Puede el licenciado de Toledo llamado Alonso de Narbona referirse al monasterio de Santo Domingo pero al de Toledo, al monasterio de Santo Domingo el Antiguo, o bien al monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid? En la iglesia de este monasterio fundado en el siglo XI está enterrado El Greco. En siete días del mes de abril de 1614, falleció Dominico Greco. No hizo testamento. Recibió los sacramentos. Enterrose en Santo Domingo el Antiguo. Dio velas. Así queda registrada en el Libro de Entierros de Santo Tomé, su parroquia, la muerte del Pintor. En 1364, se funda en Toledo el monasterio de Santo Domingo el Real de monjas dominicas[1]. Podemos suponer que el tercer conde de Cervera se equivocara y se refiera al convento de Toledo escribiendo Madrid.
domingo, 1 de marzo de 2026
lunes, 8 de mayo de 2023
domingo, 28 de febrero de 2021
Incautación de los bienes religiosos desamortizados. Monasterio Bernardo de Nuestra Señora de Monte Sión. Toledo
Ángela Franco. Doña Catalina Núñez, segunda esposa de Alonso Álvarez de Toledo, fundadora del desaparecido Monasterio de Santa Clara, en Madrid. Avatares históricos y consideraciones artísticas», Anales del Instituto de Estudios Madrileños (Madrid), LVII (2017), págs. 327-375.
El Ministerio de Hacienda, a través de los intendentes, comisionados y contadores de arbitrios, se haría cargo de los bienes destinados a la amortización de la deuda, en tanto el Ministerio de la Gobernación, por medio de las comisiones civiles por el designadas, le corresponderían los objetos relacionados con las ciencias y las artes: bibliotecas, pinturas, esculturas, etc. Por su parte, los obispos se harían cargo de los objetos litúrgicos, vasos sagrados y ornamentos.
Intervinieron asimismo la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que desempeñó un destacado papel en la salvaguarda del patrimonio cultural, y en menor medida, la Academia de la Historia y Sociedades Económicas . Los bienes muebles de monasterios y conventos se catalogaron en cuatro grupos diferentes según el destino determinado por las medidas legales: 1º. Los destinados a la venta: víveres, frutos, caldos, muebles de uso de la comunidad, aperos de labranza, adornos, ganados, utensilios de cocina, etc. 2º. Los bienes culturales artísticos y literarios constituidos por las pinturas, esculturas y bibliotecas de los conventos, adjudicados a los museos y bibliotecas públicas. 3º. Los objetos de culto y ornamentos sagrados que deberían ser entregados a las parroquias e iglesias abiertas. 4º. Los muebles de uso personal de los religiosos que, considerados como bienes particulares, podían entregárseles en el momento de su exclaustración .
Entre las actividades desarrolladas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando figuró la creación de algunas comisiones en un escaso número de provincias, que funcionaron como asesoras de las comisiones civiles, aunque en Madrid, Toledo y Ávila fueron las que confeccionaron los inventarios. La formación de los inventarios no se verificó simultáneamente en todos ellos y tampoco concurrieron oportunamente los delegados de las autoridades civil y eclesiástica.
A finales de octubre se habían realizado los inventarios de diecisiete conventos de Toledo y su partido.
En algunos, como la Sisla y Monte Sión, emplazados extramuros de la ciudad, cuando se fue a tomar posesión de ellos, no se hallaron existencias de frutos en los almacenes ni objetos muebles; se habían vendido las caballerías, aperos de labranza, ganado lanar, etc. Eran considerados entre los más ricos, con gran número de tierras y elevadas rentas. El convento de los bernardos tenía propiedades en las provincias de Toledo, Cuenca y Guadalajara. La extensión de sus fincas se evaluó en unas 3.600 hectáreas y la renta en unos 50.000 reales anuales30. Según afirmaciones del comisionado aparecieron completamente desmantelados: “En el espacio de 15 días los frutos, granos y existencias han desaparecido. No queda más que el edificio y tierras incultas porque las labranzas las tienen arrendadas y tomado dinero por adelantado como aparece en los contratos celebrados. Han arrendado los pastos con fecha 1º de septiembre exigiendo a los arrendadores la mitad del importe a la firma del contrato por lo que sólo se podrá obtener la ganancia del valor de unos miserables muebles que los más infelices vecinos no quieren” .
