sábado, 18 de abril de 2009

Alarcón. Castillo de las Altas Torres y murallas.

Torre y Puerta del Calabozo. Al igual de las otras torres también está construida en el siglo XIV, desde aquí parte el segundo recinto amurallado de la fortaleza, que rodea al Castillo, además la torre con su espolón defiende parte del frontal del Castillo. Como la del Campo y la de Cañavate es pentagonal con planta cuadrada. Parece que era más pequeña que las anteriores, tiene sentido pues estamos más cerca de la población y sería fácil un apoyo desde el Castillo en un momento dado. Actualmente tiene una puerta nueva a nivel de suelo por lo que es posible acceder a su interior, cosa que es imposible, hasta ahora, en el resto de las torres. Si entramos podremos adivinar muy bien los pisos que tenía la torre y la estructura defensiva.
La Torre del Cañavate está situada al oeste de la península de los Alarconcillos, y junto con su recinto amurallado impedía el acceso a la villa por el oeste, ya que por aquí era el único lugar por donde se podía acceder desde esta orientación.
Torre del Campo o de Armas.






Vistas de la Torre de Alarconcilo y del Puente de Cañavate o del Hechicero.
Puerta del Río que da acceso al Puente del Cañavate en el lienzo norte de las Muralla.

Vistas de la Puerta del Calabozo.

El río Jucar visto desde la Torre del Campo o de Armas.
Alarcón se encuentra rodeado por tres líneas de muralla consecutivas, cada una con su puerta, y defendida por torreones. Estas son la puerta y torre del Campo, la puerta y torre del Calabozo o de Enmedio y la puerta del Bodegón ya en la población. En la ladera izquierda se encuentra la puerta de Chinchilla o de Las Moreras, por la que se accede al puente del Picazo, del que arranca una antigua vía romana secundaria.

Dependió inicialmente la fortaleza de Alarcón del emirato de Córdoba. Tras la descomposición del califato cordobés y la formación de los reinos taifas, se subordinó al de Toledo. Durante su permanencia en poder de los musulmanes sirvió de bastión defensivo en sus pugnas internas. En 1184, Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII, asedió la fortaleza durante nueve meses y la ganó finalmente para su rey. Se vio recompensado con el privilegio de tomar el nombre de la villa por apellido, cosa que hizo, pasando a llamarse Martínez de Alarcón y dando con ello origen a este nuevo linaje. A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la atención de los sucesivos reyes de Castilla que lo engrandecieron y reforzaron, a la par que le dotaron de un fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de amplios territorios circundantes. Todo ello fue puesto en manos de la Orden Militar de Santiago por Alfonso VIII. Cuando en 1212 se libra la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, el concejo de Alarcón concurre a la misma sumando sus propias tropas a las del rey. A principios del siglo XIV, el Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el señorío de Alarcón, castillo incluido. En este noble retiro escribió alguna de sus obras literarias. A la muerte del infante retornó al patrimonio real, para ser cedido ya en el siglo XV a don Juan Pacheco, marqués de Villena. El marquesado, en las personas de don Juan y de su hijo don Diego López Pacheco, tomó partido por Juana la Beltraneja y se enfrentó a los Reyes Católicos; en esta porfía perdió los castillos de Belmonte y Garcimuñoz, pero logró mantener el de Alarcón.

Vistas de la torre denominada Alarconcillo o del Cañavate desde el Parador. Levantada en tiempos de don Juan Manuel. En la península península formada, como Alarcón, por un cerrado meandro del Júcar, que perdió la puerta del mismo nombre y buena parte de la muralla árabe.
Su nombre recuerda el del rey visigodo Alarico II, su fundador en el S.V. Dada su especial situación, hizo que se constituyese en el principal objetivo de las campañas llevadas a cabo por Alfonso VIII en tierras de Cuenca, siendo reconquistada en 1184 a los musulmanes de Alarkum, tras un asedio de nueve meses. En 1194 se donó la ciudad a la Orden de Santiago, quien edificó un hospital de peregrinos. Desde aquí se emprendieron algunas de las revueltas comandadas por el marqués de Villena contra los Reyes Católicos.

Construido en el S.XV. El infante don Juan Manuel escribió aquí su famosa obra El Conde Lucanor. Actualmente alberga el Parador Nacional Marqués de Villena. Esta plaza fuerte consta de un recinto amurallado que alberga el núcleo de población y el castillo propiamente dicho, y de cinco torres exteriores aisladas y estratégicamente dispuestas. Alarcón está declarada Conjunto Histórico-Artístico. Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.





Vistas de la Torre del Campo o de Armas y de la Puerta del Campo . Defendía la puerta del mismo nombre, la entrada al primer recinto defensivo. Se construyó como primera defensa adelantada de la ciudad. Prueba de ello es que contiene su propia plaza de armas. Desde ella se divisan tanto los alrededores como la situación del castillo. La torre del Campo es de planta rectangular su interior y pentagonal el exterior, con la defensa en quilla. Quizás sea una de las mejores torres albarranas que existen en la provincia de Cuenca. Con una estructura defensiva muy poderosa, era la encargada de defender el primero, de los tres, recintos amurallados que tenía la fortaleza de Alarcón. En su lado Sur podemos ver el escudo de D. Juan Manuel, quien construye la torre en el siglo XIV. Tiene forma pentagonal, como las torres del Calabozo y de El Cañavate, con espolón macizo dirigido al Este, en este caso. Dispone de una entrada a unos 4 metros de altura situada al Oeste, lado opuesto del espolón. También es conocida como Torre del Campo, porque está orientada hacia el campo o hacia las afueras de la villa, que es lo que significa "albarrana".
La Torre del Campo vista desde el Parador.
Después de la conquista de Cuenca en 1177, Alfonso VIII dirigió sus tropas hacia Alarcón, y en 1184, tras nueve meses de asedio, las tropas formadas por caballeros extremeños y capitaneadas por el asturiano de origen real Martín de Ceballos entraron en la ciudad, después de que, según se cuenta, Martín de Ceballos escalara las paredes de la muralla apoyándose sobre dos dagas vizcaínas. Más tarde se anexionan a Alarcón todos los territorios conquistados en buena parte de la Mancha conquense y albaceteña, y se le concedió fuero propio. La Orden de Santiago construyó en Alarcón un Hospital de Peregrinos. Alfonso VIII estableció su corte en Alarcón durante cas todo el año 1211, preparando la decisiva batalla de Navas de Tolosa (1212), en la que se destacó el Consejo de Alarcón, con su propio ejército. A principios del XIV las tierras de Alarcón fueron cedidas al infante Juan Manuel. Finalmente pasó a ser dominio del marquesado de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas disputas en su intento por reducir el poder feudal de la época. En esta época Alarcón fue protagonista de sus últimas batallas, ya que se convierte en el centro de la resistencia del marquesado frente a los monarcas. En el año 1471, el marqués buscó refugio entre los muros de esta fortaleza a causa de su enfrentamiento con las tropas de los Reyes Católicos. El desenlace de tal pugna terminó con la imposibilidad de los reyes de tomar el castillo, por lo que se firmó un tratado. Ya en el siglo XIX, sufrió las guerras carlistas. A partir de entonces, comenzó su restauración.