva desde la Plaza Mayor y la Catedral a la Plaza del Trabuco y al Castillo.

























Junto a la Catedral podemos ver el Palacio Episcopal. Su construcción se inició en el siglo XIII y se continuó en los siglos posteriores. La fachada se modificó en el siglo XVIII. Sobre la puerta el escudo de su patrocinador, el obispo Flores Osorio. A él le debemos el seminario de San Julián en lo fue la casa del marqués de Siruela en la Plaza de la Merced del barrio del Alcazar sobre el río Júcar.





La Catedral de Nuestra Señora de Gracia. Fue el primer edificio que se comenzó a construir, tras la reconquista, en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana. De estilo protogótico conquense esta considerada como el más temprano ejemplo de Gótico en España. Comenzó a edificarse a finales del siglo XII, se consagró en 1208 por el arzobispo Ximénez de Rada, aunque no fue terminada hasta 1271. Podemos ver restos de transición del románico al gótico de finales del siglo XII, otros del siglo XIII y otros del siglo XV. Tiene planta de cruz latina con tres naves y una sola en el crucero. Sus bóvedas sexpartitas pueden ser un ejemplo cistercience borgoñón; para otros, el empleo de doble crucero, decoración de dientes de sierra y la torre linterna cuadrada, manifiesta un influjo inglés. La serie de capillas que cubren las naves laterales fueron edificadas en los siglos XVI y XVII, destacando la de los Apóstoles, la del Espíritu Santo y la de los Caballeros, además de las salas nobles, como la Sacristía y la Sala Capitular. Al claustro se accede por el singular Arco de Jamete. No queda ninguna de las cuatro torres del templo, salvo el arranque de la del Ángel, obra de la primera fase constructiva. Debe destacarse también el triforio abierto, y el Transparente, obra barroca de Ventura Rodríguez. El hundimiento en 1902 de la torre de El Giraldo afectó a la fachada del templo, reconstruyéndose la actual neogótica. La última transformación realizada ha sido la colocación de vidrieras e artistas contemporáneos: G. Torner, A. Bonifacio, H. Dechanet y G. Rueda.

El Convento de las Religiosas Justinianas de San Pedro, Las Petras, es un enorme edificio del siglo XVI, con fachada a tres calles. Su iglesia es del siglo XVI y se debe a Alejando González Velásquez. Reformada por José Martín de Aldehuela en el siglo XVIII al que se debe la cúpula. Tiene planta elíptica y una gran cúpula elíptica sin linterna sobre la nave. Tras su restauración, se ha convertido en uno de los escenarios de la Semana de Música Religiosa de Cuenca.

Cierra la Plaza Mayor el edificio del Ayuntamiento del siglo XVIII. Fue proyectado por Jaime Bort en 1733. Consta de tres cuerpos. Cierra la plaza manteniendo su accesibilidad con la incorporación de los tres arcos en el cuerpo inferior.


En la plaza de la Merced nos encontramos con otro bello edificio de estilo barroco, el Seminario Conciliar de San Julián fue construido por el arquitecto fray Vicente Sevilla a mediados del siglo XVIII. Destaca del seminario la importante biblioteca con volúmenes muy preciados y el magnífico retablo que se encuentra en la capilla. Construido en 1745 bajo los suspicios del Obispo José Flores Osorio a quien debemos también el aspectp actual del Palacio Episcopal junto a la Catedral. Fue edificado sobre los restos del palacio del marqués de Siruela. Destaca en él su gran portada barroca y un magnífico retablo gótico, obra del Maestro de Horcajo.

lunes, 25 de mayo de 2009

El convento de la Encarnación. Madrid.




Plaza de La Encarnación, abierta a la Plaza de Oriente. Está el Convento junto al edificio del Senado.