Ante las irregularidades e ignorancia de muchos empleados del gobierno para controlar la enajenación de los bienes artísticos de los conventos, la Academia de San Fernando adquiere protagonismo para solucionar la caótica situación. La mayoría de los organismos culturales, la prensa y el propio Gobierno coincidían en afirmar que la riqueza cultural de los monasterios y conventos era considerable. Revista Española se refería en 1835 a que las riquezas en escultura, pintura y manuscritos eran numerosas y muy apreciadas por los extranjeros que acudían no sólo a estudiarlas y copiarlas, sino también a sustraerlas para exportarlas a sus países. Sin embargo, más que la calidad de muchas obras, era la cantidad la que imperaba, aunque, por diversas razones, algunos de los objetos más valiosos no llegaron a manos del Estado. No hay que olvidar las ventas clandestinas de obras a comisiones extranjeras así como a particulares y la entrega de otras a las iglesias que permanecieron abiertas.
El Ministerio del Interior a instancias de la Academia, ordenó la creación de comisiones artísticas dependientes de ella, con la finalidad de que recorriesen las provincias y averiguase la riqueza artística que había sido transferida al Estado. No llegaron a funcionar en todas las provincias; solamente pudieron recorrer algunas: Madrid, Burgos, Toledo, Salamanca, Ávila, Segovia, Valladolid, Zamora y Palencia.
La Academia organizó comisiones para desplazarse a las provincias e inventariar los bienes artísticos para su futura recogida. La primera de dichas comisiones fue la presidida por el pintor de Cámara Juan Gálvez, cuya actuación se desarrolló en Madrid, Alcalá y Toledo, y contó con la colaboración de otras de tipo eventual asociadas temporalmente a ella. La comisión en la que trabajó también su hijo Miguel Gálvez, invirtió 397 días, más de un año, en inventariar y recoger los objetos artísticos de los conventos de Madrid, Alcalá y Toledo. En Madrid permaneció 192 días, en Alcalá 47, en El Paular 50; el resto del tiempo lo ocupó en el traslado de los mismos a la Academia y en la formación de un inventario general.
Al iniciar sus trabajos en los conventos de Madrid, las comisiones civiles,
encargadas de incautarse de los efectos culturales y artísticos, ya se habían
hecho cargo de los de varios conventos, aunque posteriormente también fueron
trasladados a la Academia. La primera operación realizada por Gálvez fue
efectuar un reconocimiento general de los objetos con el fin de asegurarlos en
la medida de lo posible y contribuir a preservarlos. Objetos valiosísimos
desaparecieron, como el altar de oro y marfil regalado por la Reina Isabel la
Católica a la fundadora del convento de Santa Clara, donde se contabilizó un
cuadro de buena calidad entre los cuadros procedentes de conventos madrileños,
según comunicación de Juan Gálvez. A continuación procedieron a la formación de
inventarios, ya que los confeccionados por los comisionados civiles resultaban
inservibles, por ser incompletos y deficientes. Tampoco existía una normativa
sobre la pertenencia o no al Estado de objetos que se decían ser de patronato o
de hermandades. Por otra parte el Gobierno no había adoptado fórmulas en cuanto
a iglesias de conventos que iban a quedar abiertas al culto, y muchas de las
capillas guardaban obras importantes, pero se desconocía el paradero de las
llaves y no se les permitía levantar las cerraduras. También se les planteó un
problema con los retablos de las iglesias contenían mármoles y dorados. La
Academia los consideraba obras de arte y susceptibles por tanto de incautación.
Esta opinión contrastaba con la de los comisionados de amortización para
quienes el dorado y los mármoles correspondían a la amortización y no a las
Bellas Artes. Por lo que respecta a bienes artísticos a caballo entre los
muebles y los inmuebles, como los frisos, sepulcros, balaustradas y estatuas
incrustadas en los muros, eran también reclamados frecuentemente, por los
compradores de los edificios por entender que formaban parte del mismo.
