jueves, 26 de mayo de 2011

Rincones.



En la Comunidad de Madrid.


Castillo de Aulencia, Villafranca del Castillo.


Iglesias góticas de Colmenar Viejo y Torrelaguna.


Convento de San Julián y San Antonio, La Cabrera. 


Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa.




En la Comunidad de Castilla la Mancha.


Guadalajara.


Monasterio cisterciense de Bonaval en Retiendas, al norte de Cuadalajara.


En las tierras del antiguo Infantado de Huete y luego de los Mendoza, 


Monasterio cisterciense de Monsalud en Córcoles, junto a las tierras de la provincia de Cuenca. Se conserva bien la iglesia y la sala capitular. 


Todavía podemos ver parte de la muralla urbana de Córcoles 

Monasterio cisterciense de Buenafuente de Sistal, en  la población del mismo nombre en el  municipio de Olmeda de Cobeta, Guadalajara. En el Alto Tajo.  No lejos de  Molina de Aragón.



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Localizacion de Buenafuente del Sistal, Olmeda de la Cobeta. 



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Localización de Retiendas. En el cercano Uceda, antigua iglesia románica de Nuestra Señora de la Varga.





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Localización de Córcoles y Alcocer. En Alcocer el desparecido Monasterio de Santa Clara y la actual iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción


Al norte de Alcocer el despoblado de Valdeloso que fue del monasterio de Monsalud. 
está  en medio de unos cerros altos, en un altillo más bajo que los demás cerros de  alrededor”


Hay una Puebla de Alcocer en Badajoz.


En Beleña de Sorbe, junto a Cogolludo. Fue Beleña señorío de los Mendoza


Ruinas en Beleña del castillo e iglesia parroquial de  San Miguel. Hay otro Beleña en Salamanca.

En Cogolludo el palacio de los Infantado -Medinaceli.


Cuenca.


Arquitectura religiosa de Huete.



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Iglesia parroquial renacentista de Carrascosa del Campo.

Álcazar del Rey.


Reconquistada la zona por las tropas del reino de Aragón, quedó en poder de  Manrique de Lara.

El primer documento relativo a Buenafuente data de 1176. En ese año, ya habían asentado en este lugar los canónigos regulares de San Agustín, procedentes de la abadía de Monte Bertaldo, en Francia. Adquirieron, por donaciones de los señores molineses y de otros particulares, algunas posesiones en el páramo molinés: el conde  Pedro Manrique de Lara les donó en 1176 las salinas de Anquela.

En 1234, el arzobispo de Toledo,  Rodrigo Ximénez de Rada, adquirió por compra el monasterio y sus términos, en trato directo con las jerarquias agustinianas de Monte Bertaldo. Su idea era, una vez en los dominios de la mitra primada toledana, colocar allí un monasterio cisterciense, por los que él sentía predilección tanta. 

En 1242, el arzobispo se lo cedió a doña Berenguela, hija de Alfonso VIII y madre de Fernando III, con la condición de poner allí un convento de monjas de la advocación de la Santísima Virgen. Para entonces ya no estaban los canónigos que durante casi un siglo lo habitaron.

Doña Berenguela lo cedió a su hijo don Alonso, señor de Molina por estar casado con doña Mafalda, hija del conde don Gonzalo Pérez de Lara. Y es este infante don Alonso quien al año siguiente, en 1243, se lo vende en 4.000 maravedíes alfonsíes a su suegra doña Sancha Gómez con la expresa condición de poner en él «duennas en la Orden de Cistel». Solventadas ciertas dificultades jurisdiccionales, en agosto y octubre de 1246 extendió doña Sancha Gómez dos documentos por los que cedía al abad de Huerta el monasterio de Buenafuente con todas sus pertenencias y amplio territorio. Fueron traídas monjas de Casbas, en Huesca, para su primitivo habitamiento, y en pocos años surgió, gracias a la ayuda de los condes, obispos de Sigúenza y abades de Huerta, el monasterio de la Buenafuente del Sistal casi como hoy lo conocemos.

Desde el primer momento fueron dueñas las monjas de Buenafuente de un extenso territorio y abundantes preeminencias en el Señorío de Molina. Sería interminable hacer relación de las donaciones que durante los siglos XIII y MIV acrecentaron el poderío de Buenafuente, hasta hacer de él un verdadero feudo dentro del que ya de por sí constituía el Señorío molinés. Por otra parte, las concesiones reales (de Fernando IV y Alfonso XI) de posesión de excusados renteros que trabajen las tierras del monasterio sin obligación de tributar al Estado, contribuyó a la creación de un regular núcleo de población en torno al cenobio, y que ha llegado hasta nuestros días, después de haber quedado casi desierto hace unos 30 años.