jueves, 2 de junio de 2011

Palacio de Villahermosa. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.


En el Paseo del Prado y con su fachada principal en la Carrera de San Jerónimo, frente al antiguo Palacio de Medinaceli, se encuentra el palacio de Villahermosa, cuya actual propiedad ha conservado tan solo las fachadas del mismo.

Los Duques de Villahermosa vivieron en su Palacio madrileño hasta 1966. 

El edificio fue comprado por la banca López Quesada y transformado como edificio de oficinas. Finalmente adquirido por el Estado español, se utilizó como sala de exposiciones del Museo del Prado en los ochenta. Su rehabilitación final como museo fue diseñada por Rafael Moneo e inaugurada en octubre de 1992. En 2004, se le sumaron dos edificios colindantes, a modo de ampliación destinada en su mayor parte a albergar la colección Thyssen-Bornemisza. 

El palacio fue diseñado por Silvestre Pérez en 1783 a petición de María Manuela Pignatelli de Aragón y Gonzaga, duquesa de Villahermosa, y terminado por Antonio López Aguado en 1806.

Merece un especial mención su jardín que lindaba con los de San Fermín de los Navarros,  en el Prado de San Fermín frente al de San Jerónimo, y del marqués del Valmediano.

Real Congregación de San Fermín. Esta iglesia está ubicada en la calle Eduardo Dato, entonces Paseo del Cisne. Fue construida entre 1886 y 1890 para la Real Congregación de San Fermín de los Navarros.

 Hasta 1746  no se construye su iglesia.


Los orígenes de esta institución se remontan a 1684, cuando la Congregación de Naturales de Navarra fundó un hospital bajo la advocación de San Fermín, sobre el que fue jardín del palacio del conde de Monterrey, en el Prado de San Jerónimo.


Tanto la iglesia como el hospital fueron derribados en 1882 con motivo de las obras de construcción del Banco de España, y fue entonces cuando la Congregación decidió labrar una nueva casa sobre unos terrenos en el Paseo del Cisne que pertenecían a la infanta doña Isabel de Borbón, hija de Isabel II y popularmente conocida como la «Chata».


En el Paseo del Prado se encontraba el palacio de Alcañices, ocupado hoy su espacio por el  Banco de España, que igualmente poseía un estupendo jardín.

En reinado de Isabel II se inician los cambios urbanísticos que harán desaparecer algunos de los edificios mencionados y cambian el aspecto de los que permanecen.

Así aparecerá la actual calle del Marqués de Cubas, entre Alcalá y Carrera de San Jerónimo, se llamaba calle de los «Jardines», de Los Siete Jardines, como vemos en el plano de Texeira, después del Árbol del Paraíso, sin duda por algún ejemplar singular que existiera en uno de estos jardines. Luego calle del Turco, donde asesina a Prim, y luego del Reyno, tras el Congreso de los Diputados.

Al paso del carruaje camino del Ministerio de la Guerra, actual sede del Cuartel General del Ejercito en el Palacio de Buenavista, por la Calle del Turco se produjo el atentado. La Calle del Turco esta justo esquina a la Calle de las Cortes y enfrente del famoso Hotel Palace. Cambiaron el nombre de la Calle del Turco de Madrid, por Calle del Marqués de Cubas. Cuando el carruaje pasó de la Calle del Sordo a la Calle del Turco, se acercaron varias personas y dispararon contra el General.

La inscripción que remata la fachada del jardín dice : «In eodem loco artis perfectionem
et naturae oblectamentum Maria Emmanuela Ducissa Villahermosae consociavit» (María Manuela, Duquesa de Villahermosa, unió en este lugar la perfección del Arte y el deleite de la Naturaleza).


Haciendo alusión con esto último a un estado de ánimo castigado por las recientes desgracias familiares sufridas, muerte de su marido y su hijo mayor.

El jardín de Villahermosa, del que solo hay dos acuarelas, debía responder al llamado romántico a la inglesa, cuando los palacios de la nobeza madrileña respondían al gusto francés.


