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Florencia Torres de Guzmán
Diego Hernández de Hinestrosa casó con Florencia Torres de Guzmán, señora de la Villa de la Parra de las Vegas en Cuenca.
Este matrimonio mandaron construir en 1554 la
fuente vieja en Villar del Saz a expensas del Concejo. En esta fuente existía
una lapida donde se atestigua la fecha de su construcción y el nombre de los
señores de la villa.
Tenían una casa con torre que le llamaban el
cortijo, tal vez la Torre del Monje. Lugar situado muy cerca de Villares del Saz.
Tenían su escudo de armas en la ermita de Fuensanta
Diego Hernández de Hinestrosa compró a la Corona Villarejo de Periesteban que vendió su viuda en 1577 a Juan del Pozo Palomino.
Hacia la mitad del siglo XVI, la Corona vende la villa de Villarejo de Periesteban, con sus tercias y alcabalas, a Diego Hernández de Hinestrosa, vecino de La Olmeda de las Valeras en Cuenca. Este último pretendía de esa forma mejorar los bienes de su mujer, Florencia de Mejía
Poco después de la muerte de Diego Hernández de Hinestrosa en 1577, es probable que su viuda, o su hijo mayor haya vendido de nuevo la villa al canónigo Juan del Pozo Palomino, de cuya iniciativa se construyó el convento y el puente de San Pablo de Cuenca.
En 1605, tras la muerte de Juan del Pozo, su hermana y heredera Ana del Pozo Palomino vendió la villa al cuarto marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza. Aunque la compra debía mejorar los bienes de su segunda esposa, Villarejo de Per-Esteban fue finalmente incorporada al mayorazgo del marquesado de Cañete, donde permaneció hasta finalizar el Antiguo Régimen.
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Archivo General de Simancas. Primera mitad del siglo XVI
Juro a favor de Diego Fernández de Hinestrosa, Juana Hinestrosa y Gómez Fernández de la Muela, señor de la villa de la Olmeda, de la villa de la Torre del Monje y de la villa de Villar del Saz.
Acompaña:
Fundación de mayorazgo, testamento e información Juro a favor de Diego Fernández de Hinestrosa.
Fundación de mayorazgo y testamento de Gómez Fernández de la Muela, señor de la villa de la Olmeda, de la Torre del Monje y de Villar del Saz.
Fundación de mayorazgo de Juana Hinestrosa. Suegra de Florencia Torres de Guzmán.
Juro a favor de Florencia Torres de Guzmán de 22.100 maravedís.
Juro a favor de Diego Fernández de Hinestrosa, Florencia Mejía de Torres y Guzmán, Gómez Fernández de la Muela, señor de la villa de la Olmeda, de la villa de la Torre del Monje y de la villa de Villar del Saz y Lorenza Mesía de Torres.
Acompaña:
Fundación de mayorazgo, testamento e información de Diego Fernández de Hinestrosa.
Testamento de Florencia Mejía de Torres y Guzmán y Lorenza Mesía de Torres.
Fundación de mayorazgo y testamento de Gómez Fernández de la Muela, señor de la villa de la Olmeda, de la Torre del Monje y de Villar del Saz.
Juana de Hinestrosa, que sigue a su padre en la posesión de La Olmeda de las Valeras, casa con Gómez Hernández de la Muela, señor de Villar del Saz de don Guillen y de la Torre del Monje, junto a Villar.
Gómez Hernández de la Muela estaba enterrado en la capilla mayor de la antigua iglesia del convento de Santo Domingo de Huete de la que era. Sus huesos y los de su mujer Juana de Hinestrosa fueron desenterrados al hacer la nueva iglesia y debido al incumplimiento de las capitulaciones de la dotación y enviados a su nuera Florencia Mexía, señora de La Parra y Villarejo de Periesteban.
