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martes, 9 de abril de 2013

Bruselas. Bélgica


Gracias a Cristina por estas fotos de Bruselas.

 Atomium


Basílica del Sagrado Corazón


Grand Place

Manneken Pis


Jenneken Pis.

Es el contrapunto femenino del Manneken Pis, símbolo de la ciudad, estando situada a aproximadamente la misma distancia de la Plaza Mayor que éste, pero al otro lado. A estos dos monumentos se les considera hermanos.

La estatua fue esculpida por Denis-Adrien Debouvrie en 1985 e inaugurada en 1987. 


Palacio Real

Palacio del Cincuentenario


Catedral de San Miguel y Santa Gudula


Plaza de España




Bruselas a mediados del siglo XVIII


miércoles, 17 de octubre de 2012

Pedro I, rey de Castilla


Quiero agradecer  a don Alejandro Torres Villamor las siguientes precisiones sobre algunas informaciones que se recogen en la entrada “Las amantes de Pedro I, rey de Castilla”
1.- Aunque creo que se trata de un fallo de redacción cuando dice:

“Convive con Maria de Padilla, 1335-1361, a pesar de su casamiento con
Blanca. Fue, según parece, su verdadero amor desde que la conoce en
1352 en Sahagún. Un año después, en Cortes celebradas en Sevilla, …”
da a entender que la Cortes de Sevilla se celebraron en el año 1353,
cuando en realidad fue en 1362, es decir, un año después del
fallecimiento de doña María de Padilla.

2.- El toledano Juan de Padilla, destacado personaje de la Guerra de

Comunidades, es del mismo linaje de los Padilla, si bien no es
descendiente directo de doña María, sino de otra rama distinta.

3.- Pedro Ruiz Carrillo era caballero de la Orden de la Banda, fundada

por Alfonso XI, no “caballero del Pendón”.

4.- La batalla del Salado fue en el año 1340, no en 1341.


5.- Doña Juana de Castro, en ningún momento se resistió al matrimonio

con Pedro I, si bien exigió la certeza de la nulidad o invalidez del
celebrado con doña Blanca de Borbón. Algo que manifestaron los obispos
de Ávila y de Salamanca. Estuvieron en ello dos caballeros Men
Rodríguez de Sanabria (por el rey don Pedro) y Enrique Enríquez, tío
de doña Juana de Castro, quien negoció la dote por ella. Según varios
autores, entre ellos Sitges (La mujeres del rey don Pedro,
Madrid-1910) son de la opinión de que ese matrimonio fue buscado por
la propia doña Juana de Castro y era parte de una conspiración en
contra del rey de Castilla para entregar su corona al infante don
Pedro de Portugal y encabezada por don Juan Alfonso de Alburquerque.
Otra cosa es que este matrimonio con doña Juana de Castro, fuera nulo,
toda vez que el grado de parentesco que unía a don Pedro con doña
Juana de Castro, exigiera la dispensa papal, algo que el Pontífice ni
dio, ni tenía intención de dar.

6.- No está documentado ni probado que el rey don Pedro tuviera

descendencia con doña Juana de Castro. Casi todos los autores dan por
desconocida a la madre de Juan de Castilla.

7.- Este Juan de Castilla no está nombrado heredero por el rey don

Pedro en su testamento. El hecho de que figure en el mismo se debe a
la manipulación y falsificación del testamento de origen desconocida y
se cree que el nombre que figuraba y que fue sobre raspado del
documento original era el de Fernando, el hijo que don Pedro tuvo con
doña Maria González de Hinestrosa.  (Documento original en el convento
de Santo Domingo el Antiguo de Toledo). Algunos autores apuntan a don
Diego de Castilla, deán de Toledo y benefactor del citado convento,
como autor de la falsificación en la pretensión de demostrar su
ascendencia real y alejar la sospecha de su descendencia de
judeoconversos.

8.- Doña Juana de Castro era hija de don Pedro Fernández de Castro “el

de la Guerra” y de doña Isabel Ponce de León, su mujer al igual que
don Fernando de Castro. En tanto que doña Inés de Castro fue habida
fuera del matrimonio ( bastarda)  del mismo  don Pedro Fernández de
Castro con doña Aldonza Suárez de Valladares, al igual que don Álvar
Pérez de Castro. Por lo tanto la relación entre ambas era de “medio
hermanas” (o hermanastra) algo imortente de destacar y distinguir para
la época a que se refiere.
Por cierto, doña Juana no era señora de Dueñas, este señorío estaba
incluido en la dota por el fracasado matrimonio, dote que don Pedro I
no llego nunca a hacer efectivo. Aunque doña Juana se hizo llamar
“reina de Castilla”.

9.- Diego de Castilla, hijo de Pedro I y de doña Isabel de Sandoval,

no murió dos años después que su hermano Sancho, Éste murió de niño
(de 7 u 8 años) tal y como se muestra sus restos momificados que se
conservan en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo y que he
visto personalmente. En tanto que Diego permaneció preso en Curiel
durante 55 años, existiendo abundante correspondencia con su
hermanastra, doña Maria de Castilla (o de Ayala) priora que fue del
convento de Santo Domingo el Real de Toledo donde fueron trasladados
sus restos el 28 de diciembre de 1448, probablemente por mandato de
doña Catalina de Castilla, su hija, que por entonces era priora del
convento citado. Efectivamente,  Diego de Castilla tuvo descendencia
con doña Isabel de Salazar:
– Doña Maria de Castilla, señora de Mandayona y Miedes, casada con
Gómez Carrillo de Acuña, señor de Jadraque, hermano del Alonso
Carrillo, Arzobispo de Toledo.
– Pedro de Castilla, casado con Beatriz de Fonseca, hermana del
Arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca.
– Doña Isabel de Castilla, casado con Gonzalo de Guzmán, señor de Torija.