A todo lo indicado se unía la falta de medios para
coronar con éxito la desamortización de las obras de arte. Para paliar la
situación, se arbitró la concesión de 6.000 reales en marzo de 1836, pero
resultaron totalmente insuficiente, por lo que hubo se elevarse el presupuesto
a 30.000 reales. Los comisionados de la Academia hicieron inventarios de 37
conventos de la Corte, poco más explícitos que los realizados por los
comisionados de amortización, pero más efectivos. En los cuadros se indicaba el
tema o título, dimensiones y lugar de procedencia, y rara vez el autor, si bien
se trataba de una clasificación provisional, pues más tarde se trasladarían a
la Academia para ser sometidos a una clasificación más científica por una
comisión compuesta por los directores de pintura, escultura, arquitectura y
grabado. De entre los cuadros de los 33 conventos de Madrid, clasificados como
de primera, segunda y tercera, solamente uno del convento de Santa Clara, fue
catalogado en el primer grupo34.
Juan Gálvez también fue comisionado para la
catalogación y obtención de objetos artísticos en los conventos de Toledo. En
esta provincia había 68 conventos suprimidos, 41 de religiosos y 27 de
religiosas, lo que supondría a juicio del comisionado el hallazgo de
importantes obras, pero la realidad fue otra bien distinta. Se unió además el
agravante de también se personaron en Toledo clandestinos extranjeros con ánimo
de apropiarse las obras más relevantes, como los celebres cuadros guardados en
la iglesia del Tránsito.
El barón Taylor, de origen inglés y nacionalizado
francés, y el pintor Dauzats fueron enviados por el rey de Francia Luis Felipe.
Curiosamente ambos eran amigos de Madrazo y el segundo además de Valentín
Carderera, que fue nombrado comisionado de Burgos. Cuando Juan Gálvez llegó a
Toledo los comisionados antedichos, con importantes sumas de dinero, se les
habían adelantado a visitar conventos de religiosas y adquirir cuadros
valiosos. El comisionado de la Academia de San Fernando realizó inventarios de
pinturas y esculturas, que fueron traídas a Madrid, de 19 conventos toledanos,
el más rico de los cuales fue San Pedro Mártir, de donde se incautaron 318
pinturas y 59 esculturas, y traídos a Madrid.
De San Bernardo, fueron incautados 33 cuadros y una
escultura y cuatro traídos a Madrid. Julio Porres consigna muy pocos objetos
litúrgicos: retablos y mesas de altar, sillería de coro, cajonería en la
sacristía, 2 estatuas de piedra con la Virgen y San Bernardo, un escudo de
armas de piedra, de todo lo cual se ignora el paradero. Según él, se ignora si
fueron recogidos por la Comisión de Monumentos. El Gobierno Civil de Toledo
pidió la devolución, en 1844, de las obras trasladadas a Madrid, porque no
disponía de nada apreciable para formar el museo: “Aunque es grande el número
de pinturas recogidas no hay originales ni piezas de mérito de que poder formar
el museo pues si esta capital debía poseerlas por muchos títulos fue despojada
de esa riqueza, ya por el pintor de Cámara Juan Gálvez que trasladó a Madrid
una colección de pinturas escogida y respetable en 1836 y además se cree que
hubo substracciones de dichos efectos en diferentes ocasiones”. Los que no se
trajeron a Madrid fueron depositados en el convento de San Pedro Mártir.
Una fuente documental importante es la aportada por
Esteban de Garibay, ya que efectúa la descripción hacia 1509. El manuscrito se
conserva en la Real Academia de la Historia.
martes, 9 de febrero de 2021
El monasterio de Montesión de Toledo y el Monasterio de Monsalud en Guadalajara. Orden del Cister
I Congreso de Historia de Castilla-La Mancha Tomo VI Campesinos y señores en los siglos XIV y XV, 1988.
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Montesión
http://palomatorrijos.blogspot.com/2012/02/el-contador-alonso-alvarez-de-toledo.html
De acuerdo con las intenciones reformadoras, fue dotado pobremente. Tan sólo contaba en sus inicios con los 600 florines del tesorero y obrero de la catedral de Toledo, Alonso Martínez. Con ellos adquirieron la ermita de Montesión, en la vega de San Román, junto al Tajo y una heredad hasta Peña Ventosa. En 1431, Y ante la falta de recursos, el monasterio admitió como fundadores al contador mayor de Juan II, Alonso Alvarez de Toledo y su mujer, Catalina Núñez. Estos donaron, en diversos momentos, gran parte de la vega de San Román, con el río y soto; un retablo de Flandes, que costó 150.000 maravedíes y 25 florines; ornamentos de brocado para la sacristía con ricas joyas; 30.000 maravedíes de juro en Toledo, Pulgar-Toledo- y Cuenca; y edificaron la iglesia y tres lienzos del claustro, refectorio, capítulo y cocina con otras oficinas.
