domingo, 30 de septiembre de 2012

San Millán de la Cogolla. Monasterios de Suso y de Yuso, La Rioja.

 Monasterio de Suso.


Pártese el moro Alicante
víspera de San Cebrián;

ocho cabezas llevaba,

todas de hombres de alta sangre…


La Leyenda de los infantes de Lara, incorporada al Romancero y cuyos hechos responderían a una realidad histórica situada en el último cuarto del siglo X, tuvo un éxito considerable en la Castilla de la Edad Media.

Los siete hermanos, hijos del noble Gonzalo Gustioz, fueron capturados por los musulmanes en una emboscada preparada por su tio Ruy Velázquez, trasladados a Córdoba y decapitados. Los cadáveres se condujeron a Castilla y según una tradición no textual, fueron depositados en unos sepulcros pétreos que se ubicaron en el pórtico meridional del monasterio de San Millán de la Cogolla de Suso. De este modo, el monasterio fue también conocido como panteón de los siete héroes castellanos. Mudarra (también llamado «hijo de la renegada»), hijo bastardo de Gonzalo Gustioz —padre de los infantes— y de una hermana del mismo Almanzor, recibió su educación de este caudillo musulmán. Vengó después la muerte de sus hermanastros.

Al menos desde el siglo XVI, los monasterios de San Millán de la Cogolla y San Pedro de Arlanza pujaron por la pretensión de conservar la sepultura de los siete jóvenes asesinados. El apasionamiento llevó a que en 1600 el abad del monasterio riojano, fray Plácido de Alegría, procediera a la apertura notarial de los siete sarcófagos ubicados en el pórtico del primitivo asentamiento en Suso, a fin de certificar su autenticidad.

La aparición de los cadáveres descabezados fue prueba que, poco tiempo después, convenció tanto a Sandoval como a Yepes para sellar la contienda a favor de la Cogolla. De este modo, el monasterio se conoció también como panteón de los siete héroes castellanos. Años antes, en diciembre de 1569, se habían encontrado en la iglesia parroquial de la villa de Salas «las cabeças de los siete Infantes dentro de vn arca de madera, cubiertas con vn lienço»





Los sarcófagos de los siete infantes de Lara se encuentran en el monasterio de San Millán de Suso. Las cabezas de los infantes están en la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes, y el sepulcro de Mudarra se halla en la Catedral de Burgos.




 
Los Monasterios de Suso, arriba, y Yuso, abajo, de San Millán de la Cogolla fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 4 de diciembre de 1997, por razones históricas, artísticas, religiosas, lingüísticas y literarias.

El Monasterio de Suso fundado por San Millán en el siglo V. Tiene elementos visigóticos, mozárabes y pre-románicos, predominando el mozárabe del siglo X. Según la tradición en los sepulcros del claustro fueron enterrados los siete infantes de Lara.





En el 1053 los restos de San Millán fueron trasladados al Monasterio de Yuso. El rey García IV de Navarra pretendió trasladar el arca a Nájera. Según la tradición, los bueyes que tiraban de la carreta no pudieron con la carga y se interpretó que el santo deseaba permanecer allí por lo que el rey ordenó construir un nuevo monasterio."









La figura de San Millán surge en unos momentos en los que en la península ibérica perviven los restos del imperio romano ya cristianizado y los bárbaros visigodos ocupan la zona norte, siendo rey Eurico. Es la época mítica del primer cristianismo plagada de leyendas, símbolos nuevos, reminiscencias de tribus prerromanas y hechos fantásticos que se nutre de la materia de la que están hechos los sueños.

Nace Millán o Emiliano en el cercano Berceo en el año 473, hijo de una familia campesina de origen hispanorromano se dedica a pastorear un rebaño de ovejas. 

La tradición lo representa en unos montes idílicos tocando la dulzaina o entonando canciones con el acompañamiento de la cítara. 

A los veinte años y sumido en un sueño místico un ángel le indica el camino de los riscos de Bilibio (Haro) en los que un ermitaño de nombre Félix o Felices le instruirá para que siga su ejemplo. Regresa Millán a los montes en los que había cuidado su rebaño para huir del mundo y refugiándose en las cuevas de la sierra de la Demanda durante cuarenta años llevar una vida de ascetismo.

Su modo de vida va cobrando fama de santidad y es llamado por Dídimo, obispo de Tarazona, para ser ordenado sacerdote y nombrarle párroco de Berceo. Aquí se produce uno de los hechos más curiosos de su legendaria biografía: puesto que estas tareas administrativas no parecían encajar con su carácter y entregaba todas las donaciones propiedad de la parroquia a los necesitados fue acusado de malversación de fondos por lo que fue destituido por el obispo Dídimo.

De nuevo vuelve a sus montes despojado de todo atributo terrenal y vive como ermitaño solitario mientras va creciendo su aureola de santidad. Se le atribuyen diversos milagros y comienzan a acudir numerosos peregrinos a conocerle y hubo otros eremitas que se quedaron en este peqeño valle para seguir sus enseñanzas y formar una comunidad. Vivían en cuevas y construyeron un oratorio primitivo, sus nombres son: Aselo, Geroncio, Citonato, Sofronio, Oria y Potamia.

Murió en el año 574 con 101 años de edad y fue enterrado en el suelo del oratorio. 

Los monjes eligieron otro abad y permanecieron como ermitaños alrededor del sepulcro de San Millán. 

No dejó nada escrito, fue hacia el 650 que San Braulio, obispo de Zaragoza, que había escuchado de boca de su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla, los relatos de los discípullos del santo escribió en un latín comprensible para el pueblo la primera biografía de San Millán.


La Fundación San Millán de la Cogolla tiene por objeto favorecer la protección y cuidado del medio natural de la zona declarada Patrimonio de la Humanidad en San Millán de la Cogolla y los monasterios de Suso y Yuso; investigar, documentar y difundir los orígenes de la Lengua Castellana y la utilización de las nuevas tecnologías para la difusión y actualización del castellano en el mundo, así como fomentar el desarrollo social, económico, cultural y turístico de San Millán de la Cogolla y su entorno.