lunes, 14 de marzo de 2011

Señoras de Ledesma. Leonor Urraca, señora de Ledesma y reina de Aragon.




A ANTONIO MEDINA debemos esta interesante entrada sobre otra mujer que fue Señora de Ledesma. Las fotos son de DORA RODRIGUEZ. A los dos, gracias por su aportaciones.



LEONOR URRACA: SEÑORA DE LEDESMA y REINA DE ARAGÓN.

Si al final del texto anterior (“Doña Juana, Señora consorte de Ledesma), en el año 1312, veíamos como la Villa de Ledesma pasa a depender del dominio de la Corona. Hacia el año 1331 la Villa sale del realengo, pasando a depender del Infante Don Sancho (“el mudo”), hijo de Alfonso XI y de Doña Leonor de Guzmán (de la figura de ésta – “amante” del rey - se ocupa ampliamente la Profesora Paloma Torrijos en sus artículos de este mismo blog de fecha: 14 de enero de 2010 y 20 de enero del mismo año).

En el año 1369 con la proclamación como rey de D. Enrique, la Villa de Ledesma, es concedida en Señorío al hermano del nuevo monarca, el Conde Don Sancho, que había contraído matrimonio con la Infanta Doña Beatriz de Portugal.

Don Sancho, era Conde de Alburquerque y Señor de Haro, y por primera vez vemos vinculados los señoríos de Alburquerque y Ledesma, que por vicisitudes históricas, pasarán por diversas familias, y que seguirán unidas durante siglos.

Ese año de 1374 estando Don Sancho en Burgos, (de acuerdo con la crónica del rey Enrique III), “se combatía contra el duque de Alencaster por sus abusos, y en este combate, al Conde Don Sancho le alcanzó un golpe de lanza, provocándole una herida fatal, y causándole la muerte. Fue enterrado en la Catedral de Burgos.

Al ocurrir esta desgracia, doña Beatriz, esposa de Don Sancho, se hallaba en cinta, naciéndole poco después una hija, a quien llamó Leonor de Castilla. Para pasar tranquila los tristes días que le esperaban en su viudedad, Doña Beatriz se retiró con su hija a San Felices de los Gallegos, (Salamanca), donde moró en su castillo, bien acogida en tan tristes días por la Villa y sus moradores”.

Doña Leonor Urraca Sánchez, nace el año 1374, como hemos señalado, fruto del enlace entre D. Sancho de Castilla y de Doña Beatriz de Portugal.

En la documentación medieval del Archivo Municipal de Ledesma, recogida por Alberto Martín, en el año 1374: “el concejo de Ledesma rinde pleito-homenaje al Rey Don Enrique II, a quien recibe como “sennor natural”, a lo que el monarca Enrique II responde “confirmando a la villa de Ledesma los fueros, privilegios y libertades que sus antecesores le habían concedido”.

No sabemos por qué el concejo de Ledesma, a la muerte de Don Sancho, recibe como señor natural al monarca, cuando la heredera de dichos derechos era Doña Leonor, y durante la minoría de edad actuando como regente la Infanta Doña Beatriz.

La legítima defensa de la propiedad del señorío, por parte de Doña Beatriz de Portugal, sería lo que la llevó a escribir 21 de abril de 1381 al concejo de Ledesma, y “recuerda a sus vasallos la obligación que tienen de presentar sus pleitos en su Corte o en la de su hija Doña Leonor Señora de Ledesma, y no a la Corte Rea”l.

Probablemente, con la finalidad de hacer efectivo este requerimiento, Doña Beatriz “pasó a Ledesma, y allí murió el 5 de julio de 1381, siendo enterrada en la Catedral de Burgos, junto a su marido.”

Nuestra protagonista, se encuentra con siete años completamente huérfana, “fue recogida y llevada a la corte, encontrando en el rey Don Juan I, su primo hermano, un sincero y familiar afecto familiar”.