El jardín contaba además con sus norias, estanque y aquellos elementos
propios del jardín romántico a la inglesa, tales como "un puente rústico, un cenador chinesco ... en la montañita artificial ... una portada de cañas, que colocadas y ejecutada con gusto en una de las paredes del jardín, le sirve de adorno".


El canon europeo de parque inglés incluye un buen número de elementos románticos; siempre existe un estanque con un puente o un muelle. Alrededor del lago suele encontrarse un pabellón de forma hexagonal, a menudo con forma de Templo romano. A veces el parque incluye también un pabellón chino. Otros elementos corrientes son grutas y ruinas. Su concepción es irregular con caminos tortuosos y vegetación aparentemente no domesticada, dando una impresión natural. Se conservan y se explotan los accidentes del terreno. Hay abundante presencia de arbustos, malezas y elementos arquitectónicos que participan en su decoración. Los itinerarios no se señalan, ya que en el paseo por un jardín inglés se deja un espacio a la sorpresa y al descubrimiento y no suelen existir grandes avenidas rectilíneas que guíen los pasos del paseante sino más bien una clase de "vagabundeo poético".

Su disposición irregular, opuesta al orden del "jardín francés", lo encaja como un simbólico de la libertad que encontró necesariamente un eco en la Revolución francesa, frente al yugo del "jardín francés". Se volvió el símbolo de la emancipación frente a la monarquía absoluta y sus representantes.

Se puede colocar un banco con el fin de contemplar una parte de agua o aprovechar la sombra de los árboles. La salvaje naturaleza se reconstruye de forma ablandada.


El  Jardín barroco francés, clásico o formal.  Terza natura, tercera naturaleza. Incorporan el arte y la naturaleza por el ser humano. Durante la época del Barroco, la transformación artificiosa de la naturaleza será el tema principal del jardín. El paisaje agrícola esta transformado por la mano del hombre como a una altera natura o segunda naturaleza. Si a estas dos naturalezas se añade una tercera tendremos las tres naturalezas barrocas. Comienza en España a comienzos del siglo XVIII para extenderse por al menos los tres primeros tercios de este siglo. 

En 1600 Madrid se había convertido en corte y la nobleza, buscando su papel, construye sus palacios. Uno de los ejes principales fue el del Prado Viejo, que a partir de 1606 comienza a sufrir una serie de transformaciones debido a su situación estratégica en la entrada de Madrid, a la ubicación de los monasterios de San Jerónimo y Atocha y construcción del Buen Retiro. Si situación fuera del centro de Madrid  hacia posible había más terreno y espacio para jardines, considerados ya elemento fundamental del conjunto palaciego. En Madrid en el  de Texeira se pueden ver gran cantidad de jardines privados, la mayoría de reducidas dimensiones y muchos de ellos pertenecientes a huertas y conventos, casa de la duquesa de Terranova junto al portillo de las Maravillas,  casa de la duquesa de Osuna en el barrio del Barquillo, la Florida, el palacio del duque de Frías,  Casa de las Siete Chimeneas,  Huerta del regidor Juan Fernández, palacio del marqués del Carpio,  palacio del duque de Lerma, palacio de Villahermosa  que se levanta sobre el que antes fue del conde de Maceda-Orense-, el Jardín de la casa del marqués de Valmediano que antes fue del duque de Medinaceli,  Huerto y Jardín del marqués de Aguilar. Fuera de los límites de la ciudad se encontraban las del conde de Montealegre y las del conde de Baños. Estas casas continuarán como casas de recreo hasta bien entrado el siglo XVIII cuando, con el crecimiento de la ciudad, se convierten en residencias urbanas y se comienza la construcción de villas suburbanas alejadas del centro.

Delante de donde a principios des siglo XVII levanto el duque de Lerma su palacio se construyó una plaza de toros de efímera duración. Palacio que luego seria de los duques de Medinaceli y actualmente en los terrenos que ocupaba se encuentra el Palace Hotel.