10.- Doña Teresa de Ayala no era hermana ni de don Pero López de

Ayala, el cronista y canciller de Castilla, ni de doña Aldonza de
Ayala, esposa de Pedro González d Mendoza,
“el de Aljubarrota”, ni de doña Leonor de Ayala, casada con Fernán
Alvarez de Toledo. Doña Teresa era sobrina de todos ellos, hija de don
Diego Gómez de Toledo y de doña Inés de Ayala, ésta sí hermana de don
Pero López,  doña Aldonza y doña Leonor de Ayala.

11.- Del mismo modo, el cronista y canciller Pero López de Ayala, no

es hijo de doña Leonor de Guzmán, es su marido. La madre del canciller
fue doña Elvira Álvarez de Cevallos, esposa de don Fernán Pérez de
Ayala.  Bien es cierto que el canciller y doña Leonor de Guzmán
tuvieron un hijo al que llamaron por el mismo nombre “Pero Lopez de
Ayala”. Este es uno de los grandes contratiempos de las genealogías
medievales: la repetición de nombres.

12.- Montiel no era de los campos de Calatrava, sino de la Orden de

Santiago, a la que pertenecía el castillo de la Estrella.

13.- Doña Blanca de Borbón (1339-1361), no era hermana gemela de la

reina consorte de Francia, doña Juana de Borbón (1338-1378),, esposa
de Carlos V de Francia, ya que doña Blanca era un año menor que su
hermana doña Juana.

14.- He de citar la confusa redacción del segundo párrafo en su parte

final, en negrita. Lo más destacable es que dice: “Muere Blanca en
1361, según algunos envenenada por su esposoo por la propia María de
Padilla”. Respecto a esto, lo que no es cierto es que se haya dicho
que fue envenenada por doña Maria de Padilla, algo que está fuera de
lugar y de toda sospecha. No hay autor que haya señalado tal cosa.  Lo
segundo es que según la tradición, doña Blanca fue estrangulada con un
velo por el ballestero Juan Perez Rebolledo. Sin embargo, hoy día todo
esto está en duda y se apunta por varios autores que doña Blanca
falleció de muerte natural, victima de alguna enfermedad pulmonar
(algo frecuente en los fríos y húmedos castillos medievales).

15.- Después de decir: “Fernán Díaz Carrillo, I señor de Santa Eufemia

en Córdoba, casa con María García. Padres de Pedro Ruíz Carrillo,…”
añade que: “ Casó Fernán con Urraca Lasso de la Vega, …”  suponiendo
que se trata de un error de redacción, al igual que el resto de este
párrafo que ofrece confusión en cuanto se refiere a doña María García
Carrillo y su relación con los Hinestrosa.

16.- Por último, en cuanto al palacio de Torrijos se refiere hay que

señalar que ni don Pedro ni doña María de Padilla vivieron en él, tan
solo se alojaron en sus viajes y las estancias fueron cortas y
esporádicas en los viajes que efectuaba el rey desde Sevilla hacia
Castilla para evitar el pasar por la conflictiva ciudad de Toledo al
igual que hacía en otras ocasiones de parar en Villa Real (hoy Ciudad
Real) cuando se dirigía a la frontera con Aragón. El palacio de
Torrijos no fue nunca residencia permanente del monarca, aunque,
repito, se alojó en él varias veces.

 
De nuevo agradecer a don Alejandro su interés por el Blog y por mejorarlo con sus aportaciones.

lunes, 14 de mayo de 2012

Cañón del Caracena. Soria.

Me alegra contar de nuevo con la colaboración y las fotos de José Luís Martín Tejero.



Al fondo del Cañón esta el pueblo de Caracena y su Castillo.






Iglesia de San Pedro.




El río Caracena se forma por la unión de dos arroyos procedentes de los términos de Losana y Castro,pasando el primero también junto a Peralejo de los Escuderos y el segundo por el término de Valvenedizo.

Los orígenes de estos arroyos se encuentran en las laderas de la Sierra de Pela. Está aquí la ciudad celtíbero romana de Termancia-Tiermes-.

El río pasa junto a Tarancueña, que queda a su derecha, a continuación pasa junto a Caracena, que queda a su izquierda, luego pasa por Carrascosa de Abajo y Fresno de Caracena, uniéndose a él, poco más abajo, el río Manzanares, posteriormente pasa junto a Vildé, que queda a su derecha, y desemboca en la margen izquierda del río Duero, en el término de Navapalos.




En su tramo entre Tarancueña y Caracena, el río queda encajado en una hoz que se hace más estrecha al acercarse a esta última población y solo es accesible a través de senderos. Aguas abajo de Caracena, el valle queda menos encajado y transcurre, por él, la carretera que sirve de acceso a este pueblo.




Castillo de Caracena. 


Paisajes del Cañón de Caracena.





jueves, 30 de abril de 2009

Beltrán de la Cueva - Señor del Barranco por obra y gracia de Enrique IV

Esta entrada se debe a la aportación de José Luis Martín Tejero, asi como la dedicada al castillo de Mombeltrán. Agradecerle estas aportaciones y las futuras, si él quiere.
Don Beltrán de la Cueva, primero de nombre, hijo de D. Diego Fernández de la Cueva, Señor de esta casa de Úbeda, Vizconde de Huelma, Caballero de la Orden de Santiago, Alcalde de Úbeda y de Alcalá la Real, Corregidor de Cartagena y de Dña. Maria Alonso de Mercado, fue mayordomo mayor y privado de Enrique IV, Gran Maestre de la Orden de Santiago (1462-1464), creado por aquel rey, Conde de Ledesma en 1462, Duque de Alburquerque en Badajoz, Conde de Huelma, Señor de las villas de Cuellar, Roa, Mombeltrán, La Adrada, Torre-Galindo, La Codosera, Molina, Atienza, La Peña de Alcázar, etc. Murió el 1 de noviembre de 1492, sepultado en el Monasterio de San Francisco de Cuellar. Casó primero con Dña. Mencía de Mendoza y Luna, hija de Duque del Infantado, segundo, con Dña. Mencia Enríquez de Toledo, hija del primer Duque de Alba, la cual murió sin posteridad; tercero, con Dña. Maria de Velasco, hija del Condestable, II Conde de Haro; después de viuda fue conocida con el titulo de Duquesa de Roa.