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Del canónigo Juan del Pozo sabemos que pasaba alguna temporada en el castillo de Huerta de la obispalía que era propiedad de los obispos de Cuenca. Huerta junto con Abia y Poveda forman la comarca conquense de la Obispalía de la que fueron señores los obispos de Cuenca hasta fines del siglo XVI. Estas tierras estuvieron ocupadas por los musulmanes hasta 1183, año en el que fueron reconquistadas por Alfonso VIII, para donarlas poco después a la Catedral de Cuenca, al obispo Juan Yáñez. La confirmación del la donación se efectuó en el año 1198 al obispo San Julián. Historia de la Obispalía. Carlos Solano Oropesa y Juan Carlos Solano Herranz. Fue dueño de Villarejo Periesteban. En el siglo XVI, Villarejo de Periesteban deja de ser una simple aldea para asumir su dignidad de villa. El censo de pecheros de 1528 indica ya 13 vecinos. Hacia la mitad del siglo XVI, la Corona vende la villa de Villarejo de Periesteban, con sus tercias y alcabalas, a Diego Hernández de Hinestrosa, vecino de La Olmeda. Este último pretendía de esa forma mejorar los bienes de su mujer, Florencia de Mejía Guzmán. Padres de Catalina Hinestrosa y Guzmán. Poco después de la muerte de Diego Hernández de Hinestrosa en 1577, es probable que su viuda, o su hijo mayor hayan vendido de nuevo la villa al canónigo Juan del Pozo Palomino, de cuya iniciativa se construyó el convento y el puente de San Pablo de Cuenca. En 1605, tras la muerte de Juan del Pozo, su hermana y heredera Ana del Pozo Palomino vendió la villa al cuarto marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza. Aunque la compra debía mejorar los bienes de su segunda esposa, Villarejo de Per-Esteban fue finalmente incorporada al Mayorazgo del marquesado de Cañete, donde permaneció hasta finalizar el Antiguo Régimen.
El convento de dominicos de San Pablo de Cuenca fue fundado por en 1523 por el canónigo de Cuenca Juan del Pozo[1], pariente y antepasado de Bartolomé del Pozo y Zúñiga. La iglesia fue bendecida en 1538, sólo un año antes de la muerte del fundador que muere el 5 de noviembre de 1539. Tras su fallecimiento, sería enterrado en el crucero de este templo. El sepulcro estaba cubierto con una lápida de piedra blanca con la figura del difunto y la siguiente inscripción, Aquí está el cuerpo del indigno canónigo Juan del Pozo primero fundador de esta casa y monasterio, pide y ruega por reverencia de Nuestro Señor Dios le supliquen haya misericordia de su ánima, murió año de 1539 a 5 de noviembre[2]. La Iglesia fue utilizada por el Obispado para conciertos de música religiosa y las dependencias del convento fueron convertidas, en 1993, en Parador Nacional de Turismo. El Obispado cedió el templo al Ministerio de Cultura en 2005 y éste lo cedió a la Fundación Torner para instalar en ella el Espacio Torner donde se exponen unas cuarentas obras, en pintura y escultura del artista conquense Gustavo Torner.
La capilla de Pozo o de San Roque de la catedral de Cuenca fue fundada por el canónigo Juan del Pozo en 1503, en el lugar contiguo del Transparente y trasladada a su emplazamiento actual en el siglo XVIII. Se encuentra ya en la parte posterior del ábside de de la Capilla Mayor, entre la Capilla del canónigo y arcipreste Antonio Barba, el escudo de armas de este arcipreste se ve en la fachada de la casa del canónigo Juan del Pozo[3], y la Capilla del Transparente. La Reja de esta Capilla del Transparente es la única completamente gótica de la Catedral realizada hacia el año 1511 [4]. Antonio Barba compra la casa del canónigo Juan del Pozo y en ella pone su escudo de armas pasando a formar parte del mayorazgo que funda su sobrino Luis Barba Cossío, sucesor de su tío en la dignidad de Arcipreste de Cuenca.
El puente de San Pablo para salvar la Hoz del Río Huecar fue edificado en piedra entre 1533 y 1589 también por iniciativa del canónigo Juan del Pozo que muere en 1539, seis años después del comienzo de la construcción del puente. Estaba formado por cinco arcos apoyados en pilares muy toscos, en forma de torres, de las que aún quedan en pie algunos restos. Desde el XVIII fue sufriendo un proceso de ruina que concluyó con su derribo total a finales del XIX. En 1902 se levantó la actual pasarela, el más significativo ejemplo existente en Cuenca de la arquitectura del hierro propia de la época. Tiene una altura aproximadamente de 60 metros.
También otro bien cultural de la ciudad de Cuenca está relacionado con la familia del canónigo Juan del Pozo. Un cuadro del obispo San Julián, Patrón de Cuenca y titular de la Catedral junto con Santa María fue donado por el Cabildo de Cuenca al de Burgos. El 4 de diciembre de 1599, Juan del Pozo Palomino, teniente Deán de la Catedral de Cuenca escribe al Cabildo de Burgos indicando el beneplácito de Roma para que celebren la festividad de San Julián con la mayor solemnidad, por lo que el Cabildo burgalés adquiere dos esculturas que actualmente con el cuadro, se veneran en la Catedral de Burgos. Desde comienzos del siglo XVIII hay en Burgos una reliquia de San Julián, un dedo, que es envidada para colocarla en la Santa Iglesia de esa Ciudad por haber sido el Santo hijo y vecino de Burgos.
