Alarcón se encuentra rodeado por tres líneas de muralla consecutivas, cada una con su puerta, y defendida por torreones. Estas son la puerta y torre del Campo, la puerta y torre del Calabozo o de Enmedio y la puerta del Bodegón ya en la población. En la ladera izquierda se encuentra la puerta de Chinchilla o de Las Moreras, por la que se accede al puente del Picazo, del que arranca una antigua vía romana secundaria.
Dependió inicialmente la fortaleza de Alarcón del emirato de Córdoba. Tras la descomposición del califato cordobés y la formación de los reinos taifas, se subordinó al de Toledo. Durante su permanencia en poder de los musulmanes sirvió de bastión defensivo en sus pugnas internas. En 1184, Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII, asedió la fortaleza durante nueve meses y la ganó finalmente para su rey. Se vio recompensado con el privilegio de tomar el nombre de la villa por apellido, cosa que hizo, pasando a llamarse Martínez de Alarcón y dando con ello origen a este nuevo linaje. A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la atención de los sucesivos reyes de Castilla que lo engrandecieron y reforzaron, a la par que le dotaron de un fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de amplios territorios circundantes. Todo ello fue puesto en manos de la Orden Militar de Santiago por Alfonso VIII. Cuando en 1212 se libra la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, el concejo de Alarcón concurre a la misma sumando sus propias tropas a las del rey. A principios del siglo XIV, el Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el señorío de Alarcón, castillo incluido. En este noble retiro escribió alguna de sus obras literarias. A la muerte del infante retornó al patrimonio real, para ser cedido ya en el siglo XV a don Juan Pacheco, marqués de Villena. El marquesado, en las personas de don Juan y de su hijo don Diego López Pacheco, tomó partido por Juana la Beltraneja y se enfrentó a los Reyes Católicos; en esta porfía perdió los castillos de Belmonte y Garcimuñoz, pero logró mantener el de Alarcón.
Vistas de la Torre del Campo o de Armas y de la Puerta del Campo . Defendía la puerta del mismo nombre, la entrada al primer recinto defensivo. Se construyó como primera defensa adelantada de la ciudad. Prueba de ello es que contiene su propia plaza de armas. Desde ella se divisan tanto los alrededores como la situación del castillo. La torre del Campo es de planta rectangular su interior y pentagonal el exterior, con la defensa en quilla. Quizás sea una de las mejores torres albarranas que existen en la provincia de Cuenca. Con una estructura defensiva muy poderosa, era la encargada de defender el primero, de los tres, recintos amurallados que tenía la fortaleza de Alarcón. En su lado Sur podemos ver el escudo de D. Juan Manuel, quien construye la torre en el siglo XIV. Tiene forma pentagonal, como las torres del Calabozo y de El Cañavate, con espolón macizo dirigido al Este, en este caso. Dispone de una entrada a unos 4 metros de altura situada al Oeste, lado opuesto del espolón. También es conocida como Torre del Campo, porque está orientada hacia el campo o hacia las afueras de la villa, que es lo que significa "albarrana".
La Torre del Campo vista desde el Parador.
Después de la conquista de Cuenca en 1177, Alfonso VIII dirigió sus tropas hacia Alarcón, y en 1184, tras nueve meses de asedio, las tropas formadas por caballeros extremeños y capitaneadas por el asturiano de origen real Martín de Ceballos entraron en la ciudad, después de que, según se cuenta, Martín de Ceballos escalara las paredes de la muralla apoyándose sobre dos dagas vizcaínas. Más tarde se anexionan a Alarcón todos los territorios conquistados en buena parte de la Mancha conquense y albaceteña, y se le concedió fuero propio. La Orden de Santiago construyó en Alarcón un Hospital de Peregrinos. Alfonso VIII estableció su corte en Alarcón durante cas todo el año 1211, preparando la decisiva batalla de Navas de Tolosa (1212), en la que se destacó el Consejo de Alarcón, con su propio ejército. A principios del XIV las tierras de Alarcón fueron cedidas al infante Juan Manuel. Finalmente pasó a ser dominio del marquesado de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas disputas en su intento por reducir el poder feudal de la época. En esta época Alarcón fue protagonista de sus últimas batallas, ya que se convierte en el centro de la resistencia del marquesado frente a los monarcas. En el año 1471, el marqués buscó refugio entre los muros de esta fortaleza a causa de su enfrentamiento con las tropas de los Reyes Católicos. El desenlace de tal pugna terminó con la imposibilidad de los reyes de tomar el castillo, por lo que se firmó un tratado. Ya en el siglo XIX, sufrió las guerras carlistas. A partir de entonces, comenzó su restauración.
Después de la conquista de Cuenca en 1177, Alfonso VIII dirigió sus tropas hacia Alarcón, y en 1184, tras nueve meses de asedio, las tropas formadas por caballeros extremeños y capitaneadas por el asturiano de origen real Martín de Ceballos entraron en la ciudad, después de que, según se cuenta, Martín de Ceballos escalara las paredes de la muralla apoyándose sobre dos dagas vizcaínas. Más tarde se anexionan a Alarcón todos los territorios conquistados en buena parte de la Mancha conquense y albaceteña, y se le concedió fuero propio. La Orden de Santiago construyó en Alarcón un Hospital de Peregrinos. Alfonso VIII estableció su corte en Alarcón durante cas todo el año 1211, preparando la decisiva batalla de Navas de Tolosa (1212), en la que se destacó el Consejo de Alarcón, con su propio ejército. A principios del XIV las tierras de Alarcón fueron cedidas al infante Juan Manuel. Finalmente pasó a ser dominio del marquesado de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas disputas en su intento por reducir el poder feudal de la época. En esta época Alarcón fue protagonista de sus últimas batallas, ya que se convierte en el centro de la resistencia del marquesado frente a los monarcas. En el año 1471, el marqués buscó refugio entre los muros de esta fortaleza a causa de su enfrentamiento con las tropas de los Reyes Católicos. El desenlace de tal pugna terminó con la imposibilidad de los reyes de tomar el castillo, por lo que se firmó un tratado. Ya en el siglo XIX, sufrió las guerras carlistas. A partir de entonces, comenzó su restauración.
Hola. Es impresionante los artículos que realizas y la forma de escribirlos, es un contenido que voy a proponer que añadan a Trivago para enriquecer la página y que tu blog tenga mayor difusión. Por ejemplo, este artículo podría ser añadido como fuente externa en Torre del Campo . Si te gusta la idea, podemos hacerlo... ;-)
ResponderEliminarGracias por la calidad de tu contenido.