Enrique IV, un monarca inseguro y excesivamente controlado por Juan Pacheco (Marqués de Villena), se trae a la Corte a un joven hidalgo de Úbeda, y decide promocionarlo para contrarrestar la enorme influencia que aquel ejercía sobre su persona. De esta forma el rey, a fin de zafarse de la tutela de Pacheco, saca de la nada a D. Beltrán, lo hace su mayordomo y, a partir de 1462, lo eleva a puestos de responsabilidad política de la Corte para asesorarle en la toma de decisiones gubernamentales. No contento aún con estas prebendas, Enrique IV decide hacerlo señor de vasallos y le concede la villa de Ledesma con el titulo condal.El monarca que tenia confianza absoluta en el personaje, pensaba a su vez que la lealtad del que así era favorecido le sería de gran utilidad para gobernar el reino, sin estar sometido al condicionamiento continuo que le imponía su anterior privado, Juan Pacheco. La carrera al poder tan rápida de D. Beltrán iba a suscitar envidias y grandes recelos entre aquellos que hasta el momento habían detentado el poder por su cercanía al monarca, y también entre algunos nobles descontentos. La situación llego al límite cuando en 1464 el rey consiguió para su “bien amado” D. Beltrán el maestrazgo de la Orden de Santiago que le daba un poder militar y económico de primera magnitud en Castilla. Un maestrazgo, por otra parte, que correspondía al infante D. Alfonso, hermano del monarca, de acuerdo con la última voluntad expresada en el testamento de su padre, Juan II. D. Beltrán conocía muy bien esta orden pues en ese momento era comendador de Ucles, y no es de extrañar que pidiese en más de una ocasión al rey la concesión del maestrazgo. El rey justificaba la concesión en que carecía de tiempo para administrar y regir la orden porque estaba ocupado en la gobernación del reino. El rencor de una parte de la nobleza, aglutinada por el gran enemigo de D. Beltrán, Juan Pacheco, que no le perdonaba haberle desplazado de la confianza y el favor del monarca y, sobre todo, la concesión del maestrazgo de Santiago que Villena ambicionaba desde hacia muchos años, arruinaría la carrera política de aquel al cual el arzobispo de Toledo, Carrillo, llamaba un advenedizo. Esa aristocracia rebelde lograría que Enrique IV obligara de mala gana a D. Beltrán a renunciar al maestrazgo y a desterrarle de la Corte. Así pues, a partir de este momento, finales de 1464 y comienzos de 1465, se acabarán las expectativas políticas de D. Beltrán aunque el monarca le compensaría con creces y de manera exagerada por esa renuncia, hasta el extremo de convertirle en uno de los grandes señores del reino.

El propio D. Beltrán con su conducta y su torpeza es posible que complicara aún más su situación. En concreto su extrema ambición, al solicitar una y otra vez al monarca y de forma rápida que le concediese no solo señoríos, sino también una prebenda de tan altísimo valor como era el maestrazgo de Santiago que tantas ambiciones suscitaba. Esta ambición contribuyó a su caída, aunque también es verdad que el monarca no le abandonaría nunca y que le otorgaría mercedes y prebendas hasta seis meses antes de su muerte. Desde 1464 a 1466, años en los que fue rápidamente encumbrado, D. Beltrán concentró en su persona los odios más feroces. Se le acuso de todo, pero muy especialmente de sostener amores con la reina Dña. Juana, segunda esposa de Enrique IV, e incluso de mantener relaciones de carácter homosexual con el propio monarca. Sexualidad desbocada, arribista, advenedizo, hombre violento, ambicioso sin escrúpulos y sin limites, altanero, presuntuoso y perverso, eran los adjetivos más frecuentes con los que sus numerosos enemigos trataban de difamarlo para provocar su ruina. He aquí en pocas palabras, la opinión que sus contemporáneos tenían sobre D. Beltrán.
D. Beltrán de la Cueva pertenecía a un linaje de caballeros asentados en Úbeda desde finales del siglo VIII. En los primeros años del reinado de Juan II (padre de Enrique IV) vivía en Úbeda un oscuro campesino llamado Gil Ruiz, dedicado a la guarda de ganado y que, enriquecido en el servicio de D. Enrique de Guzmán, maestre de Calatrava, aspiro a mayor opulencia con aquellos cultivos que prometían más pingüe producto y más seguros resultados. De tal modo favoreció la fortuna sus esfuerzos, que pudo ya comprar tierras, tener colonos y dar cada día más ensanche a sus negocios, permitiéndole luego el aumento de sus riquezas adquirir un predio rústico llamado la Cueva. De aquí tomo su apellido su hijo y heredero Diego, joven valiente y de belicoso carácter que prefiriendo la milicia a las ocupaciones de su padre, puso su gloria en tener caballos excelentes, en el ejercicio de las armas y en poseer todo lo a él concernientes.
De su unión con doña Maria Alonso de Mercado nació D. Beltrán. Nada sabemos de D. Beltrán, ni como fue su educación, ni siquiera el año exacto de su nacimiento (algunas fuentes lo datan en 1443), y realmente es poco lo que se sabe acerca de sus primeros años en la Corte, salvo que era paje de lanza de Enrique IV y que le acompañaría en todos sus desplazamientos formando parte del círculo más intimo de sus servidores. Un viaje realizado por Enrique IV a Andalucía decidiría el futuro de D. Beltrán. Al parecer, el rey pernoctó en Úbeda en la primavera de 1456, y fue tan generosamente agasajado por D. Diego Fernández de la Cueva que el monarca quiso de alguna manera agradecérselo llevando consigo a su segundo hijo, Beltrán, en calidad de paje de lanza.Es a partir de los años 1459-1460 cuando Enrique IV comienza a promocionarlo. Primero le nombró mayordomo y poso después le daría el señorío sobre la villa de Jimena de la Frontera. El rápido ascenso de D. Beltrán, estuvo mediatizado por la determinación de Enrique IV de encontrar hombres nuevos, más leales a su persona.
En 1462, el mismo año que nacía Juana la Beltraneja el rey le concedía la importante villa de Ledesma con el titulo de conde. No solo le promociona a conde, sino que además consigue del marques de Santillana la entrega de su hija Mencia de Mendoza para casarla con su favorito Beltrán. De esta manera el joven D. Beltrán consigue emparentar nada menos que los Mendoza, una de las familias más poderosas del reino. Este matrimonio se producía poco antes de recibir el condado de Ledesma, y es posible que el monarca le quisiese enaltecer con este titulo y el señorío sobre esta villa para que no desentonase demasiado con el linaje de su futura esposa Dña. Mencia. El rey en persona se presentó, en 1462, con la reina y toda la corte en Guadalajara para honrar a D. Beltrán en su casamiento. El matrimonio, sin embargo, no gusto nada a los enemigos de D. Beltrán, sobre todo al más poderoso, Juan Pacheco, al cual le preocupaba cada vez más que el joven conde de Ledesma se estaba convirtiendo a toda prisa en el favorito del rey.