Entre 1427 y 1446 el tesorero y obrero de la catedral, Alonso Martínez, incorporó al monasterio recién fundado por donaciones sucesivas una viña en Peña Ventosa Mayor; otra en Peña Ventosa Menor; otra en el camino de Vargas, por la que pagó 4.300 maravedíes; una tierra y viña camino de Vargas que costó 2.300 maravedíes; 200 maravedíes de tributo sobre 18 aranzadas y 80 estadales en Benalhavía; la heredad de la vega de San Román; y 15 maravedíes de tributo sobre una viña de aranzada y media.
La pobre dotación y la falta de recursos del monasterio de Montesión fueron suplidas por el de Santa María de Valbuena, desde la incorporación de éste a la reforma, en 1430, y hasta 1447, haciendo frente a los gastos de la edificación del monasterio de Toledo y a los que originaba la extensión de la observancia, favorecida por Juan II.
El monarca concedió a Montesión los privilegios renunciados por Alonso Álvarez de Toledo, su contador: 5.000 maravedíes de juro en las rentas de las alcabalas de especiería y buhonería de Toledo; diez cahíces de trigo, dos de cebada toledanos y 1.000 maravedíes en las alcabalas de la carne y pescado de Toledo; 5.000 maravedíes en las alcabalas de Pulgar; 5.000 maravedíes en las de la leña y el carbón y otros 5.000 en las de la fruta verde y seca de Toledo. Enrique IV confirmó los privilegios de su padre y añadió, también por renuncia de Alonso Alvarez de Toledo, 4.500 maravedíes en los lugares realengos del sexmo del Campo; 3.000 maravedíes en las alcabalas de los lugares realengos del sexmo de Torralba; y 2.500 maravedíes en los lugares realengos de Chillaron, todos ellos en tierra de Cuenca. Los Reyes Católicos los volvieron a confirmar y concedieron por renuncia de García de Toledo, obispo de Astorga, 1.877 maravedíes en la alcabala de la leña; 3.000 maravedíes en la de la especiería y buhonería y 2.000 maravedíes en la de la fruta de Toledo; más por renuncia de Pedro Núñez de Toledo, 6.000 maravedíes de juro en las alcabalas de Casasbuenas, en el arcedianazgo de Toledo.
La adquisición de tierras se realiza muy lentamente, debido a la falta de recursos del monasterio. Hasta 1450 sólo habían comprado tres viñas de pequeña extensión, con un gasto de 2.850 maravedíes linderas con las tierras del monasterio. Esta es la tónica general, pequeñas propiedades, plantadas sobre todo vides, aunque no faltan referencias a frutales y olivares todas ellas en las proximidades del monasterio, o lindantes con tierras que ya son de su propiedad, en el camino de Corral Rubio, en Peña Ventosa y la Bastida. Por ellas se pagaron reducidas cantidades de dinero. En 1450 se hacen tres compras por un monto total de 6.900 maravedíes, dos en 1456 por 5.050 maravedíes; dos en 1458 por 495 maravedíes; dos en 1460 por 2.000 maravedíes y diez fanegas de cebada; una en 1462 por 550 maravedíes, tres en 1464 por 2.800 maravedíes; dos en 1465 por 2.200 maravedíes; dos en 1467 por 17.000 maravedíes; dos en 1468 por 2.026 maravedíes; una en 1471 por 2.000 maravedíes; una en 1474 por 300 maravedíes y una en 1475 por 470 maravedíes. Hasta 1483 no adquiere el monasterio dos heredades mayores, una el 10 de marzo, de Jacob Hahen Camerro y doña Cinha su mujer, que venden por 11.000 maravedíes, su heredad de Guajaraz, Toledo, con sus casas, tierras y majuelo, en el camino viejo de Guadamur; la otra el 31 de mayo de 1483, de Bernardino de Toledo y su mujer que venden la heredad de Valhermoso con unas casas, viñas, árboles y tierras, con carga de ciertos tributos en algunas viñas. Pagó el monasterio 35.000 maravedíes por la heredad y 10.000 más por los muebles de la casa.