Cuando el Prado cobró verdadera solemnidad fue a partir de la inauguración del real sitio del Buen Retiro. En la misma zona se levantaba los jardines de los duques de Maceda, los condes de Monterrey y los del marques de Carpio, jardines que con el tiempo darían paso al palacio de Villahermosa, la iglesia de San Fermín y el palacio de Alcañices, correspondientes éstos últimos después al Banco de España, calle de la Greda, hoy de Los Madrazo, donde estaba la casa del conde de la Patilla- Valladolid-, Enrique Tordesillas y O'Donnell, y palacio de los marqueses de Retortillo. 

El Marquesado de Retortillo es un título concedido a Don Fernando Díez de Retortillo y Velasco; fundador de la Banca Retortillo y de los Astilleros que el mismo construyó;célebre armador andaluz tenía su residencia en Cádiz donde se hicieron célebres sus tertulias, este rico banquero recibió el Marquesado de Retortillo de manos de Su Majestad el Rey Amadeo de Saboya en 1872.

La Real Casa del Vidrio conocida también como Real Fábrica de Cristales de Madrid ya existía a finales del reinado de Carlos III en la antigua calle del Turco, hoy llamada del Marqués de Cubas, pues así se deduce de la publicación del reglamento de dicha fábrica, impreso en 1787 por la viuda de Ibarra, Hijos y Compañía. A través de este reglamento conocemos que funcionaba como un gran almacen de los artículos y productos que se elaboraban en la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso, y en su filial de la localidad de Coca, ambas en la provincia de Segovia. Pero también, a través de este mismo reglamento sabemos que en la fábrica de Madrid se realizaba el acabado de algunos de estos productos, e incluso se elaboraban lentes ópticas para anteojos.


La fábrica ocupa un edificio que fue levantado con nuevas trazas en 1798 por el arquitecto Manuel Martín Rodríguez, sobrino y discípulo del gran arquitecto de Madrid, Ventura Rodríguez. Poco tiempo después, la fábrica, ya convertida en almacen, fue trasladada a la calle de Alcalá a la llamada Casa de Heros- desaparecida donde está ahora el Ministerio de Educación-, quedando su antiguo emplazamiento de la calle del Turco destinado a diversos usos, lo que por otra parte originó alguna que otra reforma en el inmueble. Así, en 1828 acogió la primera exposición de la Industria Española, más adelante se transformó en dependencias de la Escuela de Sordomudos y Ciegos, luego de la Escuela de Ingenieros de Caminos y, después, se convirtió en sede del Conservatorio de Artes y de la Direción General de las Clases Pasivas y Caja del Depósito.


En 1905 se puso fin a este continuo baile de usos públicos al acoger de forma permanente la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, institución que había sido fundada en 1730 y reorganizada entre 1836 y 1840. En cuanto a las obras de reforma que se han venido realizando en la antigua Casa del Vidrio, cabe destacar la emprendida en 1886 a raíz de la prolongación de la antigua calle de la Greda hasta el Paseo del Prado, hoy calle de los Madrazo, por lo que hubo que levantar una nueva fachada que se adaptara a la nueva alineación de la calle.


Casa de Heros. Se construyó en 1801 y se le conocía también con el nombre de Almacén de Cristales porque estaba detrás de la Real Casa del Vidrio, hoy Academia de Jurisprudencia, y era el despacho de cristales de la fábrica de La Granja. Posteriormente fue palacio del infante don Sebastián, residencia del político Martín de los Heros, de donde tomó el nombre la casa, y Presidencia del Gobierno en la Primera República. En este edificio también tuvo su estudio el pintor José Madrazo. A pesar de todos los destinos que tuvo este edificio, siempre fue conocida como casa de Heros.


 Condado de Maceda. Título concedido en 1654 a don Alonso de Lanzós y Novoa, Señor de Maceda. Con grandeza de España concedida en 1710 al IV conde, José Benito de Lanzós y Montenegro.

También tenía galería al Prado otro de los palacios madrileños importantes, el del duque de Lerma, en el Prado de San Jerónimo, manzana 233, que se comienza hacia 1603.

El duque de Frías tenía en Madrid huerta y jardín arqueológico. También jardines arqueologicos tenían el  marqués de Mirabel en Plasencia, el  duque de Medina Sidonia,  el Conde de Castelar en Sevilla, y el duque de Arcos en Marchena.

