jueves, 6 de junio de 2019

San Pedro el Viejo. Huesca





En la conquista de los musulmanes se les cedió a los cristianos que quedaron en la ciudad como tributarios con la facultad de celebrar allí su culto, el lugar se conocía en su tiempo como barrio de los mozarabes.

Al conquistar la ciudad de Huesca en 1096, los cristianos del Reino de Aragón descubrieron, en el lugar que hoy ocupa el monasterio, un templo cristiano visigodo dedicado a San Pedro y que había sido utilizado durante el dominio árabe por los mozárabes de la ciudad (entonces llamada Wasqa). El templo fue apodado “el viejo” por estos cristianos recién llegados, nombre que ha perdurado hasta nuestros días. La iglesia fue permutada a la abadía y castillo de Montearagón por la Mezquita mayor de Huesca que le había prometido tres años antes Sancho Ramírez de Aragón mediante privilegio magno.

El templo fue donado a la orden de los benedictinos, los cuales quisieron renovarlo y convertirlo en un monasterio acorde a los cánones estéticos de la época, es decir, lo que se denomina actualmente estilo románico. El comienzo de su construcción se sitúa en el año 1117, durante el reinado de Alfonso I el Batallador y poco antes de la conquista de la ciudad de Zaragoza (1118).


Se puede considerar que a finales del siglo XII el edificio estaba terminado, aunque se le fueron añadiendo diversos elementos con posterioridad (pinturas, esculturas, retablos, etc.), como es habitual en este tipo de construcciones.


Tras la incorporación de la ciudad de Huesca del reino de Aragón, se aposentó en la antigua seo mozárabe un monasterio benedictino; la gran construcción de sus primeros anos es la iglesia, obra románica de planta basilical, a la que sucedieron el claustro con capiteles historiados y otras dependencias.

Durante veinte anos del siglo XII fue la sede real mas prolongada de toda la Edad Media en España, ya que en él vivió Ramiro II; la gobernanza de su reino recayó en su yerno el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, con el título de Principe de Aragón, pero la dignidad real quedó en sus manos. A su muerte, el monasterio de San Pedro, alojó sus restos convirtiéndose así en Panteón Real.

Durante toda la Edad Media fue el templo de más prestigio de la ciudad de Huesca, siendo objeto del favor de los primeros reyes aragoneses. Al finalizar esta se disuelve el monasterio y se constituye como cabeza de un priorato , con patronos como el Ayuntamiento de Huesca y el Colegio Imperial de Santiago. Y a su cabeza aparecen dos personas , a título de "Obreros de San Pedro", elegidas anualmente que gestionan su patrimonio. Pero este cambio hace poco útiles las dependencias propias de un monasterio, que se irán reconvirtiendo, alquilando, reduciendo poco a poco el ámbito físico del mismo.

En el siglo XVIII, y aún gozando de un gran predicamento en la Ciudad de Huesca, empieza la ruina física del edificio provocada, sobre todo, por actuaciones arquitectónicas (adelgazamiento de los pilares para conseguir mayor amplitud de la nave, ubicación de arcosolios coincidiendo con puntos de desacargas, etc.). Y durante el s. XIX la ruina física estuvo a punto de llevarlo a su desaparición. Tuvo que ser la ciudadanía oscense, que no las instituciones, las que reaccionaran para conseguir la declaración de Monumento Nacional lo que implicaba la intervención del estado en la restauración; cosa que ocurrió en los últimos anos del s. XIX. Hoy, aunque la parroquia tiene poca población, sigue siendo el templo predilecto de los oscenses.

San Pedro el Viejo de Huesca es un elemento ineludible en toda visita a Huesca y Aragón, ya que sobre todo es Panteón Real, alojando los restos del aludido Ramiro II y de su hermano Alfonso I (que estuvo enterrado en Montearagón hasta el s. XIX). Pero también porque conserva el único claustro historiado románico de Aragón, y uno de los pocos de España que se pueden contemplar dentro de una ciudad.



















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