El 12 de julio de 1384, hace valer su dominio sobre la Villa de Ledesma, enviando una carta al concejo que dice: “Doña Leonor, hija del Conde don Sancho, Conde de Alburquerque y señorío de Haro, Ledesma y Lillalón, ordena a sus alcaldes que no paguen penas superiores a sesenta maravedíes, “salvo si fuer cosas que cumplan al servicio del Rey” y que suspendan temporalmente el cumplimiento de las penas impuestas antes, ya que los de Ledesma “se van desa dicha villa e de su tierra en e bevir a otras partes”.

El padre Mariana dice: “andaba en la corte doña Leonor, hija única de don Sancho, conde de Alburquerque; la dote y sus haberes y rentas, eran de tal guisa, que el pueblo la llamaba la Rica Hembra”.

Doña Leonor era entonces: Condesa de Alburquerque, Señora de San Felices y Sobradillo, de Medellín, de Tiedra, Montealegre, Villalba del Azor, Castromonte, Carvajales, Ampudia, Haro, Briones, Behorado, Cerezo y Ledesma, su tierra. De ahí que numerosas fuentes, al referirse a ella, la citen como “rica - hembra”, dado que sus dominios eran de un poder significativo en la Castilla de la época.

Doña Leonor, (que además de su poderío económico, debía ser una hermosa joven) era una mujer muy solicitada por esposa, así por ejemplo, Víctor Gebhardt señala que “El Duque de Benavente (D. Fabrique) no podía perdonar a los magnates, haber impedido su matrimonio con Doña Leonor, Condesa de Alburquerque, llamada la rica hembra de castilla”.

Su matrimonio no estuvo exento de relieve político y de intereses encontrados, pero todos quedan zanjados en el año 1390, cuando el Arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, de acuerdo con el Consejo, propone el casamiento y capitulaciones matrimoniales de Doña Leonor con el infante D. Fernando el de Antequera, hermano del rey (por lo tanto: tia y sobrino).

Oída doña Leonor, que por tener dieciséis años, ya contaba con edad para ello, mostró su conformidad al matrimonio en cuanto por parte de don Fernando pudiera realizarse, ya que entonces solo contaba con diez años.

En 1395 se lleva a cabo el matrimonio en Valladolid. Matías Sangrador en su obra sobre esta ciudad señala: “En este mismo año hubo solemnísimas funciones en Valladolid con motivo de las bodas que en ella se celebraron entre el infante Don Fernando (el de Antequera), hermano del Rey, y Doña Leonor Urraca de Castilla, conocida por la Rica-Hembra, hija del conde Don Sancho, hermano que fue de don Enrique II. Asistió a estos festejos el Rey y toda su Corte, y duraron por muchos días en Valladolid los juegos y públicas diversiones”.

Una vez celebrado el matrimonio entre Doña Leonor y D. Fernando, (conforme a las “capitulaciones” de la época, intrínsecas a los contratos de “desponsales”), el Infante hace valer como suya la propiedad de la Villa de Ledesma, y con fecha 11 de mayo de 1411, envía a la Villa un escrito que dice: “El Infante Fernando de Antequera ordena a sus vasallos y tierra de Ledesma que paguen salarios a los que tienen el “ofiçio y rregimento””.

Esta “carta” no es otra cosa que una reivindicación clara y concreta de sus derechos, que habían sido asumidos por el monarca y sustraídos, al dueño del Señorío, durante ése período de tiempo.
Incluso, días después, el 25 de mayo del mismo año de 1411, se recibe en la Villa de Ledesma una “exención” firmada por el mismo, en que dice: “comunica a los recaudadores y arrendadores de obispado de Salamanca que no cobren 3.500 maravedís al concejo de Ledesma dado que este no ha traído sal de Portugal”.

