lunes, 5 de octubre de 2015

Lenin en Zurich. Suiza


"No soy un desertor ni un refractario, sino un exilado político", declara Lenín a las autoridades en el momento de su llegada a Suiza en 1914. Sin dificultades particulares consigue refugio en el país.

Acompañado por su esposa Nadia Krupskaia, Lenín se establece primero en la tranquila y burguesa ciudad de Berna.



En febrero de 1916, Lenín obtiene autorización para establecerse en Zúrich. Quiere trabajar en algunos libros en los locales de la Biblioteca Central. Es allí donde termina, en particular, su trabajo sobre el Imperialismo como estadio supremo del capitalismo.

Por 24 francos suizos mensuales Lenín subalquila dos habitaciones en la Spiegelgasse 14, en un animado barrio de la vieja ciudad de Zúrich. Ironía de la historia, en el número 1 de la misma calle, nació en la misma época, el movimiento 'dadaista', en el mítico cabaret Voltaire.

Esta estrecha calle de adoquines reúne, lado a lado, los gérmenes de dos revoluciones: una política y otra artística.

"Zúrich nos gusta mucho. El lago es magnífico", escribe Lenín a su madre. El revolucionario se pasea a menudo por las orillas en compañía de su esposa.

Pero el marco de la Spiegelgasse no es tan idílico. "En el patio se siente un horrible olor que proviene de una fábrica de salchichas. Sólo podemos abrir las ventanas durante la noche", escribe Nadia en sus memorias.
Pero el verdadero motivo de la mudanza a Zúrich es político. Lenín sueña con una revolución armada, igualmente posible en Suiza.
Lenín sigue tratando de crear en su entorno un grupo de fieles capaces de defender sus ideas. A pesar de todo es prudente y trata de no hacerse notar demasiado de las autoridades que podrían expulsarlo del país.

Los socialistas de Zúrich, entre ellos: Fritz Platten y Willi Münzenberg, son más radicales y decididos que sus colegas de Berna. Lenín espera entonces más receptividad a sus ideas.

El futuro padre de la revolución rusa se convierte en miembro del Partido Socialista de Zúrich y participa asiduamente en sus reuniones. "Llega temprano y se sienta siempre en la primera fila. Formaba parte de los oyentes más atentos, aunque nunca tomó la palabra", escribirá el socialista Beat Nobs en 1954.

A pesar de todo, en la sombra, Lenín sigue haciendo proselitismo. "Se ponía contento como un niño cuando le decían que había logrado convencer a siete jóvenes proletarios para que ingresaran en su organización", escribe su compañero Georg Zinoviev.

Pero los resultados no aparecen. En 1917 Lenín muestra los primeros signos de resignación. "La izquierda me huye, tanto en Berna como en Zúrich", subraya en algunas cartas.


En esta Plaza de la calle Spiegelgasse esta la casa donde vivió Lenin