En septiembre de 1461, el rey le concedía una villa situada en el abulense valle del Tiétar, el Colmenar (hoy Mombeltrán) que había sido previamente confiscada a la viuda de D. Álvaro de Luna. La donación del Colmenar a D. Beltrán, justificada por Enrique IV a causa de la revuelta de Dña. Juana Pimentel (viuda de D. Álvaro), se hacia por juro de heredad, a pesar de que el propio monarca en el documento de concesión preveía la posibilidad de que la familia de D. Álvaro, protegida por lo demás por poderosas familias nobiliarias como los Mendoza ó los Pimentel, pudiese ser perdonada en el futuro y en consecuencia ser restituida en lo que ahora se le despojaba. El monarca se reservaba para la Corona las alcabalas de la villa pero no las tercias, valoradas en 25.000 maravedíes, que también las concedía a D. Beltrán por otro documento fechado el mismo día de la donación. La Villa se vio obligada a aceptar al nuevo señor como había hecho antes con otros que le habían precedido. Ahora, sin embargo, el cambio de titularidad el señorío implico también una novedad añadida: el cambio de denominación del Colmenar por Mombeltrán.En efecto, un año después de la concesión, el 30 de diciembre de 1462, Enrique IV, a petición del concejo de esa localidad, en un gesto supremo de consideración y afecto hacia su favorito, decide darle el propio nombre de este último a la villa, que a partir de ahora en su homenaje comenzará a llamarse Mombeltrán. Es dudoso, desde luego, que el concejo de Colmenar solicitase al rey el cambio de nombre, mas bien parece que se trata de una decisión muy personal de éste para honrar a D. Beltrán.

Con el titulo de conde de Ledesma y el matrimonio con la hija del marques, comienzan los años dorados de D. Beltrán en la corte. De paje de lanza sin fortuna a ser noble de primera fila, señor de vasallos y yerno de uno de los hombres más ricos de Castilla. D. Beltrán forma parte ya del círculo de personas que ejercían el poder en Castilla. Enrique IV confía plenamente en él. Fue entonces, cuando empezaba a saborear las mieles del éxito y comenzaba a tocar poder, cuando también comenzaron a salirle enemigos por todas partes, que al final, tras ímprobos esfuerzos, terminarían por apartarle de la corte.