Las tapias de su huerta lo separaban de los jardines del Alcazar. Felipe IV manda construir el conocido como parecen de Valdanú para cierre de estos jardines y sobre él se levanta un pasadizo que permitía acceder al convento desde el Alcazar. Conocido como pasadizo de La Encarnación se decoró con cuadros y tapices. Este paredón parece que fue levantado con restos de la derribada puerta de Valdanú y de la torre de Alzapierna. Muy cercanos a La Encarnación estaban el monasterio de Santo Domingo el Real y el de Los Ángeles que ocupan terrenos de la actual plaza de Santo Domingo, extendiéndose el primero hasta la actual plaza de Isabel II antes de los Caños del Peral.



Felipe III y su mujer Margarita de Austria dedicaron la mayor parte de su tiempo a la fundación de conventos y diversas obras pías. La reina Margarita, nada más regresar la corte de Valladolid, decidió comprar los terrenos para la creación de un convento de monjas agustinas recoletas. Se trajo a una pequeña comunidad de Valladolid, que residió primero en la casa del tesoro de palacio mientras se terminaban las obras. Su gran amiga agustina de Valladolid, sor Mariana, fue la primera abadesa de esta fundación pensada para catorce monjas. Presenta muchas diferencias con las Descalzas. Aquí no hay residencia palaciega, ya que la Encarnación se pensó como complemento religioso del Real Alcázar, que por entonces no tenía capilla. Estaba unido a él por un pasadizo o galería cubierta adornada con fabulosas pinturas, tapices y árboles aromáticos. La galería llegaba hasta el edificio del tesoro, en la actual plaza de Oriente.
La reina había hecho la promesa de que si expulsaban a los moriscos fundaría un convento bajo la advocación de la Encarnación para refugio de las hijas de los criados nobles al servicio de la casa real. Aquí no eran tan estrictos como en las Descalzas en cuanto a la pertenencia a la realeza o a la nobleza de las novicias. También recibían menor dote que las Descalzas. Otra de las diferencias era que, frente al hermetismo de aquellas, este convento actuaba como capilla pública de lo reyes. Aquí se celebraban las exequias fúnebres de los monarcas y sus familias. Se cubrían los muros con enormes paños negros desde lo alto de la bóveda hasta el suelo y, sobre ellos, se colocaban pinturas con emblemas y alegorías a la vida y virtudes del difunto. En el crucero se solía levantar el túmulo de arquitectura barroca. Durante las fiestas se adornaba profusamente la fachada con tapices y diversas cintas aparecían por las celosías.


La Encarnación se construyó muy rápido para cumplir los deseos de la reina, quien murió en 1612 sin verlo acabado. Lo realizó Juan Gómez de Mora, 1611-1616, que acababa de sustituir a su tío en todos los cargos de responsabilidad arquitectónica de la corte. Se puede atribuir su construcción a Fray Alberto de la madre de Dios. La fachada responde a la tradición herreriana de este primer barroco madrileño, que había llegó también a Juan Goméz de Mora a través de su tío Francisco de Mora, discípulo directo de Juan de Herrera. Implanta en Madrid el tipo de convento carmelita y es modelo de arquitectura religiosa para el Barrroco del siglo XVII. Un atrio precede a la fachada de gran extensión vertical dividida en tres cuerpos. La parte baja responde a un sencillo alzado de tres arcos de medio punto, la central proporciona luz al coro y presenta el relieve de la Anunciación de Migel Angel Leoni, y en el cuerpo de arriba están los escudos de la reina fundadora. Rematado todo ello por el frontón triangular que oculta las dos aguas de la cubierta, con las bolas y cruz de piedra que recuerdan al Escorial.

