sábado, 28 de mayo de 2011

Las rosquillas de Santa Clara.


En Madrid, las casas del contador de Juan II Alonso Álvarez de Toledo ocupaban la manzana 429 y con tribuna a la iglesia de Santiago y luego a la de Santa Clara, aparte de otras que estaban situadas en la plaza de la Villa y que en 1467 tuvo que vender al Concejo su viuda Catalina Núñez, ya que habían sido expropiadas para ensanchar la plaza. Debemos imaginarnos un Madrid del que nos da una idea aproximada el plano de Texeira del siglo XVII, aunque éste ya no es el mismo Madrid del siglo XV por donde podríamos encontrar al Contador.
            
 En las casas del Contador se hospedaba Juan II cuando estaba la Corte en Madrid, Enrique IV y el condestable Álvaro de Luna donde parece que su mujer Juana de Pimentel, luego de viuda “la Triste Condesa”, dio a luz en 1435 a su hijo y heredero Juan. Pasan algunas de las Casas de los Toledo a la propiedad de la Casa de Lemos dando nombre esta propiedad a la actual calle del Conde de Lemos que es paralela a la de Santiago. Viene de Pedro Núñez de Toledo la Casa de los señores de Villafranca, en Madrid, en Italia marqueses de Villamagna- Villamaina-, grandes de España.

Muere Catalina Núñez, segunda mujer del Contador, “a quien la princesa Isabel también tuvo en mucha estima por su valor y virtud y recién muerto su marido le hizo compañía durante quince días sin querer ser servida de sus criadas, sino tan solo de las de Doña Catalina, a quien Su Alteza dio un retablico de marfil y plata de la vida de Nuestra Señora, que se guarda en el Convento de San Bernardo, tanta era la honra y favor, que aquellos santos reyes hacían a quien también se la merecía” en el año 1472, “Aquí yaze la notable señora Doña Catalina Núñez de Toledo mujer que fue de Alonso Álvarez de Toledo, Contador Mayor de Castilla. Fino año de 1472”. Su lugar de enterramiento fue la capilla mayor del monasterio de Santa Clara de Madrid, “Enterrose en el coro delmonasterio de sanrtacalara, dejando por su patrón a su hijo Pedro Nuñez de Toledo y a los sucesores de su casa y mayorazgo, y la capilla mayor para su entierro.Y porque no se perdiese el derecho al Patronazgo del Convento de San Bernardo de la ciudad de Toledo dejó ordenado que sus sucesores se enterrasen alternativamente uno en este Monasterio de Santa Clara y otro en el convento de San Bernardo” que fue fundación suya en Madrid, “Pareciendo a Doña Catalina, que no cumplía con el estado de viudez, que Nuestro Señor le había dado, sino era retirándose a un Monasterio, donde apartada de los cuidados del siglo, se entregase toda a Su Magestad, dio traza de edificar y dotar para conseguir lo que deseaba el Monasterio de Santa Clara de esta villa, Monasterio de la Visitación de Nuestra Señora, llamado Santa Clara de monjas franciscanas”

Parece que fue doña Catalina quien hizo que las rosquillas que elaboraban las mojas del convento cobraran fama entre los madrileños, destinando el dinero obtenido de la venta de las rosquillas de Santa Clara para sus obras de caridad.