En 1485 García Álvarez de Toledo, obispo de Astorga, donó al monasterio 100.000 maravedíes para la compra de heredades. Con este dinero se adquirieron cinco viñas en 1486 por 11.400 maravedíes. Ese año se compraron también sin que la documentación señale que con cargo a los "dineros del obispo", otras cuatro viñas, con un coste de 20.350 maravedíes.
Las dos últimas adquisiciones fueron una tierra calma junto a la granja del monasterio, por 50 reales, en 1490. Y la primera dehesa, pagada con parte de 400.000 maravedíes que donó en el año 1502 el administrador apostólico de Coria. Con ellos se compró la mitad de las dehesas de Ciruelos y San Esteban, en la sierra de Layos en término de Mazarambroz, y los derechos sobre el molino de San Martín, a la cofradía de San Miguel y San Bartolomé, por 336.000 maravedís. También compró el monasterio otros bienes urbanos: una casa en el arrabal, en la calle de Rocines, que estaba arrendada en 750 maravedíes; dos gallinas y 1/4 de arroba de ajos, por 13.000 maravedíes en 1486. Y en 1490 adquirió de Luis Alvarez los batanes de Corral Rubio por 100.000 maravedíes. Una parte importante del patrimonio procede de donaciones, entre vivos o testamentarías, que mantienen la misma tónica de pequeñas propiedades, viñas, olivares y tierras cercanas al monasterio, en Nambroca y Sonseca, algunas de ellas cargadas con un tributo.
Otras donaciones aportaron rentas: 10 fanegas de sal sobre las salinas de Peralejos, en 1438; otras seis sobre las de Abejares, en 1457; 200 fanegas de trigo de la medida mayor, situadas en las tercias de pan de Malagón, Villarrubia y Piedrabuena, donadas por Rodrigo Girón, Maestre de Calatrava.
Otras donaciones importantes provinieron de Luis Núñez, arcediano de Madrid, que dejó 100.000 maravedíes para concluir el retablo de la capilla de su enterramiento, colgaduras, alfombras, ornamentos, cálices, cruces y candeleros para la capilla; más 100 volúmenes de libros. Del remanente del testamento el monasterio recibió 66.140 maravedíes que en gran parte se dedicaron a la compra de heredades.
Por último, dos donaciones proceden de monjes en el momento de su profesión: un colmenar en la Garganta, valorado en 25.000 maravedíes, y tres pedazos de viña en Burguillos. El monasterio trocó algunas de estas propiedades, bien por estar gravadas con tributos o por no encontrarse cerca de otras propiedades monacales. Parte del patrimonio se encontraba arrendado, por cantidades pequeñas, dado lo reducido de las propiedades. La mayor parte de los arriendos son casas, bodegas, tiendas y tenerías en Toledo. En resumen, el patrimonio se formó lentamente, mediante adquisiciones de pequeñas propiedades siempre cercanas al monasterio. Hasta principios del siglo XVI no se adquiere la primera dehesa. Durante el siglo XV el monasterio administra directamente sus propiedades, destinando un reducido número de arriendo, predominando entre éstas las fincas urbanas.
Monasterio de Monsalud, Guadalajara
Situado en las proximidades de Córcoles, en el obispado de Cuenca.
Resulta difícil precisar sus orígenes.
Pudo ser fundado en 1141 por Alfonso VII. La noticia parece tomada de los falsos cronicones, pero es imposible contrastarla ya que el archivo del monasterio fue destruido por un incendio de enero de 1428.
Sabemos que en junio de 1167 don Juan, Arcediano de Huete, dio la posesión de la aldea de Córcoles al monasterio cisterciense que llevaba varios años formado y construyéndose, y al que dona sus vacas, yeguas, puercos y colmenas, bienes muebles e inmuebles.
Dos años después, Alfonso VIII confirmó la donación y señaló los términos: desde el río Guadiela hasta Pareja y desde Sacedón a Alcocer. Declara libre el ganado del monasterio en todo el reino y exime de impuestos tanto a los monjes como a sus mercaderías. Es la primera alusión a la ganadería como actividad económica. El mismo monarca le concedió la villa de Alocén en 1177, y en 1210, 20 cahíces de sal en las salinas de Atienza.
