martes, 4 de mayo de 2010

Fachadas. Madrid. En torno a la calle Fuencarral.

Escudo de un caserón, en ruinas, al final de la calle Hortaleza, casi junto a la plaza de Santa Bárbara y casi en la glorieta de Alonso Martinez. Por aquí la Real Fabrica de Tapices de Santa Barbará. En 1720, Felipe V encargó al maestro tapicero Jacobo Vandergoten establecer una fábrica de tapices en las inmediaciones de la puerta de Santa Bárbara, sobre un antiguo caserón extramuros de la ciudad conocido como la Casa del Abreviador, y que hasta ese momento había sido almacén de pólvora.

Surge así la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, en donde se elaboraron la mayoría de los tapices que engalanaron los Reales Sitios, o donde ya en el siglo XIX se realizaron las alfombras del Congreso de los Diputados.

El edificio, que en 1749 pasa a propiedad Real, era de gran extensión, aunque de pobre arquitectura; según Madoz, estaba hecho de mampostería, albañilería y entramados de madera sin nada notable que destacar. Derribada en 1889 con motivo del traslado de la fábrica a su nuevo emplazamiento en la calle Vandergoten, su lugar lo ocupa hoy varios edificios de viviendas además del palacio de la condesa de Adanero.

En 1889 se trasladó la fábrica a un solar rectangular del nuevo barrío de pacífico, creado como resultado de la de la ordenación urbana de la antigua huerta y olivar de Atocha. El edificio, que ocupa una manzana entera, fue construido entre 1889 y 1891 por el arquitecto José Segundo de Lema. Este complejo fabril es también sede de un Museo de Tapices, está formado por un edificio principal alineado a la calle de Fuenterrabía y varios pabellones transversales, más pequeños, que parten de él por su parte central y sus laterales, localizándose, por último, un pabellón exento y alineado a la calle de Vandergoten. Todas las construcciones, incluida la chimenea, son de ladrillo visto y presentan interesantes motivos decorativos de inspiración mudéjar.