viernes, 16 de abril de 2010

Callejeando entre Atocha y Embajadores. Madrid.


Plaza del emperador Carlos V y estación de Atocha.
Fue fundado en 1552 por el Venerable Antón Martín en unos terrenos de la calle Atocha que habían sido cedidos por Fernando Somonte y su mujer Catalina Zapata.


Fallecido Antón Martín el 24 de diciembre de 1553, dispuso que los hermanos hospitalarios que le habían acompañado heredaran la casa y sus bienes para así continuar la obra del hospital.

Desde un punto de vista médico, el hospital se especializó en enfermedades venéreas e infecciosas como la tiña o la sarna. En cuanto a sus dependencias, a comienzos del siglo XVII tenía 10 salas, seis para hombres y cuatro para mujeres, con un total de 243 camas, si bien, a mediados del siglo XIX llegó a sostener a 1612 enfermos anuales.

Del edificio, destacaba la iglesia, construida en 1552 y reedificada en 1798. Según Antonio Ponz, tenía una sola nave de planta rectangular decorada con pilastras de orden jónico en las paredes laterales y con varios ornatos en la bóveda.

Con la desamortización de Mendizábal en 1836, el hospital pasó a la beneficencia provincial, aunque por un convenio con el gobierno, los padres hospitalarios siguieron regentándolo, eso si, sin el carácter de orden religiosa. En 1856 se hizo cargo del establecimiento la Junta Provincial, que lo puso bajo la autoridad del Hospital Provincial. No obstante, en 1858 se volvieron a separar ambos establecimientos.

A finales del siglo XIX, se pensó en trasladar el hospital a un nuevo edificio en la zona del ensanche este, entorno a la calle Ibiza, procediéndose a su traslado a finales de 1897. Fue entonces cuando se demolió la parte del antiguo edificio destinada a hospital. Sobrevivió la iglesia, que desde 1891, había pasado a albergar la parroquia de San Nicolás y el Salvador, la cual, destruida durante la Guerra Civil, fue reconstruida posteriormente.
Plaza de Antón Martín.



Todavia podemos ver algunos escudos en viejas y destartaladas casonas.
Palacio de Santoña. Calle Huertas y calle del Príncipe. Ocupa el palacio del duque de Ugena. Fue construido por el arquitecto Pedro de Ribera entre 1730 y 1734 para residencia de los duques de Ugena. El edificio, responde a las trazas del t¡pico palacete madrileño, destacando sobre todo la portada principal tan caracter¡stica de la escuela de Ribera. Durante el siglo XIX, fue habitado por los duques de Santoña, siendo reformado en 1876 por el arquitecto Antonio Ruiz de Salces, quien copia la portada principal en la fachada que da a la calle del Pr¡ncipe. A principios del siglo XX, el edificio pasa a ser propiedad del pol¡tico del Partido Liberal José Canalejas, hasta que en 1933 la Cámara de Comercio de Madrid compra el edificio a sus herederos. Fue su sede hasta el año 2004, ahora sede de la Fundación Cámara de Comercio y esta en la calle Ribera del Loira.













Plaza de Cascorro. Eloy Gonzalo llamado "El Héroe de Cascorro", soldado español que fue distinguido en la guerra de Cuba, Madrid 1 de diciembrede 1868, Matanzas, Cuba, 18 de junio de 1897. Al ser huerfano se crió en la inclusa de Madrid. Fue destinado a un regimiento de infantería en la localidad de Puertoprincipe en la provincia de Camagüey en Cuba donde llegó 1895.