Por una Bula de confirmación de Inocencio IV de 1250, conocemos las donaciones territoriales hechas al monasterio de Monsalud hasta entonces: Córcoles, Alcocén; Valdeloso; Cajatono; Valmera, en el camino de Pareja; Buenafuente, pago del término de Córcoles; Villafranca, junto al Tajo, en Auñon; una viña y una fanega de tierra en Villaverde del Costado; en Canalejas y otros lugares.
Por primera vez se hace alusión a las viñas que adquirirán un gran desarrollo durante el s. XV.
Por último, Alfonso XI otorgó carta de amparo para el monasterio y para sus vasallos y ganados.
El s. XIV supone un retroceso en la actividad económica del monasterio, que se ve obligado a vender y a censar algunas de sus propiedades. Otras simplemente fueron usurpadas, como manifiesta Clemente VII en la bula dirigida al arzobispo de Toledo para que desagravie al monasterio de diezmos y otros muchos bienes que tanto eclesiásticos como seglares habían tomado, y para que vuelva y restituya a los monjes en la posesión de todo.
La villa de Auñón había comprado en 1353 el lugar de Villafranca al monasterio.
En 1396 el abad dio en censo un molino que el monasterio de Monsalud tenía en Córcoles al Concejo, con la condición de que éste edificara otro lagar junto a la puerta del monasterio, porque éste carecía de medios para poder hacerlo, más tres cántaros de aceite al año; ya los vecinos de Alocén unos molinos y unas tierras en aquel lugar.
Pero el hecho que marca más claramente el retroceso es el contrato de perpetuo que Fr. Martín Medina, abad de Monsalud, estableció con el obispo de Cuenca sobre toda la hacienda de Picazo y Paradejas, por 500 fanegas de trigo y 1.000 mrs. cada año, puesto todo en Alcocer. Estas heredades, en el s. XVI, llegarán a alcanzar un valor de 100.000 mrs. anuales. Sin embargo el monasterio conservó algunas heredades.
Cuando en 1560 se escribe el Libro de la fundación del Monasterio se señalan varias, de las que no se conoce la fecha de adquisición por el incendio del archivo, pero de las que se señala su "posesión pacífica e inmemorial": en la villa de Salmeroncillos de Abajo una casa, una era y en la vega tierras, con una capacidad de 250 almudadas de sembradura; en la de Valdeolivas una buena casa con corral y una cueva grande y otra pequeña, una tierra y nueve tinajas del Toboso, más 12 pedazos de tierras plantadas de viñas, olivos y frutales; en Villalba, en el lugar de la Moraleja, una casa medio asolada con un corral, y el heredamiento de La Cota; la granja de Villaverde, en término de Castejón, una tierra de 1.117 almudadas de trigo en sembradura, un molino harinero con cinco ruedas, un batán y unas casas con dos corrales y caballerizas.
Cuando en 1489 se hizo el reconocimiento de las heredades de la Moraleja y la Serna se contaron 96.500 vides propiedad del monasterio; y diez años después 22.000 vides en la heredad de la Vega, lo que parece indicar la orientación vitivinícola de su actividad económica.
Fue un monasterio pobre, con escasa comunidad.
En 1560 hay siete sacerdotes, dos ordenados de epístola, un lego, un monje , un clérigo, dos donados y un mozo que donó lo que tenía por su mantenimiento; y estaba cargado de deudas, debiendo 106. 703 mrs., viéndose en la necesidad de vender tierras.
domingo, 17 de mayo de 2020
Esteban Illán. Toledo
Esteban Illán
jueves, 13 de diciembre de 2018
Los de apellido TOLEDO
Número 58. Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo
Con el mismo apellido de Toledo, existen en Castilla varias familias que, a pesar de ser homónimas, ningún parentesco tuvieron entre sí. Así,
los Álvarez de Toledo, Condes y Duques de Alba de Tormes (que usan un célebre jaquelado de plata y azur);
los Álvarez de Toledo de Cuenca, Marqueses de Villamagna, descendientes del converso Alonso Álvarez de Toledo, contador mayor de Castilla entre 1435 y 1456 (que usaban por armas la divisa aragonesa de la Jarra y la Azucena, es decir el emblema de la Virgen, de plata sobre campo de azur, y bordura de oro con cuatro o con ocho estrellas de azur);
los Núñez de Toledo, descendientes del converso médico toledano maestre Alfonso Chirino y de su hijo Francisco Núñez de Toledo, secretario de Enrique IV (que blasonaban de gules-color rojo- con una banda engolada de plata, acompañada en lo alto de un león de oro, y en lo bajo de un tao).