El canónigo Juan del Pozo compra a la madre de la quinta señora de Valdeloso la aldea de Villarejo Periesteban, que había sido posesión de la abuela de la señora de Valdeloso. En 1605, tras la muerte de Juan del Pozo, su hermana y heredera Ana del Pozo Palomino vendió la villa al cuarto marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza. Fue incorporada al mayorazgo del marquesado de Cañete, donde permaneció hasta finalizar el Antiguo Régimen.
[1] Del canónigo
Juan del Pozo sabemos que pasaba alguna temporada en el castillo de Huerta de
la obispalía que era propiedad de los obispos de Cuenca. Huerta junto con Abia
y Poveda forman la comarca conquense de la Obispalía de la que fueron señores
los obispos de Cuenca hasta fines del siglo XVI. Estas tierras estuvieron
ocupadas por los musulmanes hasta 1183, año en el que fueron reconquistadas por
Alfonso VIII, para donarlas poco después a la Catedral de Cuenca, al obispo
Juan Yáñez. La confirmación del la donación se efectuó en el año 1198 al obispo
San Julián. Historia de la Obispalía. Carlos Solano Oropesa y Juan Carlos
Solano Herranz. Fue dueño de Villarejo Periesteban. En el siglo XVI, Villarejo
de Periesteban deja de ser una simple aldea para asumir su dignidad de villa. El
censo de pecheros de 1528 indica ya 13 vecinos. Hacia la mitad del siglo XVI,
la Corona vende la villa de Villarejo de Periesteban, con sus tercias y
alcabalas, a Diego Hernández de Hinestrosa, vecino de La Olmeda. Este último
pretendía de esa forma mejorar los bienes de su mujer, Florencia de Mejía
Guzmán. Padres de Catalina Hinestrosa y Guzmán. Poco después de la muerte de
Diego Hernández de Hinestrosa en 1577, es probable que su viuda, o su hijo
mayor hayan vendido de nuevo la villa al canónigo Juan del Pozo Palomino, de
cuya iniciativa se construyó el convento y el puente de San Pablo de Cuenca. En
1605, tras la muerte de Juan del Pozo, su hermana y heredera Ana del Pozo
Palomino vendió la villa al cuarto marqués de Cañete, García Hurtado de
Mendoza. Aunque la compra debía mejorar los bienes de su segunda esposa,
Villarejo de Per-Esteban fue finalmente incorporada al Mayorazgo del marquesado
de Cañete, donde permaneció hasta finalizar el Antiguo Régimen.
[2] En cuanto a las
diferentes utilizaciones del edificio a lo largo de la historia, decir que éste
permaneció como convento hasta 1836, cuando, tras la Desamortización de
Mendizábal, fueron expulsados los monjes; en 1885, durante la epidemia de
cólera, fue utilizado como hospital; posteriormente, Don Miguel Payá y Rico
(1811-1891), obispo de Cuenca entre 1857 y 1874, dispuso su utilización como
colegio para los niños pobres; en 1887, Don Juan María Valero Nacarino, obispo
de la ciudad entre 1882 y 1890), estableció en él el Seminario Menor, para
seminaristas externos con pensión menor a la del Seminario de San Julián; el 3
de julio de 1922, Don Cruz Laplana y Laguna (Plan, Huesca, 1875 – fusilado
cerca de Villar de Olaya, Cuenca, 1936) cedió el edificio a los monjes paúles
para que lo utilizaran como seminario de sus teólogos, en donde permanecieron
hasta su expulsión a principios de 1936; a continuación, fue utilizado como
guardería hasta el inicio de la Guerra Civil Española, cuando el edificio fue
asaltado y expoliado, quedando destruidos altares y retablos, perdiéndose entre
estos últimos el Retablo Mayor, de estilo gótico, que antes había pertenecido a
la Catedral; tras el fin de la guerra, volvieron los monjes paúles al convento
y reabrieron el Seminario, permaneciendo en él hasta el año 1974; más adelante,
la Iglesia fue utilizada por el Obispado conquense como espacio en el que dar
los conciertos de música religiosa y las dependencias del convento fueron
convertidas, en 1993, en un Parador Nacional de Turismo. Finalmente, el
Obispado cedió el templo al Ministerio de Cultura en 2005 y tras una importante
restauración e intervención arqueológica, éste la cedió a la Fundación Torner,
para instalar en ella el Espacio Torner, en el que se exponen unas cuarentas
obras, en pintura y escultura, del artista conquense Gustavo Torner.
[3] Antonio Barba
que fue arcipreste de Cuenca y otorgó testamento en esa ciudad el 21 de mayo de
1570 y falleció el 12 de diciembre de 1571, siendo enterrado en la catedral, en
una capilla enrejada con sus armas. Es citado por los genealogistas clásicos ya
que fue autor de una obra manuscrita titulada Linaje de Sarmientos y de Barbas.
