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sábado, 26 de septiembre de 2026

Las milicias de Loranca en el siglo XVII

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El tercer marqués de Jódar, Miguel de Carvajal y Messía, tuvo un papel fundamental en el reclutamiento y organización de las milicias de hijosdalgo en la región de La Mancha Alta y Baja durante las décadas de 1630 y 1640, un período crítico en el que la Corona española bajo el reinado de Felipe IV y el gobierno del Conde-Duque de Olivares necesitaba urgentemente soldados para la Guerra de los Treinta Años y otros conflictos europeos.

El territorio de Huete y su comarca fueron un foco clave en este proceso.

A partir de 1630, ante la falta de recursos y soldados profesionales, Felipe IV ordenó levas obligatorias y recurrió a la nobleza para que liderara y financiara el reclutamiento.

El marqués de Jódar fue nombrado comisionado o encargado del ajustamiento y establecimiento de las milicias de hijosdalgo, nobles no exentos del servicio militar en tiempos de extrema necesidad, en amplias zonas de Castilla, abarcando Albacete, Chinchilla y la provincia de Cuenca incluyendo Huete.

El marqués de Jódar o sus oficiales delegados visitaban los municipios principales de la jurisdicción, como Huete y Albacete, para realizar "alardes" -revistas militares de tropas y armas-.

El objetivo era auditar cuántos hombres útiles para la guerra —nobles y plebeyos— podían aportar las villas.

El reclutamiento forzoso generó una enorme tensión institucional.

Muchos nobles locales de Huete y villas vecinas recurrieron a pleitos, poderes y subterfugios legales ante el propio marqués de Jódar para intentar ser eximidos del servicio militar alegando motivos de salud, edad o la necesidad de su presencia para el gobierno de los ayuntamientos.

Pese a las protestas locales contra lo que los pueblos consideraban un gravamen insoportable, las compañías de milicias finalmente se conformaron bajo la supervisión del marqués de Jódar y marcharon hacia los frentes de combate.

Más allá de las levas militares, el título del marquesado de Jódar y Huete volvieron a cruzarse décadas más tarde a través de los lazos de la alta nobleza castellana.

Miembros posteriores de la casa de Jódar, como el linaje de los Fernández de Velasco, que heredó el título, mantuvieron una presencia religiosa y social constante en la zona, llegando a profesar y realizar importantes donaciones en el célebre convento de la Merced de Huete.

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