Un gran incendio a mitad del siglo XVIII destruyó la iglesia de Gómez de Mora, que seguía el modelo de planta ideal tras el concilio de Trento: cruz latina, de una sola nave, con cabecera plana y presbiterio alto y cúpula amplia. Ventura Rodriguez remodela toda la decoración de la iglesia, entre los años de 1755-1767, pero sin alterar el espacio primitivo. Sustituyó el toscano de las pilastras de Mora por fustes acanalados y capiteles jónicos, sobre los que un gran entablamento con ovas recorría toda la iglesia. Levantó bóvedas de casetones hexagonales con rosetas interiores. Se pintaron las pechinas, tres arcángeles y el ángel de la guarda, las cajas centrales de las bóvedas con escenas de la vida de San Agustín y la cúpula, la Glorificación de San Agustín ) a cargo de los hermanos González Velazquez, dentro del estilo franco-italiano que trajeron a Madrid los Borbones. Ventura aprovechó también los grandes lienzos de la iglesia primitiva, de Carducho, pero adaptándolos a los nuevos retablos: “La Anunciación” en el altar, y “San Felipe” y “Santa Margarita” de los laterales. Decoró el anillo de la cúpula con un friso rococó de angelitos, querubines, discos y guirnaldas en estuco. La decoración del resto se la encargó al escultor francés Roberto Michel. El retablo mayor está diseñado por Ventura Rodriguez también, es de ricos mármoles y bronces, y el sagrario es una auténtica joya de la rica orfebrería madrileña del siglo XVIII. La bóveda que lo cubre fue pintada por Francisco Bayeu. La nave no tiene capillas, pero entre los arcos hay grandes cuadros que representan escenas de la vida de San Agustín: San Agustín mostrando la verdad, por Ginés de Aguirre; la muerte de San Agustín , por Francisco Ramos; el misterio del agua en la playa por Gregorio Ferro o San Agustín dando a los pobres, por José del Castillo. En el tramo intermedio hay un tribuna para los reyes, ya que la iglesia es de patronazgo real y en el presbiterio no había sitio.


Monumento a Lope de Vega.

Inaugurado en 1902, fue proyectado por el arquitecto José López Salaberry. Consta de pedestal, realizado por el mismo Salaberry, y de una estatua en bronce que realizó Mateo Inurria. La estatua lo representa tocado con una sotana y leyendo un libro. En las caras del pedestal aparecen una alegoría en relieve que representa la poesía, un escudo de Madrid, y algunos títulos de las obras que escribió este genio de la literatura. En un principio, el monumento estuvo situado en la plaza del Cisne, hoy de Rubén Darío, en el cruce de las calles de Eduardo Dato con Almagro. En 1967 se trasladó a su actual emplazamiento en la plaza de la Encarnación.




El 4 de abril de 1609, el Consejo de Estado, a instancias del duque de Lerma y del propio rey Felipe III, decretó la expulsión de los moriscos de Valencia, medida que se complementaría al año siguiente con la expulsión de los que residían en la Corona de Castilla y en Aragón. En agradecimiento a dicha expulsión, la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, decidió fundar en Madrid un Monasterio de agustinas descalzas que se dedicaría al Misterio de la Encarnación. Para tal efecto, la reina hizo venir a cuatro religiosas del convento de San Agustín de Valladolid, que tras su llegada a Madrid el 20 de enero de 1611, se alojaron en el Monasterio de Santa Isabel, mientras se construía el suyo propio en las inmediaciones del Alcázar.En este contexto, el 10 de junio de 1611, el Arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval, puso la primera piedra del que hoy conocemos como Monasterio de la Encarnación. La construcción del edificio, fue encargada al arquitecto Juan Gómez de Mora, si bien, su diseño se debe posiblemente a su tío Francisco de Mora. Las obras se terminaron en 1616, y el dos de julio de ese mismo año, con una gran solemnidad, se procedió al traslado de las religiosas desde la vecina Casa del Tesoro, lugar en el que estaban alojadas desde el 3 de febrero de 1612. Del convento destaca sobre todo su iglesia, levantada sobre una planta de cruz latina, de una sola nave, con crucero y cúpula. En el exterior, y precedida de un espacioso atrio con verja de hierro, resulta muy interesante la fachada, construida en granito, y compuesta por un pórtico de ingreso de tres arcos sobre el que se sitúa un segundo cuerpo con ventanas, dos escudos reales, y un bajo relieve que representa la Anunciación, obra de Antonio de Riera. En cuanto al interior, destaca la soberbia decoración interior realizada por Ventura Rodríguez entre 1755 y 1767 con gran lujo de jaspes, mármoles y bronces. En 1842 fue demolido en parte, saliendo de él las religiosas. Poco después fue reedificado y volvió a albergar la comunidad. En la antigua clausura, Patrimonio Nacional ha establecido un Museo que permite observar los numerosos tesoros artísticos que se custodian en el convento.