De acuerdo a lo que sabemos del maestre Chirino este no tuvo un hijo llamado Francisco.
Los dos Alonsos pudieran ser conversos y ambos al servicio del rey Juan II de Castilla en dos actividades dominadas en el siglo XV por los conversos como son la medicina y la contabilidad de la Real Hacienda.
Alonso García Chirino en su testamento, otorgado en Medinaceli el 22 de agosto de 1429, yo Maestre Alfonso de Guadalajara lo escribí de mi letra y firmé de mi nombre, y redacto con gran detalle, declara ser casado con doña Violante López de Toledo, y ser sus hijos legítimos y de la dicha su mujer, Fernán Alonso, Juan Alonso y Alonso García.

Armas de los conde de Cedillo
Escudo: Cuartelado; 1º y 4º flanqueados, el jefe de plata y una Cruz de gules; la punta de plata, los dos flancos de gules; sobre el todo, escusón de azur y una Cruz florlisada: el 2º y 3º de oro un castillo. Al timbre Corona de Conde.
Estos Álvarez de Toledo (o Suárez de Toledo o Álvarez Zapata o López de Toledo), radicados en Toledo desde el siglo XIV al menos, y vástagos de los Ajofrín, de los Palomeque y de los Zapata, usaban por armas un castillo de acero (¿azur?) en campo de oro ya en el siglo XIV, como se muestra en el acceso de las casas principales de esta Casa Condal,que fueron de la madre del Rey Católico por herencia de su abuela doña Inés de Ayala, en la hoy llamada plazuela del Rey Don Pedro. Estas armerías primitivas se cuartelarán, desde los mismos días del secretario, con las de los Ajofrín (de azur con una cruz florenzada de plata), y las de los Bocanegra (cuartelado en franje de plata y gules, el jefe de Génova, que es de plata con la cruz llana de San Jorge, de gules). Habitualmente, las armas de Ajofrín se colocarán en escusón, en reiterado brochante sobre las de Bocanegra. Esta composición heráldica, de gran belleza y muy acorde con los usos de la época –en que florecieron las composiciones en cuartelado perfecto–, aparece en muchos monumentos y documentos realizados entre los siglos XVI y XX, tanto en Toledo, como en Cedillo, como en Madrid; llevando por timbre la corona condal a partir de 1624.
Inés de Ayala y Toledo, nieta de los primeros señores de Casarrubios, es por su hija Mariana bisabuela de Fernando El Católico al casar Inés de Ayala y Toledo, IV señora de Casarrubios, con su pariente por la Casa de Mendoza Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla. Padres de Juana Enríquez, mujer de Juan II de Aragón con quien es madre del rey Fernando.
Mientras Inés de Ayala se desposó con el mariscal Diego Fernández de Córdoba, siendo ambos abuelos de la reina de Aragón Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico, su hermana Teresa (m. 1453), señora de Pinto, casó con Fernán Alvarez de Toledo, primer señor de Higares, apodado “el Viejo” (m. 1454).
Fernán Álvarez de Toledo, regidor de la ciudad de Toledo desde 1471, Secretario de los Reyes Católicos,Contador mayor y de su Consejo de Estado, y posteriormente señor de Cedillo por compra de este señorío al tercer Conde de Fuensalida en Toledo, Pedro López de Ayala, cuando éste todavía era menor de edad y vivía aún el segundo Conde. Los Condes de Cedillo emparentaran con los condes de Fuensalida, como veremos.
El 9 de enero de 1487 compró al Conde de Fuensalida el señorío y jurisdicción de la villa de Cedillo. Y en 20 de octubre de 1490 adquirió de Rui López de Toledo, tesorero de la Reina Católica, las casas palaciegas que había edificado en 1335 Suero Téllez de Meneses (†1360), y que más tarde pertenecieron al condestable Rui López Dávalos (†1428), situadas en la plazuela, calle y travesía de San Andrés, que tenían su entrada principal en la plazuela frente al convento de Santa Isabel.
Los señores de Cedillo dejaron de ser condes de Cedillo parece ser por su apoyo a los Comuneros.
Carlos I quita a los Álvarez de Toledo Zapata el título de conde.
Recuperaron dicho título por concesión de Felipe IV el 31 de mayo de 1624.


