martes, 25 de mayo de 2010

La villa de la Alameda de Osuna. Madrid.

En las Relaciones, mandadas hacer por Felip II en 1579, se dice, que la Villa de la Alameda tiene una iglesia nuevamente reedificada, de una sola nave, muy alegre y vistosa, bajo la advocación de Sta. Catalina Virgen y Mártir, con buenos ornamentos, ser anexa de la parroquial de S. Pedro de barajas, Arciprestazgo de Madrid y Arzobispado de Toledo.

En el camino de la corte, de Toledo a Zaragoza, había junto a un mesón otra ermita de cal y canto al nombre de S. Cristóbal, muy visitada por peregrinos y caminantes.

En la Alameda habia un monasterio de monjas bajo la denominación de Santo Domingo el Real. Fue expropiado por la Desamortización. Hoy es el Colegio Alameda de Osuna. Dicho Monasterio tenía muchas huertas, fincas y heredades y lo habitaba un Mayordomo con el cargo de cobrar las rentas.

La iglesia de Santa Catalina antes de la Desamortización tenía la huerta de Nuestra Señora de la Concepción. Un fuego en 1782 y la Posición Jaca en 1936 que la utilizól como almacén destruyeron sus archivos.

Durante la Guerra civil en el Parque del Capricho , se construyo un polvorin y un Refugio Antiaereo , que se llamari­a la Posicion Jaca en ella se instalo el Estado Mayor del Ejercito del Centro para la Republica . con el General Miaja al frente que era el encargado de la defensa de Madrid despues de la huida del gobierno de la Republica. En este refugio se decidió la rendición de Madrid y el final de la Guerra Civil.

En la actualidad ha sido remodelada bajo proyecto de Jaime Luque. La reforma se acabó en Noviembre de 1996.

Ya en siglo XVIII podemos decir que las tierras de la calle Rioja y las que ocupa el Club Brezo estaban destinadas al cultivo de la vid.

Catalina, hija del rey Costo, estudió desde niña las artes liberales. A los 18 años vivía huérfana, rodeada de criados y riquezas, bajo el dominio del césar Maximino, que, por aquella época, hacia el año 310, promulgó un edicto, ordenando que acudieran a Alejandría todos los habitantes de la comarca, para ofrecer sacrificios a los dioses, castigando severamente a cuantos se negasen.


Catalina se presentó ante él y mantuvo un largo debate sobre el creador del mundo y las leyes que lo rigen. Maximino, profundamente impresionado por su belleza y sabiduría, inquirió de la joven quién era comprendiendo que para ella lo único importante era Jesucristo, a cuyo amor vivía consagrada, y que no estaba preparado para debatir con ella, por ello mandó llamar secretamente a los más famosos sabios del imperio, y al enterarse Catalina, se encomendó al Señor, que por medio de un ángel, le hizo saber que no sólo derrotaría a sus oponentes, sino que que los convertiría y prepararía para recibir el martirio.

Y así ocurrió: los oradores quedaron atónitos y se vieron obligados a guardar silencio, no siendo capaces de replicarle, por lo que todos ellos, convencidos por sus argumentos irrebatibles, se convirtieron al Cristianismo. El tirano se enfureció y les condenó a la hoguera, en la que murieron milagrosamente sin ser ni siquiera chamuscados por las llamas.

Al negarse Catalina a ser primera dama del César, mandó éste que la azotaran con cadenas y escorpiones, la encerraran en un calabozo oscuro y la mantuvieran incomunicada y sin alimentar. La emperatriz, acompañada del general Porfirio, se presentó secretamente en la prisión, quedando sorprendida al ver la mazmorra iluminada por los ángeles que curaban las heridas a Catalina, que le correspondió exponiéndole la doctrina cristiana y convirtiéndola a la fe de Cristo, anunciándole que, también ella, sería recompensada con la corona del martirio. Porfirio, conmovido por cuanto vio y oyó, se convirtió también y con él muchos de sus soldados.

Durante aquellos días de prisión, Cristo la alimentó con un manjar celestial que una paloma blanca le llevaba a diario. Al ver tal prodigio, el césar quiso convertirla en reina y cubrirla de honores, pero catalina prefirió seguir consagrada a su esposo omnipotente y eterno que entregarse a un hombre despreciable y pendenciero.

De nuevo le fue planteado el dilema: ofrecer sacrificios a los dioses o morir entre torturas. Los prefectos del emperador idearon unas ruedas cuajadas de agudísimos clavos y cuchillas que destrozarían su cuerpo. Catalina oró, y las ruedas saltaron en mil pedazos, hiriendo a sus verdugos. La emperatriz recriminó al emperador su crueldad que, colérico, ordenó que le arrancaran de cuajo los pechos, y luego le cortaran la cabeza. Y así fue martirizada, confortada por la santa. Porfirio consiguió enterrar su cuerpo reverentemente y se presentó al césar para decírselo, y exculpar a los soldados, haciéndole saber que también él era cristiano. La mayoría de los presentes manifestaron lo mismo y que estaban dispuestos a morir antes que renegar de su fe, por lo que, ciego de ira, condenó a todos a morir degollados.

Y de nuevo intentó seducir a Catalina, esta vez ofreciéndole compartir el trono. Catalina declaró estar dispuesta a compartir los anteriores tormentos antes que aceptar sus proposiciones, y fue sentenciada a morir ese mismo día decapitada. Al oír esto, levanto los ojos al cielo y oró: " ¡ Señor Jesús, te suplico me escuches, a mi y a cuantos a la hora de su muerte, recordando mi martirio, invoquen tu nombre !" Entonces se oyó una voz de lo alto que decía: "¡ Ven amada mía, esposa mía, que ya están abiertas las puertas del paraíso, para acogerte en él !, ¡ Yo te prometo que ampararé a cuantos recuerden cuánto has sufrido por mí y honren tu memoria !"

Instantes después, la espada cercenaba su cabeza, pero no brotó sangre, sino leche, y los ángeles recogieron su cuerpo y lo trasladaron al monte Sinaí, donde reposa desde entonces, exhalando un delicioso aroma que devuelve la salud a cuantos lo aspiran.