viernes, 1 de mayo de 2009

Fue, en Madrid, ermita de San Ginés de Arlés.


Acceso a la Iglesia por la calle de Arenal, fachada norte, y por el espacio antes destinado a cementerio. La anterior entrada a la Iglesia estaba por la fachada sur, frenta a la casa de Pedro Ruíz de Zárate, que por la calle Mayor cobigaba los soportales de los manguiteros ocupados en la fabricación de prendas de abrigo de piel.

Fachada norte a la calle Arenal y torre de la actual iglesia de San Ginés.

Pudo ser en sus orígenes una antigua ermita, levantada tal vez sobre una mezquita del siglo IX, ya existente a finales del siglo XIII, y entorno a la cual se fue estructurando posteriormente el llamado arrabal de San Ginés. No obstante, el primer documento que tenemos sobre su existencia es de la segunda mitad del siglo XIV, más concretamente una bula papal de Inocencio VI que data de 1358, y que concedía indulgencia a las personas que diesen limosna a la fábrica de la iglesia porque, según nos cuenta González Dávila, "habían robado su sacristía los moros y los judíos". Del primitivo templo poco más podemos decir, únicamente que la capilla Mayor fue construida en 1453 bajo el patronato de los esposos Gómez y María Guillén. En 1642, con la destrucción de dicha capilla, se dio el paso para la construcción del edificio actual puesto que fue necesario derribar toda la iglesia. Así, en 1645, y mediante la donación de setenta mil ducados realizada por un tal Diego de San Juan, devoto y rico parroquiano, el maestro Juan Ruiz levantó un nuevo templo, que tras algunas modificaciones durante el siglo XVIII y una restauración realizada tras el incendio de 1824 que destruyó toda la cabecera, han conferido al edificio su aspecto actual. Se trata de una iglesia de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula. En el exterior, destaca la fachada a la calle Arenal, con la lonja de entrada, y que fue realizada durante el siglo XIX por José María Aguilar en estilo neoplateresco. En su interior, merece citarse la capilla del Santo Cristo, de origen incierto, aunque también se sabe que fue reconstruida por Juan Ruiz en 1656. En esta capilla, se haya una imagen de Cristo, ejecutada por el escultor Alfonso Vergaz, y que llegó a ser una de las más veneradas de la Villa. Por último, decir que durante el Antiguo Régimen llegó a ser una de las parroquias más importantes de Madrid, tanto en población y recursos como en extensión, ya que su feligresía se extendía desde la calle Arenal hasta el Prado de Recoletos, en el límite noreste de la ciudad.

Se trata de una iglesia de planta de cruz latina, de tres naves, con crucero y cúpula. En el exterior, destaca la fachada a la calle Arenal, que fue realizada durante el siglo XIX por José María Aguilar en estilo neoplateresco. En su interior, destaca la capilla del Santo Cristo, de origen desconocido, aunque se sabe que fue reconstruida por Juan Ruiz en 1656. En esta capilla, hay una imagen de Cristo, ejecutada por el escultor Alfonso Vergaz, y que llegó a ser una de las más veneradas de Madrid. Conserva pinturas de Alonso Cano, El Greco, Jose Adams, Villabrille, Salvatierra y una copia exacta de un gran lienzo de Ricci, así como importantes bustos. Tiene una majestuosa torre, tres naves separadas por arcos y retablos de estilo neoclásico-romántico. Como curiosidades, aquí fue bautizado Lope de Vega, se casó Quevedo, y en una capilla se conserva un cocodrilo disecado que, según la leyenda, fue traído de America en tiempos de los Reyes Católicos.
El nombre de esta calle se remonta a 1656, cuando Madrid compró terreno para ensanchar esta calle que iba desde la callejuela del Puente de San Ginés hasta la entrada de la antigua calle de las Hileras. Se la da el nombre de Arenal debido a que se trataba de un terreno arenoso.

