miércoles, 8 de junio de 2016

Parque del Oeste. Madrid. Un Jardín Histórico



Fuente de Juan de Villanueva en el Parque del Oeste



Escuela de Cerámica


Antes del siglo XX, los terrenos que actualmente ocupa el Parque del Oeste eran el principal vertedero de basuras de la ciudad. La construcción del parque fue iniciativa de Alberto Aguilera, alcalde de la ciudad a principios del siglo XX, quien en 1906 pidió al paisajista Celedonio Rodrigáñez el trazado de un lugar para el paseo y descanso. Cuenta con lugares únicos y bellos como «Rosaleda del parque del Oeste», en la cual se celebra anualmente un concurso internacional de rosas. El Templo de Debod también se encuentra en esta zona.
La obra comenzó en 1893 y quedó inaugurada la primera fase en 1905. Esta fase comprendía una superficie aproximada de 87 hectáreas entre las actuales calles de Moret, y Séneca, más un Paseo de Coches, hoy Paseo de Camoens.
Durante la Guerra Civil el parque del Oeste se convirtió en campo de batalla de la batalla de la Ciudad Universitaria, abriéndose trincheras y construyéndose búnkeres que todavía hoy se pueden ver en su extremo norte. En 1906 continuaron las obras de la segunda fase, llegando hasta el Cuartel de la Montaña (actual ubicación del Templo de Debod). Se extendió en paralelo al paseo del Pintor Rosales, sobre antiguas escombreras.
Una vez acabada la guerra, Cecilio Rodríguez, responsable de los parques municipales, se encargó de su reconstrucción, que duró hasta finales de los años cuarenta. Se respetó el carácter paisajista, el tipo de plantación y el trazado de los caminos.
Durante los años 1956 y 1973 se amplió, ocupando los terrenos del Cuartel de la Montaña, construyéndose La Rosaleda y el parque de la Montaña, ubicando en él el Templo de Debod.




Monumento a Miguel Hernandez




Discurría por los terrenos del Parque el arroyo de San Bernardino que luego seguía por la calle Princesa e Isaac Peral hasta Cristo Rey lugares conocidos  como camino de San Bernardino o de Las cruces.








Monumento a Simón Bolivar

















Columna a la Virgen