Iglesia de San Marcos. Madrid.


Lo que hoy es la Plaza de España era parte de la calle de Leganitos que nacia en la plaza de Santo Domingo y llegaba al final del madrid urbano, ahora Princesa hasta Argüelles, y aquí se encontraba el puente y la fuente del mismo nombre que tenia el agua más apreciada de Madrid. Cervantes habla de ello y así no puede extañar que sea él y sus personjes más importantes los que ocupen el centro de esta Plaza. Esta fuente se surtía del viaje de Leganitos. Durante los trabajos de acondicionamiento del monumento a Cervantes se encontraron restos arqueológicos romanos. En época árabe, hubo en el solar de la plaza de España, numerosas huertas que aprovechaban para su riego las buenas aguas del arroyo de Leganitos, que atravesaba estos parajes. Según Mesonero Romanos las voces «Leganitos» y «Leganés» derivan del árabe y significan «huerta». Este arroyo nacía en la fuente de los Caños que, en el siglo XVII, pasó a llamarse de Leganitos y estaba en la calle homónima. Miguel de Cervantes, en Don Quijote de la Mancha, habla de esta fuente: «Otro libro tengo también, a quien he de llamar Metamorfoseos u Ovidio español, de invención nueva y rara; porque en él, imitando a Ovidio, a lo burlesco, pinto quién fue la giralda de Sevilla (...), los toros de Guisando, la sierra Morena, las fuentes de Leganitos y Lavapiés en Madrid...». El aspecto actual de la plaza arranca en 1898 con la construcción de la Royal Compagnie Asturienne de Minnes, esquina calle Bailén, de nacionalidad belga, considerada una de las obras más logradas de la arquitectura burguesa de finales del siglo XIX. El gusto francés destaca en la disposición de los templetes, que rematan el edificio, intentado darle aires de palacete cuando en realidad se trata de una casa de pisos. Obra de Manuel Martínez Ángel, este gusto artístico se desarrolló ampliamente en algunas zonas de Madrid, como el barrio de Salamanca y la Gran Vía. Hoy la Real Compañía Asturiana de Minas alberga las dependencias culturales de la Comunidad de Madrid.
La fachada está constituida por dos pilastras de orden compuesto, sobre las que descansa el frontispicio triangular del remate. En el centro está la puerta, decorada con un frontón semicircular con una ventana encima

Situada en la calle de San Leonardo, Junto a la Plaza de España. La antigua de San Marcos fue fundada sobre un pequeño oratorio en 1632 como anexo de la parroquia de San Martín. De la construcción del primitivo templo se encargó Marcos López en la década de 1660 y posteriormente Pedro de Ribera y José Benito de Churriguera continuaron las obras. Para conmemorar la victoria de las tropas de Felipe V en la batalla de Almansa, entablada el día de San Marcos de 1707, el propio monarca dispuso que se sustituyera el viejo templo, el cual era pequeño y poco capaz, por otro de nueva construcción. La muerte de Felipe V en 1746 no impidió su realización, comenzando las obras en 1749 bajo la dirección del arquitecto Ventura Rodríguez, siendo consagrado el 22 de abril de 1753. En 1836 se convirtió en parroquia independiente. La iglesia de San Marcos es considerada como una de las joyas de la arquitectura madrileña y una de las mejores obras de Ventura Rodríguez, el cual, junto con su esposa, estuvo enterrado en la propia bóveda del templo hasta que a finales del siglo XIX fue trasladado a la capilla de los arquitectos en la parroquia de San Sebastián. Restaurada por el arquitecto Francisco García Nava tras un incendio en 1925, en 1944 fue declarada Monumento Nacional.

