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El tercer marqués de Jódar, Miguel de Carvajal y Messía, tuvo un papel fundamental en el reclutamiento y organización de las milicias de hijosdalgo en la región de La Mancha Alta y Baja durante las décadas de 1630 y 1640, un período crítico en el que la Corona española bajo el reinado de Felipe IV y el gobierno del Conde-Duque de Olivares necesitaba urgentemente soldados para la Guerra de los Treinta Años y otros conflictos europeos.
El territorio de Huete y
su comarca fueron un foco clave en este proceso.
A partir de 1630, ante
la falta de recursos y soldados profesionales, Felipe IV ordenó levas
obligatorias y recurrió a la nobleza para que liderara y financiara el
reclutamiento.
El marqués de Jódar fue
nombrado comisionado o encargado del ajustamiento y establecimiento de las
milicias de hijosdalgo, nobles no exentos del servicio militar en tiempos de
extrema necesidad, en amplias zonas de Castilla, abarcando Albacete, Chinchilla
y la provincia de Cuenca incluyendo Huete.
El marqués de Jódar o
sus oficiales delegados visitaban los municipios principales de la
jurisdicción, como Huete y Albacete, para realizar "alardes" -revistas
militares de tropas y armas-.
El objetivo era auditar
cuántos hombres útiles para la guerra —nobles y plebeyos— podían aportar las
villas.
El reclutamiento
forzoso generó una enorme tensión institucional.
Muchos nobles locales
de Huete y villas vecinas recurrieron a pleitos, poderes y subterfugios legales
ante el propio marqués de Jódar para intentar ser eximidos del servicio militar
alegando motivos de salud, edad o la necesidad de su presencia para el gobierno
de los ayuntamientos.
Pese a las protestas
locales contra lo que los pueblos consideraban un gravamen insoportable, las
compañías de milicias finalmente se conformaron bajo la supervisión del marqués
de Jódar y marcharon hacia los frentes de combate.
Más allá de las levas
militares, el título del marquesado de Jódar y Huete volvieron a cruzarse
décadas más tarde a través de los lazos de la alta nobleza castellana.
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