La situación fue deteriorándose poco a poco. En mayo de 1464, el arzobispo Carrillo, Girón y el marques de Villena firmaron una liga a la que se sumaron bien pronto otros muchos nobles. Con el pretexto de defender al infante D. Alfonso, los firmantes de ese pacto trataban de impedir que el monarca entregase el maestrazgo de Santiago a su favorito. Incluso intentaron apoderarse de la persona del rey. En las vistas de Cabezón, aldea próxima a Cigales, la nobleza impuso al monarca el destierro de la Corte de D. Beltrán y su destitución como maestre de Santiago. El flamante maestre tuvo que renunciar a su dignidad a petición del rey, pero a cambio, se convertía por esa misma renuncia en uno de los grandes señores de Castilla, ya que recibía las siguientes villas: Roa, Molina, Atienza, Aranda, Torregalindo, Alburquerque y el castillo de Anguix con todas sus fortalezas, rentas y jurisdicciones y con el titulo de duque de Alburquerque.
En efecto, un año después de la concesión, el 30 de diciembre de 1462, Enrique IV, a petición del concejo de esa localidad, en un gesto supremo de consideración y afecto hacia su favorito, decide darle el propio nombre de este último a la villa, que a partir de ahora en su homenaje comenzará a llamarse Mombeltrán. Es dudoso, desde luego, que el concejo de Colmenar solicitase al rey el cambio de nombre, mas bien parece que se trata de una decisión muy personal de éste para honrar a D. Beltrán. Con el titulo de conde de Ledesma y el matrimonio con la hija del marques, comienzan los años dorados de D. Beltrán en la corte. De paje de lanza sin fortuna a ser noble de primera fila, señor de vasallos y yerno de uno de los hombres más ricos de Castilla. D. Beltrán forma parte ya del círculo de personas que ejercían el poder en Castilla. Enrique IV confía plenamente en él. Fue entonces, cuando empezaba a saborear las mieles del éxito y comenzaba a tocar poder, cuando también comenzaron a salirle enemigos por todas partes, que al final, tras ímprobos esfuerzos, terminarían por apartarle de la corte. La situación fue deteriorándose poco a poco. En mayo de 1464, el arzobispo Carrillo, Girón y el marques de Villena firmaron una liga a la que se sumaron bien pronto otros muchos nobles. Con el pretexto de defender al infante D. Alfonso, los firmantes de ese pacto trataban de impedir que el monarca entregase el maestrazgo de Santiago a su favorito. Incluso intentaron apoderarse de la persona del rey. En las vistas de Cabezón, aldea próxima a Cigales, la nobleza impuso al monarca el destierro de la Corte de D. Beltrán y su destitución como maestre de Santiago. El flamante maestre tuvo que renunciar a su dignidad a petición del rey, pero a cambio, se convertía por esa misma renuncia en uno de los grandes señores de Castilla, ya que recibía las siguientes villas: Roa, Molina, Atienza, Aranda, Torregalindo, Alburquerque y el castillo de Anguix con todas sus fortalezas, rentas y jurisdicciones y con el titulo de duque de Alburquerque.
Así, en este año, atendiendo a la petición de su favorito, el rey cambio el lugar en el que se realizaba el pago del servicio y montazgo de los ganados del reino, que era RamaCastañas por el de Arroyo Castaños. A partir de entonces, y por imposición regia, los derechos que a la corona deberían pagar todos los ganados que por la cañada leonesa se dirigieran a los pastos del Guadiana tendrían que hacerlo por el nuevo servicio y montazgo, que esta situado en la misma cañada pero en tierra y término de Mombeltrán, mientras que el anterior se encontraba en el término de Arenas de San Pedro. Esta decisión beneficiaba de manera extraordinaria a D. Beltrán, ya que los ingresos que recibiría a causa del traslado iban a ser considerables. Desde luego a quien iba a perjudicar era al concejo de Arenas, y de paso a la viuda de D. Alvaro de Luna y a su hija Maria. Es muy probable que por estas fechas comenzase la construcción de la fortaleza de la villa de Mombeltrán y casi con toda seguridad sobre restos de alguna torre fortificada, pues ya en tiempos de Enrique III es descrita la misma por sus cronistas en sus itinerarios.

En Diciembre de 1974, no sin antes concederle una última merced: el titulo de conde Huelma, muere Enrique IV. La muerte del monarca significaba una gran perdida para D. Beltrán de la Cueva. Desaparecía su gran patrono que a fines de los años cincuenta del siglo XV le había sacado de una ciudad jienense para convertirlo en uno de los señores más influyentes del reino de Castilla, emparentado por vía matrimonial por poderosas familias como los Mendoza ó los duques de Alba. (recordar que en 1476 D. Beltrán, después de la muerte de su esposa Dña.Mencia, contrajo matrimonio con la hija del duque de Alba). Así pues, resultaba perfectamente explicable el temor ante la posible desaparición de su patrimonio, una vez muerto el monarca.

Además, y por si fuera poco, se veía en la disyuntiva de tener que tomar partido entre aquella fracción de la nobleza que apoyaba a Juana la Beltraneja y aquella otra que seguía a Isabel y Fernando. En un principio la actitud de D. Beltrán fue un tanto ambigua; pronto sin embargo, comenzó a decantarse hacia los Reyes Católicos, probablemente por la presión que sobre él venían ejerciendo sus parientes, los Mendoza. Desde luego, nada más fallecer el rey acudió a Segovia para jurar a la princesa como reina. La pareja real, por su parte, también trató de atraerlo a su lado, pues, al fin y al cabo, D. Beltrán era uno de los grandes señores de Castilla. Decidieron por tanto incorporarle a su bando, y para ello accedieron gustosos a su petición de confirmarle en la posesión de todas sus villas y lugares que Enrique IV le había concedido. Aseguradas su vida y hacienda, el duque se sumo a la causa de Isabel y Fernando. Finalizada la guerra de Sucesión, y una vez asegurados sus dominios, D. Beltrán ya no tenía de que preocuparse. Podría ejercer plenamente la jurisdicción sobre sus villas y lugares.Viudo, ya por dos veces, a D. Beltrán se le presentó la oportunidad de contraer matrimonio por tercera vez. Cuando D. Beltrán casa con Maria de Velasco era ya un hombre muy mayor y de escasa salud. Ahora bien la mujer con la que contraía matrimonio no era una mujer cualquiera, no ya sólo porque se trataba de una Velasco, sino también porque habia sido la viuda de su mas acérrimo enemigo, D. Juan Pacheco, marques de Villena. Paradojas de la vida. D. Beltrán iba a contraer matrimonio con la misma mujer con la misma mujer con la que había gozado Villena en los dos últimos años de su vida. Si ambos habían sido rivales desde el principio, si Pacheco había sido el causante principal de la perdida del maestrazgo de Santiago, iban a compartir en cambio la misma mujer.