Inicio y terminación de El Rastro.
El popular mercado de reventa conocido como el Rastro se celebra todos los domingos por la mañana en la plaza de Cascorro y las calles aledañas a la Ribera de Curtidores desde hace más de 150 años.
El nombre del Rastro está sociado al "arrastre" del ganado que acababa de ser sacrificado en el antiguo matadero que hubo desde siglo XVII en la actual plaza del General Vara de Rey, junto a la Ribera de Curtidores. Este matadero fue reemplazado en 1851 por otro de nueva construcción junto a la Puerta de Toledo.
El Rastro tuvo una importancia decisiva para madrileños durante la década de 1940 y 1950. Muchas familias vendieron sus enseres personales, sus muebles y toda clase de objetos en el Rastro pra a cambio obtener con que aliemntarse durante los duros años de la postguerra. En la plaza General Vara del Rey estuvo el antiguo matadero antes de ser trasladado a la Puerta de Toledo.




En esta calle la Real Fábrica de aguardiente, naipes y papel sellado.

Fue construida entre 1781 y 1792 por el arquitecto Manuel de la Ballina para fábrica de aguardientes, naipes, papel sellado y depósito de efectos plomizos. Se trata de un edificio de un gran tamaño, situado sobre una extensa parcela que perteneció al convento de San Cayetano, y cuyos terrenos fueron adquiridos por la Corona en 1781. En cuanto a su planta, se trata de un paralelogramo rectangular de 117 metros de largo por 66 metros de ancho, estructurado entorno a tres patios. Consta de cuatro plantas, y su fachada principal, que da a la calle Embajadores, presenta tres grandes puertas de acceso que desembocan en los mencionados patios.

En 1809, José Bonaparte ordenó que el edificio pasara a albergar la Real Fábrica de Tabacos, función que desde entonces, ha seguido desempeñando hasta su cierre en fechas relativamente recientes.


Plaza de Tirso de Molina en el barrio de Embajadores del distrito Centro. Cerca de ella las calles y la plaza de Lavapiés.
En su origen Lavapiés fue la judería o barrio judio de la ciudad. La denominación de manolo y manola que se da a los castizos madrileños procede de Lavapiés y se dice que tiene su origen en el nombre de Manuel, con el que se bautizaron muchos judios para escapar de la expulsión en 1492.
En la plaza de Tirso de Molina la estatua de Fray Gabriel Téllez, más conocido como Tirso de Molina. La estatua, realizada por el escultor Rafael Vela del Castillo, e inaugurada en 1943, está situada sobre el solar del antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, fundado por Fray Gaspar de Torres en 1564.

El convento, desamortizado y derribado durante el gobierno de Juan Álvarez Mendizábal en 1836, dio paso a la actual plaza, llamada durante el siglo XIX del Progreso. Pero como este gran genio del teatro español vivió en este convento, el consistorio decidió ponerle su nombre.

Juan Manuel de Dios Manzanedo y González de la Teja es el I duque de Santoña y I marqués de Manzanedo. Rico industrial y banquero, Santoña, 1803-1882, nombrado marqués de Manzanedo desde 1864 y duque de Santoña desde 1875, como gratificación por su contribución a la Restauración borbónica con Alfonso XII. Su nieto y sucesor, hijo de su hija natural Josefa de Manzanedo y Intentas, II marquesa de Manzanedo, casa primero con Clara Murrieta Bellido y después con Eugenia Maria Fitz-James Stuart y Falcó, condesa de Teba, hija de los XVI duques de Alba. Del primer matrimonio es el III duque de Santoña. Con sucesión en el IV y actual titular. Del segundo matrimonio los duques de Teba y los marqueses de Ardales.


Maria del Carmen Hernández y Espinosa, I duquesa de Santoña y I marquesa de Manzanedo.

Nació en Motril en 1828 dentro del seno de una familia terrateniente y murió en Madrid a los 66 años de edad, abandonada, arruinada, y acogida a la caridad institucional. Su vida transcurrió en una permanente contradicción quimérica entre la riqueza, la desgracia y la filantropía.

Su segundo matrimonio, el de los marqueses de Manzanedo y duques de Santoña, se consideró poseedor de una de las primeras fortunas de la nación.