Del edificio, destaca sobre todo la planta, muy original, la cual está formada por tres elipses, una de gran tamaño en el medio -sobre la que se levanta la cúpula-, y dos de menor tamaño en los extremos.


miércoles, 21 de mayo de 2008

Ciempozuelos. Lugar de nacimiento de Ventura Rodriguez. Madrid.

Monumento a Ventura Rodriguez en la Plaza de la Iglesia de Ciempozuelos. Madrid. Existe un proyecto municipal de crear un Museo dedicado al arquitecto.
Ventura Rodriguez nace en Ciempozuelos, Madrid, en 1717. Se le considera, junto con Juan de Villanueva el principal arquitecto español de su época y el último barroco. En todo caso fue el principal arquitecto español hasta la aparición de Villanueva.
Su trayectoria se sitúa a caballo entre el Barroco y el Neoclasicismo. Su padre era maestro de obras y trabajaba en las obras del Real Sitio y Villa de Aranjuez. A su lado tuvo ocasión de aprender el oficio, demostrando grandes dotes para el dibujo y la arquitectura. A los catorce años fue contratado por los ingenieros franceses, Marchand y Brachelieu, que dirigían las obras para hacer dibujos de ornamentación. Con motivo del traslado de la corte a Aranjuez, el arquitecto Filippo Juvara; encargado del proyecto del Palacio Real de Madrid, tiene ocasión de ver unos croquis suyos y solicita al rey que le fuera asignado como delineante. Tenía dieciocho años. El arquitecto italiano se convierte en maestro de Ventura Rodríguez, de forma que a su muerte en 1736, su sucesor al frente del proyecto del Palacio Real, Giovanni Battista Sacchetti, lo mantuvo con él. En 1741 ostentaba ya el cargo de aparejador segundo del Palacio Real. Aunque hizo un papel anónimo, se ganó el respeto de sus maestros y el reconocimiento de la Academia de San Fernando, a la que estuvo ligado durante toda su vida, llegando a ser director de Arquitectura en 1752. Aunque el nuevo rey cesa Sacchetti de las Obras Reales y nombra a Sabatini en su lugar, a Ventura nunca le faltó trabajo por todo el territorio nacional: la Iglesia de los Agustinos de Valladolid, la fachada de la Catedral de Pamplona, el colegio de Cirugía de Barcelona.
Aunque su primer estilo obedecía a las más estrictas normas barrocas, Ventura fue asimilando la transición al imperante Neoclasicismo, convirtiéndose en el arquitecto más representativo de este estilo en España. Del reinado de Fernando VI nos quedan las muestras del Barroco de Ventura con una clara influencia romana: la Santa Capilla de la Basílica del Pilar de Zaragoza, la Iglesia de San Marcos en Madrid, la capilla de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, la capilla de San Julián en la Catedral de Cuenca y la reforma interior del Convento de la Encarnación. Pero en el reinado de Carlos III, nuevos aires arquitectónicos se ponen de moda y Ventura Rodríguez evoluciona también con los tiempos. Chueca Goitia dice de él "hombre de sensibilidad extrema, de una capacidad de asimilación prodigiosa que, unidos a una mano feliz, le hicieron ser un proyectista inigualable".
Con un profundo conocimiento de la arquitectura de Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini, fue depurando sus gustos barrocos para seguir una línea más herreriana. En1747fue nombrado en Roma académico de mérito de la Academia de San Lucas.