Entre los palacios con jardines barrocos arqueológicos del Prado Viejo destacaba el jardín del Conde de Monterrey, en la manzana 273. Es conocido por la famosa fiesta que organizó allí el Conde Duque de Olivares, uniéndolo al del Conde de Maceda  lo que fue Palacio de Villahermosa y al del Marqués del Carpio, con ocasión de la fiesta de San Juan de 1631.

 Manuel de Zúñiga Fonseca, VI conde de Monterrey, estaba casado con una de las hermanas del Conde Duque de Olivares, miembro del Consejo de Estado, embajador en Roma y virrey de Nápoles hasta 1637. Cuando regresa a Madrid contrata a Juan Gómez de Mora como arquitecto, quien realiza una obra típicamente suya, sencilla, de ladrillo, con dos plantas y torres. El palacio contaba con una gran escalinata de dos tiros que bajaba al jardín, lo que ya denota su importancia, y una galería, lo más destacable, que se construyó al final del jardín, con aperturas y ventanas que daban al Prado de San Jerónimo. Las obras finalizaron alrededor de 1639. Característica de los jardines de la época es el sentido utilitario o de producción, donde los árboles ornamentales alternan con los frutales. En 1745 el conde de Montijo arrendó las casas junto con «sus fuentes de agua de pie, las del jardín, su noria, juego de aguas, estanque, emparrado y demás árboles frutales, jardín y huerto de arriba».

De este mismo tipo, también en Madrid, era la casa palacio de la duquesa de Arcos, en la zona de Leganitos, que anteriormente había sido propiedad del duque de Salvatierra y en 1693, había sido comprado por Jerónimo de Miranda. La duquesa de Arcos la compra en 1746 y se habla de un jardín al que se accede por una escalinata, con el suelo embaldosado, una noria y una fuente, con un jardín adornado por una serie de estatuas. En1758 la alquilan los duques de Benavente.

La condesa-duquesa de Benavente también duquesa de Gandia por su abuela materna hace traer desde su palacio en Gandía para decorar la plaza de emperadores de su finca el Capricho de la Alameda de Osuna, a finales del XVIII. Ya con rasgos de jardín neoclásico del siglo XIX.

Igualmente jardín arqueológico es el de La Florida, producto de la adquisición de varias fincas. Francisco de Moura, marqués de Castel Rodrigo, fue el constructor del palacio de La Florida y sus jardines. El conde duque de Olivares construye en Loeches su palacio y funda un convento de Dominicas, donde se retiraría tras su caída en desgracia y destierro en 1643. Aquí se funden las huertas del convento, según trazas de Carbonell, autor del palacio del Buen Retiro, con el jardín propio de la residencia del conde-duque. El convento disponía de huerta y ermitas, cuatro capillas en los ángulos de la huerta, que remiten a las ermitas del Buen Retiro o las de La Florida. El conde-duque supervisaba personalmente la construcción del palacio y jardines del Buen Retiro, por lo que podríamos suponer que, aunque a menor escala, querría reproducir, para su particular «retiro», el mismo esquema.

El modelo francés tardaría un poco más en introducirse en los jardines palaciales urbanos. En el Palacio de Liria en Madrid, en el que trabaja Ventura Rodríguez dirigiendo las obras del proyecto de Guilbert, el jardín no está definido cuando en 1780 el edificio ya está acabado. Las obras del jardín no se llevarían a cabo hasta el siglo siguiente. Otro ejemplo de jardín de villa es el del Palacio del duque de Alba en Piedrahíta, que se levanta a mediados del siglo XVIII por el XII duque de Alba y XI conde de Piedrahíta, don Fernando de Silva y Álvarez de Toledo.

En el XVIII, en Madrid, se crean numerosas casas con huertas y jardines en las zonas periféricas de la ciudad, pero dentro todavía de sus límites, especialmente en zonas como la comprendida entre el Prado de Recoletos y San Bernardo. A medida que avanza el siglo el estilo clásico francés es cada vez más rígido y formal. En el último cuarto de siglo comienza a convivir con el jardín neoclásico y el romántico. En el siglo XIX el emplazamiento de los palacios y palacetes se localizaba en general, a ambos lados de los paseos de Recoletos y de la Castellana.

