El primitivo Palacio de los Vargas fue remodelado en tiempos de Felipe II por Juan Bautista de Toledo y en 1773 por Sabatini. Destruido durante la Guerra Civil, fue reconstruido con poco acierto, aunque en su fachada se sigue conservando un antiguo escudo. Acoge en la actualidad dependencias de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento. En los años noventa del siglo XX se elaboró un proyecto de restauración del palacio junto con los jardines aledaños. En estos están situados los restos de la conocida como Galería de las Grutas, edificio subterráneo que se derrumbó parcialmente en el siglo XIX.
Preside la entrada a la Casa de Campo por la Puerta del Rey la fuente que antes estuba en la Puerta del Sol.
La historia de la Casa de Campo comenzó con la decisión de Felipe II de trasladar la Corte a Madrid y residir en ella. El rey comienza a formar una finca que unía el Palacio con el cazadero de El Pardo. Desde Bruselas, en 1553, ordena que se adquiera la casa de campo de los Vargas, cuyo escudo continuará en la edificación hoy existente en la entrada del Puente del Rey. Alrededor de este núcleo se irán agregando fincas de labor y campos comprados a los colindantes. Con Fernando VI este sitio se declaró Bosque Real. Dada la finalidad cinegética y campestre de la finca y la proximidad de Palacio, la primitiva casa de campo de los Vargas se amplía para tener los aposentos reales para estos menesteres. Carlos III le dará un nuevo rumbo introduciendo ganadería y agricultura entre los fines del Real Bosque, que serían continuados por la Reina María Cristina . La Casa de Campo tuvo su administración propia y un nutrido número de empleados con sus residencias y hasta su camposanto.
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