D. Beltrán llego a participar en la guerra de Granada que los Reyes Católicos habían emprendido en 1482. Acompaño a D. Fernando en la expedición que este organizo para acudir en ayuda de Alhama sitiada por los granadinos. Formo parte de las huestes que poco después organizo el monarca para penetrar en la vega de Granada, y en 1485 figuró en la vanguardia del ejercito real que conquistó las villas de Coín, Cártama, y Ronda. No pudo participar en las campañas de 1486 por encontrarse muy enfermo. Llego a participar con sus tropas en la conquista de Lorca, e incluso estuvo presente en el primer asedio a la ciudad de Almería. Las fuerzas, sin embargo, le abandonaron y pronto, viejo y enfermo, tuvo que regresar a su residencia de Cuellar. Un monasterio cercano a Cuellar fue el sitio elegido por D. Beltrán de la Cueva para esperar la muerte. Se trataba del monasterio de la Armadilla, en el que se refugia finales de 1492. En sus últimas disposiciones elige como sepultura el convento franciscano de Cuellar, que el mismo había fundado, y mandan que le entierren justo a la entrada de la puerta de la iglesia para que todos los que pasasen al interior del templo pudiesen pisar sus restos. El 2 de noviembre de 1492, muere a la edad de 49 años.

A su muerte sus hijos y su viuda heredaron sus señoríos. En 1477, en reconocimiento por los servicios prestados en la guerra contra Portugal habia obtenido de los reyes la facultad para fundar un mayorazgo en Mombeltrán en los hijos e hijas que tuviera de su segunda esposa, Maria Enríquez, hija de D. García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba, con quien se había casado en 1476. No tuvieron descendencia y Mombeltrán revertió en el primogénito, Francisco Fernández de la Cueva. Constituiría así mismo un mayorazgo en La Adrada, en su segundogénito, Antonio de la Cueva y Mendoza, que sería el iniciador de los señores de La Adrada, que de este modo quedo separada de la rama principal de los Duques de Alburquerque. Durante más de treinta años (1461-1492) fue D. Beltrán de la Cueva señor de Mombeltrán ¿Cómo le recibieron y le enjuiciaron sus vasallos? Evidentemente la notificación de un nuevo señor, tan discutido, en cierto modo representaba una liberación de D. Álvaro de Luna y le recibirían con curiosidad, lejos de aquella hostilidad manifiesta hacia el Condestable Ruy López Dávalos, “el peor señor que tuvo esta villa, que impuso en alto muchas imposiciones” según consta en documentos. Con residencia en la villa de Cuellar, villa más rica, y con un castillo-palacio, el Duque sólo se desplazaba a la villa de Mombeltran de vez en cuando para confirmar regidores, recoger las tercias y frutos y seguir de cerca la construcción de de la fortaleza

miércoles, 29 de abril de 2009

El Castillo de Mombeltrán. Ávila.

Esta entrada, fotos y texto, es un trabajo enviado por José Luis Martín Tejero. Le estoy profundamente agradecida por compartir en este blog su trabajo. Foto tomada en diciembre de 2008.

Para comprender, tanto en una primera época, el emplazamiento de la villa, como posteriormente la idoneidad y el acierto de la ubicación de la fortaleza quizás sea necesario un breve recordatorio acerca de donde nos encontramos y las connotaciones que conllevaba. La colosal espina montañosa que atraviesa el sur de la provincia de Ávila de Este a Oeste, con alturas superiores a los 2000 metros constituye una muralla natural entre ambas submesetas, haciendo muy complicado su paso, salvo por los puertos de montaña, no exentos de dificultades en épocas invernales.

