lunes, 19 de marzo de 2012

Villamanrique de Tajo. Madrid.


La presencia humana desde la prehistoria se acentua en la época musulmana.  Aparece la aldea de Albuher, pequeño núcleo de población situada en el mismo lugar en que ahora se alza Villamanrique, y con un término que se extendía por ambas orillas del río.

Albuher contaba en el siglo XI, cuando  fue conquistada por Alfonso VI, con pesquerías, molinos y tierras de labor de regadío.

Albuher es un palabra que denomina a una  presa en el Tajo  o en alguno de los arroyos que desembocaban en él.



También había un Castillo, el castillo de Albuher, cuyos restos aún se conservan en un cerro al otro lado del río frente al pueblo.
Formaba parte de la línea defensiva de la marca media, en la que también estaban integrados otros castillos vecinos como los de Oreja, Alharilla y Zorita.

Fue una encomienda de la orden de Santiago, pero en el siglo XIV se despobló.

Del antiguo pueblo solo quedó en uso su iglesia, que siguió incorporada al patrimonio de la orden de Santiago con el nombre de ermita de Santa María de Albuher. Cuando a finales del siglo XV o principios del XVI se fundó Villamanrique, esta ermita se convirtió en su primera iglesia, por eso su patrona llevó el nombre de Nuestra Señora de Albuher, aunque con el paso de los siglos la palabra se ha convertido en Arbuel.

El nombre de la nueva Villa está claramente relacionado con la familia Manrique, varios de cuyos miembros ocuparon puestos muy relevantes en la orden de Santiago. Es el caso de Joge Manrique.





Villamanrique siguió siendo territorio de la orden de Santiago hasta que, en 1573.  Felipe la vende como Villa de señorío a Doña Catalina Lasso de Castilla, junto con la Dehesa del Castillo.

En 1666, con  Carlos II, Villamanrique se convirtió en un condado, cuyo título perteneció a la familia Lasso de Castilla. 

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX Villamanrique experimentó un crecimiento de su territorio y de su población, por dos hechos que vinieron a darle su configuración actual. El primero fue la creación de las Reales Salinas de Carcavallana, que favorecieron el aumento de la población, y el segundo la incorporación a su término municipal del territorio de Buenamesón, que perteneció a la orden de Santiago y a su priorato de Uclés hasta la desamortización, y del que aún se conserva su convento-palacio, edificio de finales del siglo XVI y principios del XVII, remodelado en el XVIII, siendo el monumento más destacado de la Localidad y uno de los más importantes de la Comarca.