Entre 1749 y 1753 construye la iglesia parroquial de San Marcos en Madrid, con una planta de cinco elipses sucesivas y una fachada de orden gigante flanqueada por antecuerpos curvos que conforman un atrio cóncavo. En 1752 fue nombrado director de los estudios de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En 1750 recibió el encargo para la remodelación y terminación de la basílica del Pilar de Zaragoza. Los anteriores proyectos de Herrera, Perelada y Domingo de Yarza no lograban satisfacer las tres exigencias del cabildo: distancia conveniente al río, orientación apropiada y alineación de la fábrica del templo en consonancia con la mirada de la virgen. El hábil proyecto de Ventura satisfizo tales requisitos y, de esta forma, el arquitecto se apuntó uno de sus mayores y más populares triunfos. Sugirió la solución del alojamiento de la capilla de la Virgen en un templete de planta cuadrilobulada a base de sectores circulares y bóveda elipsoidal. Es precisamente en esta capilla donde se produce la transición del estilo barroco al neoclásico, manifestándose este último en la decoración del interior del templo. El cabildo de la catedral de Cuenca reclamó sus servicios para levantar un Transparente que rivalizara con el levantado por Narciso Tomé en la catedral de Toledo. Rodríguez lo situó en un ambulatorio gótico, de forma que resplandeciera gracias a la iluminación posterior e indirecta, por cuyo medio se consiguen unos espectaculares efectos. En 1754 edificó la destruida iglesia de San Norberto y en 1755 remodeló la del Real Monasterio de la Encarnación en Madrid.
En este momento, su éxito parecía no conocer límite. Sin embargo, Fernando VI encarga al arquitecto francés Marquet importantes obras en Aranjuez y Carlos III, a la muerte de Sacchetti, nombra a Francesco Sabatini arquitecto real. Tras el fallecimiento de Fernando VI en 1759, Ventura Rodríguez dejó de trabajar para la corte. No obstante, fue tal la cantidad de encargos que recibió, sobre todo de particulares, que sus obras se encuentran repartidas por toda la geografía española.
Hacia 1760, la obra teórica de Blondel influyó decisivamente en sus concepciones, hasta el punto de que abandonó la tendencia barroca y se convirtió en un abanderado de la neoclásica, con una serie de trabajos en que repitió a menudo los mismos esquemas. También la obra deJuan de Herrera para la composición de alzados, aunque la planta y el espacio sigan siendo barrocos. Un ejemplo es el convento de los agustinos filipinos de Valladolid, el colegio de cirugía de Barcelona de 1761, sede actual de la academia de Medicina, elayuntamiento de Haro de 1769 y sus proyectos para la nueva Biblioteca, la fábrica de vidrio de La Granja, el palacio del duque de Alba en Madrid, y, sobre todo, la fachada de la catedral de Pamplona, con una portada plenamente clasicista, a base de columnata y frontón, y dos torres-campanario que como vestigio de su etapa barroca que confieren verticalidad al conjunto.
En 1764 fue nombrado Maestro Mayor de la Villa, a los dos años Arquitecto Supervisor del Consejo y unos años después Arquitecto de la Cámara de Castilla. A él le debemos el proyecto del Paseo del Prado y las tres fuentes que lo adornan: Cibeles, Apolo y Neptuno. Este hecho es que queda reflejado en el Monumento de su pueblo natal. El Cardenal Lorenzana le nombró Maestro Mayor de la Catedral de Toledo, en donde realizó varios proyectos como el patio del Colegio de Doncellas Nobles, la capilla del Palacio Arzobispal y la reforma del Alcázar. Abordó la arquitectura palatina en Madrid, dejando diseños en los que se refleja su dependencia del trazado de la residencia real: palacios de Arenas de San Pedro; Liria de 1770, que tiene características de barroco italiano; Altamira de 1773 a 1775; Astorga; Regalía y Osuna.