Esta realidad marca la importancia natural e histórica de lo que conocemos como “El Barranco”. En una extensión de más de 100 Km., entre el Valle del Jerte y el Valle del Alberche, el Puerto del Pico es el paso natural que mejor sirve para poner en comunicación las altas tierras de Castilla con las tierras de Toledo y Extremadura. Mombeltran, que debe su nombre a D. Beltrán de la Cueva, se llamaba anteriormente Colmenar de las Ferrerías ó de Arenas y parece ser que en el lugar donde hoy se levanta el castillo hubo anteriormente una torre fortaleza ó especie de atalaya fortificada, ya que en la obra de Francisco de Asís Veas Arteseros editada por la Universidad de Murcia “Itinerarios de Enrique III”, hace referencia de un viaje del citado monarca fechado en 1393 y ya cita que habia una fortaleza en El Colmenar de Arenas. Puestos a hacer conjeturas podría pensarse que pudiera haber existido alguna torre defensiva, y que posteriormente hubiese formado parte del castillo que hoy conocemos y cuya propiedad podría atribuirse a Ruy Lopéz Dávalos.
En 1422 la villa es entregada al infante don Juan de Aragón, rey de Navarra, a quien se la confiscan en 1431 para entregársela a Álvaro de Luna. A la muerte de este, en 1453, Juan II de Castilla otorga la villa a la viuda de Álvaro de Luna, Juana de Pimentel (La triste condesa). Sin embargo en 1461 Enrique IV se la quita y la dona a don Beltrán de la Cueva. Los estados de los Duques de Alburquerque tienen su origen en las donaciones que el primer duque don Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV, obtiene de este rey en los años 60´del siglo XIV. La capital de su señorio estaba en Cuellar, y dentro de Castilla León, tenia también fortalezas en Roa, Ledesma, Peñalcazar, Torregalindo, Mombeltrán y La Adrada, estas dos últimas de vital importancia para el control de comunicación de la meseta norte con Toledo.
El castillo se alza en un otero y junto al río Vita, afluente del Ramacastañas, desde el cual se divisa todo el valle. Se construye en las afueras del pueblo separado por lo que entonces se llamaba el sitio de La Cebada, hoy conocido por el jardín de la Soledad. Para las obras del castillo se destinaron las rentas del montazgo obtenidas en Arroyo Castaño. Beltrán de la Cueva lo manda construir y se realiza entre 1462 y 1474, aunque parece probable que no fue habitado hasta 1480.
Se valió para ello de las rentas del montazgo que se cobraba a los ganados que atravesaban el Puerto del Pico. Con estos ingresos D. Beltrán pudo pagar la mano de obra especializada que se hallaba realizando la cantería en la obra de su construcción. También fue necesaria la aportación obligada de los vasallos del hasta hacia poco Colmenar y que paso a llamarse Mombeltrán: los vecinos del pueblo tuvieron que trabajar en el transporte y acarreo de piedras y los diversos materiales utilizando para ello sus carretas, lo que generó no pocos conflictos entre el Duque y sus vasallos a los cuales no les hacia ninguna gracia trabajar gratis. Las obras de la Iglesia tuvieron que paralizarse a fin de dar prioridad al castillo. Posteriormente se realizaron obras en el siglo XVI, lo que transformo de manera ostensible la rustica fortaleza original en un palacio acondicionado para poder servir como residencia de los duques.
Su estructura se vio afectada en los primeros años del siglo XVI, cuando el II Duque de Alburquerque, don Francisco Fernández de la Cueva elimino el puente levadizo, abrió con toda probabilidad los balcones y relleno el foso con un talud. Además, algunos autores apuntan a que la construcción de la portada renacentista, en donde el Duque puso el escudo y la corona ducal, obedecieron a que la nobleza castellana se vio en la necesidad de reforzar sus fortalezas contra los posibles levantamientos populares en época de las Comunidades. Precisamente el lugar donde se construyó la citada portada era el frente más vulnerable del castillo.
En la segunda etapa constructiva (realizada por el II Duque don Federico de la Cueva) corresponde la antepuerta curva adosada al lienzo norte de la barrera, cuyo acceso esta flaqueado por dos borjes dotados de las mismas troneras de palo y orbe que ya aparecen en los merlones y antepechos de los adarves y terrados.Precisamente a esa barrera ó falsabraga se le adosó exteriormente un alambor de corto releje (60º) que alcanza las tres quintas partes de su altura, supuestamente para reforzarla contra los efectos de la pirobalística, pero que sorprendentemente está ahuecado por el recorrido de una manga perimetral, aparentemente inútil, y que en cualquier caso debió debilitar considerablemente al mencionado alambor. La obra principal del castillo, el actual recinto interior, presenta en su entrada un grupo de tres escudos idénticos a los que aparecen en la puerta del castillo de Cuellar. Los escudos representan las armas reales de Castilla León, las de Beltran de la Cueva y las que tuvo su primera mujer, Mencia de Mendoza, con la que estuvo casado entre 1462 y 1476, fechas mas que probable en que debió construirse este recinto principal.Algunos especialistas hablan de la falta de remate de la torre del homenaje e indican que la obra no llego a terminarse, pues bien, hay testimonios de que el tejado que cubría la torre del homenaje se desescombro durante la segunda mitad del siglo pasado y los restos de escombro de ese trabajo pueden apreciarse al pie de la Torre del Homenaje en el paseo de la liza, junto a la entrada del castillo citada anteriormente. En 1462 el rey expide una cédula en la que ordena que la villa de Colmenar de las Arenas se llame en adelante Mombeltrán. El castillo de Mombeltrán se ha atribuido al arquitecto Juan Guas, especialmente por el parecido de los canecillos del almenaje con los del castillo de Manzanares el Real. La muerte de Enrique IV, en 1974, provocó que Juana Pimentel reclamase a la nueva reina , Isabel la Católica, sus derechos sobre Mombeltran, alegando la injusticia de la confiscación sufrida por orden del monarca anterior.
Pese a que en 1475 Beltrán llega a un acuerdo con Juana de Pimentel y con Juan II de Aragón, que también había reclamado sus derechos, y pese a que, en 1476, Isabel la Católica confirma el señorío a Beltrán de la Cueva, la incertidumbre sobre su dominio pudo acelerar la terminación de las obras, especialmente la barrera artillera en la que aparecen ya los escudos de su segunda mujer, Mencia Enríquez de Toledo. La muerte de esta, en 1479, marca claramente la cronología posible de la barrera que, sin embargo, pudo haberse comenzado antes de 1476. A la conservación de los estados de Beltrán de la Cueva al llegar al trono la princesa Isabel, con la que el duque de Alba había mantenido cierto enfrentamiento, no fue ajena la política matrimonial de este, al casar con una hija del duque de Alba.
En este sentido cabe interpretar que la dote que otorga Beltrán a su esposa incluya la hipoteca de Mombeltran y que en 1477 obtuviera privilegio de Fernando el Católico para fundar nuevo mayorazgo con la villa de Mombeltran a favor de los hijos que pudiera tener con la hija del duque de Alba (Dñª. Mencia Enríquez de Toledo), en contra de los derechos de su primogénito. La muerte de su segunda esposa sin hijos no impide al duque seguir utilizando Mombeltran como pago de su política matrimonial y casa de nuevo con Dñª. Maria de Castilla, hija de los influyentes Condestables de Castilla. En 1482 otorga mayorazgo con los hijos pudiera tener con su tercera esposa. Sin embargo, en 1483, Beltrán declara que este nuevo mayorazgo, en contra de los derechos de su primogénito, no había sido hecho por “su voluntad”. A la muerte de don Beltrán en 1492, el castillo de Mombeltran es ocupado por la viuda, que pretende defender así los derechos de su hijo, Cristóbal de la Cueva. El primogénito Francisco de la Cueva, II duque de Alburquerque, se ve forzado entonces a permutar su villa de Roa por Mombeltran, en un acuerdo que provocará grandes recelos entre el nuevo duque y su madrastra.
El refuerzo de la barrera (alambor) con un nuevo chapado en cuyo interior se aloja una galería perimetral, podría atribuirse a este II duque y coincide con las obras de refuerzo ejecutadas en el castillo de Cuéllar, también propiedad del Duque. Durante la revuelta de la Comunidades ”los de la villa de Mombeltrán e su tierra comenzaron a hacer las alteraciones” hasta que en 1521, “se asosego la cidad de Toledo”. Estos disturbios obligaron al duque a gastar mientras duró la contienda 448.588 maravedies en abastecer y pertrechar la fortaleza, desplazando incluso tropas desde Cuellar. En 1526, a la muerte de Francisco de la Cueva, habia en el castillo diversa artilleria, entre las que destacan “veinte y seis escopetas con un par de moldes para las pelotas y con veinte y tres bolsas para la polvora, dos espingardones antiguos, una lombarda mediana con su servidor, cinco tiros (cuatro medias lombarderas y un pasamuros), sos mosquetes de metal, mas diez y seis libras de pelotas de plomo para escopetas”
Don Beltrán de la Cueva levanta la fortaleza no solo como baluarte de contención para los que pasaran el puerto del Pico ó subían de Toledo y Extremadura en plan bélico, sino como mansión aseguradora de sus dominios. Don Beltrán contó con la forzada colaboración de sus vasallos que fueron obligados al acarreo y transporte de materiales, llevando sus carretas a requerimiento del Duque. El castillo nunca conoció acciones guerreras y en este sentido es una empresa frustrada. Durante siglos fue habitado esporádicamente por los Duques de Alburquerque. La cosecha de vino que se recolectaba en la dehesa anexa se almacenaba en las cuevas, aun hoy existentes, adjuntas al castillo. Algunas fuentes nos hablan de que en el paseo de la liza ó ronda hubo naranjos, hoy desaparecidos. Entre las obligaciones del alcaide de la fortaleza estaba la de enviar al señor el fruto de los mismos.
El castillo de Mombeltran se ha atribuido al arquitecto Juan Guas, especialmente por el parecido de los canecillos del almenaje con los que se atribuyen a este arquitecto en el castillo de Manzanares el Real. La disposición en planta de la obra y especialmente la barrera, sin torres, y adaptándose perfectamente al perímetro del cuerpo central, recuerda a la planta del castillo madrileño y a los restos aparecidos en Alba de Tormes. La presencia de diferentes escudos, correspondientes a la primera y segunda mujer de don Beltrán de la Cueva, podría indicar que el cuerpo principal y la barrera son dos fases constructivas independientes.Las últimas obras hechas ya con el II duque, Francisco de la Cueva, podrían corresponder al chapado de la barrera, con su galería intramuros (sotierra), heredera de las galerías del castillo de la Mota, aunque de proporciones mucho menores. Este reforzamiento de las defensas debió incluir también una barbacana semicircular delante de la puerta de la barrera con acceso desenfilado respecto a ésta, para evitar que pudiera ser alcanzada por la artillería.
La puerta de esta barbacana, con las torrecillas ó garitones sobre lampeas, hoy semienterradas, debió ser reformada no ejecutada de nuevo, a partir de 1734 por Francisco de la Cueva, XI duque de Alburquerque, casado en ese año con Dña. Agustina Ramona de Siva, por cuanto el escudo que campea en la puerta corresponde a este matrimonio. El patio palacial, donde también aparece el mismo escudo, debió de hacerse en esta época y las causas de una reforma tan tardía en una fortificación medieval pueden estar relacionadas con la enfermedad que obligo al duque a vivir retirado en el campo hasta el día de su muerte en 1757.
El castillo de Mombeltrán es un edificio histórico del siglo XV con detalles artisticos propios de la época medieval, del esplendor de los de la Cueva, la familia que decidió construirlo para su uso y disfrute. Los villanos ha observado con indiferencia el progresivo deterioro de la fortaleza que ellos mismos construyeron soportando impuestos leoninos y acarreando piedras y otros materiales durante años sin recibir nada a cambio. Sus dueños actuales "pasan" del castillo y de su historia (ni comen ni dejan comer, como dicen en mi pueblo) con lo que posiblemente la única salida al respecto sea la expropiación, proceso largo, complicado y costoso para un ayuntamiento carente de sensibilidad, presupuesto e ideas y sobrado de ambiciones personales, pero que devolvería el edificio a los verdaderos dueños morales: los vecinos de la Villa de Mombeltrán.