El Conde Duque de Olivares decide la construcción del Palacio del Buen Retiro, tras el éxito de la fiesta de San Juan organizada en honor a los Reyes en la casa-jardín del Conde de Monterrey en el Prado.

La fiesta de San Juan figuraba entre los festejos más populares de los ocurridos en la Villa.

La quinta, con una situación inmejorable, en el tramo central del paseo, entre la Carrera de San Jerónimo y calle de Alcalá, había sido adquirida por don Manuel de Zúñiga y Fonseca, VI conde de Monterrey, en 1626. En 1744 fue vendidad a la Real Congreación de San Fermín de los Navarros. Luego espacio vendido en 1885 al Banco de España.

Los cuartos reales y el propio monasterio de San Jerónimo condicionaron el emplazamiento y orientación de las nuevas estancias proyectadas, si bien la situación en los altos del Prado serviría para determinar la posición dominante que la nueva Casa del Rey tendría respecto a los jardines del entorno, marcando de ese modo de forma clara la superioridad tanto del dueño, en relación al resto de los vecinos, como de la propiedad que, conforme a los fines recreativos a los que debía servir, incorporó elementos como una pajarera .......que generó las críticas más mordaces, al amparo de los dispendios que ocasionaron las obras, considerados excesivos, y las burlas más sarcásticas por la excentricidad del edificio resultante que, considerado mezquino fue bautizado como Gallinero, El Real Gallinero.


A mediados del siglo XIX, fue una de las residencias más ilustres de Madrid, escenario de importantes fiestas y veladas culturales. El pianista y compositor Franz Liszt tocó el piano en uno de sus salones.



Maria Manuela Pignatelli de Aragón Gonzaga Fernández de Heredia y Caracciolo, (1765 - 1816), era hija de Joaquín Atanasio Pignatelli de Aragón y Moncayo, XVI Conde de Fuentes, de los Duques de Monteleone, Principes de Noia y de Luisa Gonzaga Caracciolo de los Duques de Solferino. Su padre fue embajador de España en Francia durante 10 años. Su tio bisabuelo Gennaro Maria Pignatelli fue Papa con el nombre de Inocencio XII 


María Manuela se casó con Juan Pablo de Aragón-Azlor y Zapata de Calatayud, (Pedrola 1730 - Madrid 1791), XI duque de Villahermosa agregado a la embajada parisina. Los duques de Villahermosa, en marzo de 1779 llegaron a Turín como embajadores de Carlos III ante la corte de Víctor Amadeo III. En Turin conoció la Duquesa a su tío José de Pignatelli, Sacerdote Jesuita, que viviá en esta ciudad tras el destierro de los Jesuitas de España por Carlos III.  José Pignatelli, colaboró con los jesuitas y con el Papa Alejandro VI, en los dificiles tiempos en los que el Papa fue expulsado de Roma por Napoleón 


Pignatelli fue elevado a los altares como San José de Pignatelli, siendo beatificado por Pío XI el 21 de mayo de 1933 y canonizado por Pío XII el 12 de mayo de 1954, por su contribución a la Restauración de la Compañia de Jesús. La duquesa de Villahermosa ayudo al Papa Pio VI en su exilio frances mediante su tío Jesuita con grandes sumas de dinero.  En agradecimiento el siguiente Papa, Pio VII, una vez en la Ciudad del Vaticano, envió como regalo de agradecimiento a la Duquesa los restos de Santa Marcelina Martir, que habían sido encontradas en Roma en 1801. También contribuyo la Duquesa para la liberación de Zaragoza de las tropas napoleonicas, enviando a dos de sus hijos al servicio del General Palafox, falleciendo uno, y el otro fue preso por las franceses durante años en Nancy.
 

Gran administradora de las rentas de su marido mandó edificar el palacio Villahermosa de Madrid en cuya Capilla dispuso los restos de "Santa Marcelina, martir".