La vida de la duquesa estuvo sujeta a innumerables vicisitudes: quedó huérfana de madre en su juventud, se enemistó irreconciliablemente con su padre, enviudó en sus dos matrimonios y su único hijo, de su primer matrimonio, murió prematuramente, teniéndose que hacer cargo de sus tres nietas, huérfanas también de madre. A partir de su segunda viudedad su relación social, su salud y su economía se fueron deteriorando irremisiblemente, a causa de un problemático litigio testamentario frente a la hija de su segundo marido, Josefa Manzanedo Intentas. Esta hija ilegítima de su marido vino desde Cuba e interpuso una demanda contra ella, reclamando la herencia de su padre. Tras diez años de pleitos, la duquesa de Santoña tuvo que traspasar la herencia a su hijastra, y se la llegó a apodar “la duquesa mendiga”. El palacio pasó a ser propiedad del político Canalejas, hasta que lo asesinaron en 1912.

Debe ser recordada por importantes ejecuciones anticipadas a su época, tales como la azucarera " las Tres Hermanas", nombre que alude a sus nietas, y que fue la primera destilería de alcohol de la zona costera. También construyó el originario edificio-balneario en los manantiales de Lanjarón, adquiridos en la desamortización de Madoz. Pero sobre todo, lo más humanitario y trascendente fue la creación a expensas de su propio peculio del "Hospital y Asilo del Niño Jesús", de Madrid, calle del Laurel en el barrio de Las Peñuelas o de las Acacias, pionero de los centros pediátricos españoles y puntero hoy en día en al investigación de la patología infantil.


El matrimonio residió en el palacio de los duques de Santoña, en la calle de Las Huertas número 13, que había sido adquirido por Juan Manuel en 1874 para entregárselo en donación de arras a su esposa. Entre 1886 y 1880 encargaron su restauración a Domingo de Inza y Antonio Ruiz de Salces, famoso por su colaboración, junto con Francisco Jareño, en la construcción de la Biblioteca Nacional, y su reforma del monasterio de las Salesas. La duquesa de Santoña confió su decoración a los más renombrados artistas de la época, que convirtieron el palacio en una lujosa residencia y señalado lugar de encuentro de personajes importantes de la escena política y social del momento.


En 1877, María Hernández y Espinosa de los Monteros fundó el Hospital Infantil Niño Jesús en una casa de vecindad, en la calle Laurel. La precariedad de esta zona de Madrid a finales del siglo XIX, con un índice de mortalidad del 34% en el distrito, daba sentido a la ubicación de un hospital para niños pobres. La puesta en marcha del Hospital Niño Jesús imitaba iniciativas que desde hacía tiempo funcionaban ya en otras capitales europeas, como Roma o París, y que la Duquesa había conocido personalmente. Eran muchos los que pensaban que en una época de índices generalizados de mortalidad elevada, era necesario sacar los niños enfermos de los hospitales de adultos a centro específicos donde se les pudiera tratar de forma especial.

Gracias a la privilegiada situación económica y social de la Duquesa, el Hospital nació con la infraestructura y el equipo humano necesarios para iniciar el funcionamiento del que sería un hospital monográfico dedicado a los niños. Su inauguración estuvo arropada por el Rey Alfonso XII y la Princesa de Asturias. Al día siguiente de ser inaugurado comenzó a funcionar. Entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde, se recibía a los niños en las consultas de medicina, cirugía y oftalmología, los tres primeros servicios del hospital. Sólo dos meses después de su inauguración, los médicos atendían a más de 120 niños al día. El crecimiento de los ingresos de enfermos no fue más lento, y en poco tiempo, se ocuparon las 70 camas con las que se abrió el hospital.

El edificio se quedó pequeño y la Duquesa de Santoña buscó otro lugar, donde poder hacer un nuevo Hospital para atender a la creciente y constante demanda.
La construcción del que es hoy el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, ubicado en la calle Menéndez Pelayo Nº 65, se inició en 1879 y fue inaugurado sólo dos años más tarde en 1881. El que es todavía hoy un emblemático edificio de estilo neomudejar, realizado por el arquitecto, Francisco Jareño y Alarcón, autor de la Biblioteca Nacional del Paseo de Recoletos.