sábado, 7 de marzo de 2009

Rejas. Antigua Guatemala.


Desde El Salvador. En una visita a la Antigua Guatemala, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, un lector del Blog nos envia estas fotos de rejas, llamadas allí Balcones. Muchas Gracias.
Antigua, también Antigua Guatemala, es una ciudad del sur de Guatemala, capital del departamento de Sacatepéquez, cerca de la Ciudad de Guatemala. Es una hermosa ciudad colonial donde el tiempo se ha detenido. Fundada el 10 de marzo de 1543 en el valle de Panchoy por el español Francisco de la Cueva. Construida para funcionar como sede gubernativa del reino de Guatemala, que incluía Centroamérica, Chiapas y Tabasco. Ha conservado rasgos arquitectónicos característicos de las ciudades que surgieron en la América hispánica durante el siglo XVI y el mágico encanto que entremezcla la cultura española y la indígena. Es una verdadera joya colonial del Nuevo Mundo que guarda la imagen de una típica ciudad española del siglo XVII

miércoles, 4 de junio de 2008

Rejas. (I)

Tragacete. Cuenca.
Tragacete. Cuenca.
Tragacete. Cuenca.
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín.
Albarracín.

Pozondón. Teruel.
Loranca del Campo. Cuenca
Huelves. Cuenca.

Cervera del LLano. Cuenca.
Burgo de Osma. Soria.
Almansa. Albacete.

Si tienes fotos de REJAS (ventanas), a ser posible antiguas, y quieres compartirlas...Gracias.