Pasadizo de San Ginés. En la esquina el puesto de venta de libros y al fondo la chocolateria de San Ginés. Es uno de los pasadizos más antiguos de Madrid. Se fundó aquí en 1890 la Chocolateria de San Ginés, aprovechando el local que antes ocupaba un mesón y hospedería. Su ubicación junto al Teatro Eslava y su apertura hasta altas horas de la noche le han proporcionado durante muchos años una numerosa clientela que tomó por costumbre ir a degustar su chocolate con churros después de cada función. Hoy en día sigue siendo un local muy frecuentado y es considerado como uno de los establecimientos más tradicionales del ramo, ya que aunque se han realizado algunas reformas todavía se conserva parte de su decoración y antiguo mobiliario -mostrador y mesas de mármol, reloj de pared-. Ocupan la discoteca y la chocolateria espacios de la manzana en donde se situaba a mediados del siglo XVII la casa del conde de Villamediana, asesinado aquí mismo en el conocido como callejon de la duda.
Hacia principios de la década de 1640, a causa de recientes hundimientos del terreno, el templo estaba medio destruido, y por ello se encargó a Juan Ruíz la edificación de uno nuevo, aunque aprovechando los materiales del antiguo. En 1645 ya estaba concluído el cuerpo de la iglesia, y en 1659 la Capilla del Santo Cristo. Sin embargo, la construcción de otros elementos se prolongó hasta 1672, el mismo año en que falleció Ruiz.
La iglesia sufrió tres incendios (1724, 1756 y 1824), seguidos de otras tantas restauraciones.
Durante la Guerra Civil (1936–1939), San Ginés permaneció cerrada, exceptuando algunas dependencias que fueron empleadas por la República como cuartel militar. A causa de esto último, la construcción sufrió el impacto de proyectiles, y en los años 40 y 50 tuvieron que ser reparados los daños ocasionados.
De 1956 a 1964 se hizo el último gran conjunto de obras en el edificio. Se pretendía, sobre todo, restaurar y consolidar los muy deteriorados cimientos, pero también intervenir en el interior y remodelar completamente el exterior. Con esto último se buscaba dar nuevamente al templo la apariencia que tuvo en el siglo XVII, típica del Madrid de los Austrias. Por ello, se levantó totalmente el revoco de todos los muros, y se reconstruyó la fábrica original: ladrillo macizo alternando con cajas de mampostería de pedernal. En la torre, en cambio, se mantuvo el ladrillo original. Además, se sustituyó la ornamentación decimonónica y neoplateresca de los vanos por otra más semejante a la del siglo XVII.
La construcción original, de la que sólo queda el campanario, es de estilo mudéjar. La estructura actual corresponde a la reforma que sufrió el templo en 1645. Un incendio provocó la destrucción de la cúpula y los cubrimientos de las tres naves que se renovaron en el siglo XVIII.
En su interior destacan los tres retablos del altar en los que se combina escultura y pintura. El gran cuadro que preside el altar es obra de José San Martín, copia del original de Francisco Ricci que se quemó en el incendio de 1824. Entre los tesoros artísticos de la iglesia sobresale un lienzo de Alonso Cano.
En esta iglesia fue bautizado Francisco de Quevedo el 26 de septiembre de 1580 y se casó Lope de Vega.
En la Capilla de Nuestra Señora de los Remedios figura desde 1522 un gran caimán disecado a los pies de la Virgen. Ambos objetos fueron puestos por el Aposentador Alonso de Montalbán, funcionario al servicio de los Reyes Católicos. Cuenta una leyenda que se trata de un gesto de agradecimiento hacia la Virgen, a raíz de un hecho milagroso vivido por Montalbán y su esposa durante su destino en América en 1499. Un documento de la época del archivo parroquial de San Ginés relativo a la misma Congregación de Nuestra Señora de los Remedios dice:
En tiempos de los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, en uno de los viajes que hizo a Indias Alonso de Montalbán, su Aposentador, cuando volvía a España con otros caballeros, llegaron a Portobelo en busca de alimentos, y por tres veces les acometió un feroz caimán o lagarto marino. Perseguidos por él, saltaron a tierra para matarle, y fueron arrimándose a un árbol, junto al cual le alancearon, y alzando los ojos al cielo dicho Montalbán (...) vieron sobre las ramas de dicho árbol a esta devotísima imagen de Nuestra Señora con gran resplandor y admiración suya, bajáronla de él (...) y condujéronla al barco, experimentando su protección durante el viaje (...)



























































































































































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