Obtuvo el título de Maestro Mayor del Ayuntamiento de Madrid en 1764 y sus informes fueron decisivos para el ordenamiento urbano de la capital. Desarrolló también una actividad de gran dimensión fuera de la corte diseñando ayuntamientos, escuelas, puentes, mataderos, etc. Sirvan como ejemplos la plaza Mayor de Avila, el Hospital General de Madrid, la fachada de la catedral de Toledo, el Sagrario, 1761-1764, para la catedral de Jaé; los baños de Caldas, 1773; el sanatorio de Trillo, 1775; la cárcel de Brihuega, entre otros .
Sin embargo, nada le pudo compensar de la pérdida del favor real, a lo que se unió el fracaso de algunos proyectos: lapuerta de Alcalá, construida finalmente por Sabatini en 1764, o la basilica de San Francisco el Grande, también terminada por Sabatini en 1768. A todo ello se añadió la muerte de su esposa en 1776. Dentro de las obras de su última etapa, cabe citar el palacio de Boadilla del Monte para el infante don Luís, el de Almanzora encargado por el marqués de La Romana y la ya mencionada fachada de la catedral de Pamplona de 1783. También es de su autoría la actual iglesia del monasterio de Santo Domingo de Silos, aunque para ello derriba el templo románico del que ha quedado una parte del transepto y la puerta de las Vírgenes que lo comunicaba con el claustro. El propio claustro estuvo en trance de desaparecer; lo salva la falta de presupuesto.
Fue el arquitecto preferido de la aristocracia madrileña, que le encargaba el diseño de sus palacios: Liria, Altamira, Regalía y Osuna. Y cómo no, el imponente palacio de Boadilla del Monte, encargado por el Infante y conde de Chinchón don Luís de Borbón, que además de gran admirador fue uno de sus mejores amigos. Entró en la nómina del Infante en 1761 y fue nombrado Arquitecto de Su Alteza por Real Decreto de 1781, según consta en la testamentaría del Infante. El arquitecto también diseñó para su amigo los muebles para el palacio. Como dato curioso los dos amigos murieron en el mismo año y el mismo mes, con tan solo unos días de diferencia. Curioso también que el Infante fuera enterrado en la Capilla del Monasterio de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, que había sido construida por Ventura en 1755. Muere en Madrid el 26 de agosto de 1785. Sus restos reposan en la capilla de los arquitectos de la iglesia de San Sebastián.
La catedral de El Burgo de Osma estuvo a punto de ser derruida tras el informe que sobre su deteriorado estado hizo Hermosilla y el proyecto de Ventura Rodríguez que únicamente respetaba el claustro y la torre barroca, sustituyendo la catedral gótica por una renacentista con puerta principal hacia la calle mayor. Afortunadamente no prosperaría tal idea, vino a salvarla el terremoto de Lisboa; 1 de noviembre de 1775, que puso en entredicho las "supuestas deficiencias estructurales". Fue el también gran arquitecto real de la corte de Carlos III, Juan de Villanueva, el encargado de agregar a la catedral gótica la ampliación neoclásica de la sacristía mayor y capilla del obispo Palafox, eligiendo para ello como maestro de obras a Ángel Vicente Ubón, el arquitecto del nuevo ayuntamiento, designado por Villanueva aunque el Cabildo escogió también otro supervisor que acompañó a Ubón, si bien una vez fallecido éste los inspectores reales en la capilla del Venerable Palafox fueron los arquitectos Sabatini y Bernasconi. Para hacer la girola en 1774 fue preciso hacer desaparecer las capillas absidiales del crucero. La sacristía mayor se construyó entre 1770 y 1775. El material primario fue soriano: la piedra es de canteras de Ucero y la madera de Talveila. Las puertas se enviaron desde el Palacio Real de Madrid. También nace aquí Felipe Mora quien proyectó la Real Acequia del Jarama. La página web del ayuntamiento de Ciempozuelos tiene cumplida información sobre esta infraestructura.







Fotografías tomadas el 3 de mayo de 2008.