El matrimonio tiene siete descendientes: Alfonso (1394, llamado el “magnánimo”, rey de Aragón como Alfonso V y de Nápoles y Sicilia como Alfonso I), María de Aragón (1396, primera esposa de Juan II de Castilla), Juan (1397, denominado “el Grande”, rey de Aragón y consorte de Navarra, de su segundo matrimonio nació Fernando “El Católico”), Enrique (1400, conde de Alburquerque y Gran Maestre de la Orden de Santiago), Leonor (1402, esposa de Eduardo I de Portugal), Pedro (1406) y Sancho (1410).

Don Fernando es elegido monarca en el denominado “compromiso de Caspe”, el 28 de junio de 1412, siendo coronado rey de Aragón el 5 de agosto del dicho año.

Jerónimo de Blancas relata dicha coronación: “Iba doña Leonor del brazo del príncipe, el Duque y sus hijos hacia el palacio de los Mármoles, acompañada también de doncellas, caballeros y escuderos ricamente vestidos. La reina montaba sobre caballo blanco y lujosamente guarnecido, y alrededor de ella, a pie, los Grandes Señores, Infantes y rocos Hombres y caballeros. Así que llegó a la iglesia, hizo oración y se sentó en la silla del Rey.

Después vino el Arzobispo Don Lope de Luna para bendecirla. El Rey se sentó en su silla con las vestiduras con que se había coronado días antes. Allí comenzaron a decir los Obispos y Arzobispos –de todo Aragón- las oraciones correspondientes al acto. Dichas éstas, la Reina doña Leonor, se postró ante el Rey, su esposo, y éste puso sobre su cabeza la corona que era de oro y piedras preciosas: el Cetro en la mano derecha y una sortija en un dedo de sus manos. A continuación el Rey dio la paz, y se acercaron a la reina los Infantes sus hijos a besarle la mano. Y el Rey seguidamente, armó a varios caballeros.

Acabadas estas largas, vistosas y obligadas ceremonias, la Reina regresó en su caballo, maravillando a las gentes que estaban en las calles para verla pasar. Los días siguientes hubo torneos, justas y juegos de cañas apara celebrar la coronación”.

Poco duró el reinado de D. Fernando, pues fallece el 2 de Abril de 1416 en Igualada. Tras la prematura muerte de su esposo, Doña Leonor, aparece firmando algunos documentos como “la triste Reina”. Decide su regreso a Castilla, como Condesa de Alburquerque y Señora de Ledesma y de Haro. Sin embargo decide repartir su señorío entre sus hijos y, luego de arregladas las disposiciones testamentarias de su esposo, se retiró a Medina del Campo, a un convento de religiosas Dominicas que fundó: “Nuestra Señora de los Huertos”. Tenía adjudicada una renta anual de 400.000 maravedies por parte del Rey de Castilla, que según consta en una carta firmada por ella, y dirigida a los contadores del rey en que dice: “Porque vos rogamos e dezimos que de los dichos cuatroçientos mil maravedíes que nos avemos de aver del dicho nuestro mantenimiento…”

Los avatares de Doña Leonor no terminan con su enclaustramiento en “Nuestra Señora de los Huertos” de Medina, puesto que en 1430, el rey Juan II de Castilla, enemistado con sus primos los Infantes de Aragón, ante la sospecha de colaboracionismo por parte de Doña Leonor con los de Aragón, ordena su traslado al convento de Santa Clara de Tordesillas. Pocos meses después, a petición del rey de Portugal, volvería a la clausura de Medina, porque: “era la más generosa que hay en España”.

La salud de doña Leonor ya estaba muy resquebrajada, y así, en “la crónica del halconero” se dice: “Viernes a 16 días del mes de diciembre, año del Señor de 1435 años, fallesçió la rreyna de Aragón doña Leonor …. Miércoles a 18 días del mes de henero, año del nasçimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1436 años… En Alcalá de Henares, fizo don Jhoan los oficios por su suegra la rreyna doña Leonor; … E toxo el Rey luto desd´el día que la rreyna fallesció fata cuarenta días…”
Falleció pues doña Leonor en Medina del Campo, no faltó el reconocimiento real a su figura y fue sepultada en la inmediata Iglesia de San Juan de las Dueñas.