viernes, 10 de julio de 2009

Parque Nacional de la Cañadas del Teide. Tenerife.






Los primeros pobladores de Tenerife fueron los guanches, pueblo predominantemente ganadero al que la necesidad de buscar pastos para sus rebaños les obligaba a desplazarse a las cumbres durante el verano. Pasaban la temporada estival en Las Cañadas dedicados al pastoreo de cabras y ovejas, sirviéndose para el cuidado de los rebaños de sus fieles perros, que incluso eran enterrados con ellos como confirman los restos hallados en el Llano de Maja. Esta ocupación temporal del territorio ha originado la existencia de numerosos restos arqueológicos: cabañas, enterramientos constituidos en ocasiones por momias, ajuares funerarios, utensilios de obsidiana y cerámicas. Consideraban al Teide como una montaña sagrada, era su “Axis Mundi”, el lugar que sustenta el cielo. Tras la conquista de Canarias por la Corona de Castilla, las islas, y en especial el Teide, se convirtieron en paso obligado de las expediciones científicas que desde el siglo XVI partían a descubrir el nuevo mundo. Atraídos por la singular flora y fauna, y los paisajes volcánicos de La Caldera, los científicos dejaron muestras de su interés. Al abate Feuillé se debe la primera medición científica de la altura del Teide en 1724; el científico Alexander Von Humboldt construyó la base para los estudios de la moderna botánica, y los alemanes Fritsch, Hartung y Reiss crearon en 1866 un mapa geológico de Tenerife todavía vigente en líneas generales.






El primer naturalista que estudió la flora del Parque fue el alemán Alexander von Humboldt, que pasó el invierno de 1799 a 1800 en Canarias. El que realizó la primera descripción válida de la Violeta del Teide fue Feuillée en 1724. Durante los años 50 del siglo XX fue el sueco Sventenius quien se centró en la vegetación del Parque Nacional.
Según relata Fernando de Colón en su libro "Historia del Almirante", cuando las carabelas pasaron cerca de Tenerife, el 24 de agosto de 1492, en su escala en La Gomera camino de América, vieron salir grandes llamaradas de la montaña más alta de todas las islas.
En 1798 se produjo la que fuera última gran erupción dentro de los límites del Parque Nacional y que formó las llamadas Narices del Teide. Durante tres meses, salieron 12 millones de metros cúbicos de lava por una grieta orientada en dirección noroeste-suroeste en las laderas de Pico Viejo, conocido también como Montaña Chahorra.
Los Guanches llamaban al Teide "Echeyde", que significaba "morada de Guayota, el Maligno". Según la tradición, Guayota secuestró al dios del Sol, Magec, y lo llevó consigo al interior del Teide. Entonces, la obscuridad se apoderó de la isla y los guanches pidieron ayuda a Achamán, su ser supremo celeste. El dios consiguió derrotar al Maligno, sacar al Sol de su cautiverio y taponar la boca de Echeyde. Dicen que el tapón que puso Achamán es el llamado Pan de Azúcar, el último cono que corona el Teide. Parece que la leyenda guanche coincide en el tiempo con la que fuera la última gran erupción en el mismo pico del Teide.



El Teide y las Cañadas eran un recurso fundamental para la economia de la isla de Tenerife. En verano se producía en estos pastos de alta montaña una concentración de ganados y pastores procedentes de toda la Isla.


El Teide no se considera extinguido, ya que aún cabe la posibilidad de que sus entrañas revienten de nuevo, aunque los geólogos consideran muy remota la probabilidad de que esto ocurra.