Los Barba debieron comprar la casa del canónigo Juan del Pozo pues en la
fachada de la casa de este canónigo en la calle de San Pedro, número 2 y 4, se
ven las armas de los Barba. Luis Barba Cossío, que fue sucesor de su tío en la
dignidad de Arcipreste de Cuenca. Fundó mayorazgo en Toro en el año 1585. Se
conservan las armas de esta familia en algunos escudos en la ciudad de Toro, y
en la ciudad de Cuenca. En Cuenca se pueden ver las armas del Arcipreste
Antonio Barba, tanto en su capilla en la catedral como en la que fue su casa.
La capilla Barba fue fundada en el año 1567 por el arcipreste de la catedral
Antonio Barba. Se atribuye su realización a Andrés de Vandelvira. La reja fue
obra de Hernando de Arenas. El retablo se realizó en 1569 y se restauró en
1795. Contiene pinturas de Andrés de Vargas. Capilla de Pozo o de San Roque
fundada en 1503 por el canónigo Juan del Pozo. Tercera de las siete capillas que
rodean la cara externa de la Capilla Mayor. La capilla abre a la girola a
través de un arco de medio punto sin ninguna decoración. La reja de la capilla
es la única gótica que encontramos en la catedral y fue realizada por Juan
Francés hacia 1511. En lo alto de la reja podemos ver escudo del fundador de la
capilla. El retablo plateresco del siglo XVI es atribuido a Gonzalo de Castro. En su parte
central encontramos una imagen de San Roque que sustituye a una tabla de la
Asunción de la Virgen y que hoy día se encuentra en el Museo Diocesano. Las
siete pinturas al óleo sobre tabla que encontramos en las calles laterales
representan distintas escenas de la vida de la Virgen: el Abrazo ante la Puerta
Dorada, Presentación de la Virgen en el Templo, la Anunciación, la Coronación
de la Virgen, la Visitación a Santa Isabel, los Desposorios de la Virgen y el
Nacimiento de la Virgen, todas ellas del siglo XVI.
[4] Dispone de una reja y un altar de estilo góticos,
según proyecto de Juan Francés, en 1511. El retablo plateresco es obra de
Gonzalo de Castro de comienzos del siglo XVI. La talla central del retablo que
representa la Asunción de la Virgen fue trasladada al Museo Diocesano y fue
sustituida por la de San Roque. El retablo contiene numerosas pinturas de óleo
sobre tabla.
[5] Al comenzar la
subida de la calle de San Pedro nos encontramos con la casa del canónigo Juan
del Pozo, construida en el siglo XVI y reformada en el XVIII. Esta casa, cuyas
fachadas Sur y Este dan a la Ronda de Julián Romero. El escudo de su fachada es
el del canónigo Juan del Pozo. Se puede leer que este escudo es de Antonio
Barba, canónigo de la catedral y arcipreste de Cuenca, fallecido en 1571. Funda
capilla en la Catedral en 1567, situada junto a la Capilla de San Julián en el
semicírculo de la parte trasera de la Capilla Mayor. Probablemente fuera Andrés
de Vandelvira el autor de la traza de esta Capilla, a la sazón maestro de obras
de la Catedral, terminándose la misma en el año 1568.
Las armas del Arcipreste que vemos en su capilla son un escudo de cuatro
cuarteles y en ellos en forma de cruz, dos castillos y dos calderos.
[6] Arte en tiempos
de guerra. Miguel Cabañas Bravo, Amelia López-Yarto Elizalde, Wifredo Rincón
García. Consejo Superior de Investigaciones
Científicas. Madrid, 2009. Bajando la empinada
Calle de San Pedro, encontramos lo que fue Colegio de los Jesuitas, instalado
en una casa de esta calle en el año 1554; iniciado por el canónigo Don Pedro
del Pozo, fue terminado y dotado por el canónigo de la Catedral Don Pedro de
Marquina, capellán del rey. Marquina será quien figure en las actas de
fundación del Colegio, la cual se llevaría a cabo el 30 de septiembre de 1571,
Poco se conoce de la actividad de
la orden en Cuenca hasta que tuvieron que abandonarla, como en el resto de
España, tras el mandato de su expulsión dictado por Carlos III (1716 - 1788) en
1767. Tras esto, el edificio sería destinado a albergar la Memoria de los Niños
Expósitos de San Julián, fundación benéfica cuya creación se remontaba al año
1597. En la actualidad, acoge un almacén de agua que cuenta con dos depósitos.
Se localiza en Calle de San Pedro, 37.
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