miércoles, 6 de mayo de 2009

Juan Alvarez Gato. Los gatos madrileños.

Los Gato llegaron con los reconquistadores de Madrid en tiempos de Alfonso VI. Su actuación en la reconquista dió lugar a que los habitantes de Madrid sean conocidos como gatos.

Muhammad I, hijo de Abderramán II fundó Madrid en 852. Construyó una fortaleza amurallada que controlaría todo el valle del manzanares y la sierra del Guadarrama. Dentro de esta muralla se situaría la almudaina o ciudadela y una pequeña mezquita. La muralla del magerit musulmán se construyó con grandes bloques de brillante perdenal, tenía torres cuadradas y tres puertas de acceso: la de la Vega, Arco Santa María y la de La Sagra y varios portillos.
Hubo muchos intentos por conquistar Madrid, la primera vez fue en el 924 al mando del conde Fernán González, mas tarde, en 968 Ramiro II de león dejo bastante dañara la fortaleza y el califa Abderramán ordenar fortificar Madrid.
Un día de mayo de 1085, las tropas del rey Alfonso VI se acercan a Magerit. Al amanecer llegaron las tropas a la puerta de la vega, iban cautelosos para sorprender al enemigo, de repente uno de los soldados se separa del pelotón y comienza a trepar por la muralla hincando la daga por las juntas de la piedra. Subió tan ágilmente que todos empezaron a decir que parecía un gato. Cuando comenzó la lucha el hombre ya había subido arriba, corrió al torreón de la fortaleza y cambio la bandera mora por la enseña cristiana. En memoria de esta hazaña, desde ese momento él y todos sus sucesores cambiarían el nombre por el de gato. Desde entonces a todos los nacidos en Madrid se le llaman “gatos”

Este linaje "tuuo principio en vno de los primeros Conquistadores de Madrid, tan animoso y valiente, que estando cercado este lugar, arresgó su persona de suerte, que sin temer la resistencia y defensa que hazían los moros desde encima de las murallas, subió con tanta ligereza por vna dellas, hincando la daga por las junturas de las piedras, que los del Real marauillados de su agilidad empezaron a dezir: que parecía gato, trocando de allí adelante él y sus sucesores en memoria desta hazaña su antiguo apellido por el de Gato". De este linaje fue Juan Álvarez Gato, del estado de los caballeros y mayordomo de la reina doña Isabel: "varón insigne (...), escriuió en sus primeros años muchas cosas en verso Castellano a lo humano, y en los postreros de su vida a lo diuino, de lo esmerado de aquel siglo". Al no haber tenido descendencia con su mujer doña Aldonza de Luzón, fundó en 1490 un mayorazgo en cabeza de su sobrino Garcí Álvarez Gato, vinculando en él una espada del rey don Juan II, obsequio de éste cuando en 1453 le armó caballero. Las casas de este mayorazgo estaban contiguas a la torre de la iglesia de San Salvador, y tenían fachada a la calle Mayor y a la de Santiago.

Calle de Juan Álvarez Gato, el callejón del Gato. Retratada por don Ramón María del Valle - Inclán en “ Luces de Bohemia “. En ella se usa esta calle y los espejos del Café Colón para explicar el tan representativo esperpento valleinclanesco.
“ Un café que prolongan empañados espejos. Mesas de mármol. Divanes rojos. El mostrador en el fondo, y detrás un vejete rubiales, destacando el busto sobre la diversa botillería. El Café tiene piano y violín. Las sombras y la música flotan en el vaho de humo, y en el lívido temblor de los arcos voltaicos. Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco. En su fondo, con una geometría absurda, extravaga el Café. El compás canalla de la música, las luces en el fondo de los espejos, el vaho de humo penetrado del temblor de los arcos voltaicos cifran su diversidad en una sola expresión. Entran extraños, y son de repente transfigurados en aquel triple ritmo”. Y en otras en las que hace referencia específicamente a la calle: “ Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del gato ”. Explicando el esperpento con las palabras: “ Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada “.
La plaza de Santa Ana y la del Ángel configuran uno de los más bulliciosos barrios de Madrid desde el Siglo de Oro, cuando en su entorno estaban situados los corrales de comedias, una tradición teatral que continúa hoy día, como dan fe el Teatro Español o el Reina Victoria, y su proximidad con el Barrio de las Letras. Ello, unido a un sinnúmero de bares y restaurantes, hacen de este lugar uno de los más animados de la noche madrileña, sin olvidar el rico pasado que albergan sus edificios.

La plaza del Ángel, así llamada por estar pintado sobre una pared la efigie del Santo Ángel de la Guarda, era un pequeño espacio que llegaba desde la desembocadura de la actual calle de la Cruz hasta la de Carretas, aún no existía la calle de Espoz y Mina. La plaza como tal surgió tras ser demolido el convento de la Victoria, tras lo cual alcanzó su anchura actual.

Respecto a la plaza de Santa Ana, consiguió su actual aspecto tras la decisión de José I de derribar el monasterio Real de Santa Ana de Carmelitas Descalzas -que había sido fundado por San Juan de la Cruz en el año 1586-, y la manzana de casas del convento de la Victoria, ya que el espacio urbano queda casi como el actual.

En 1810 comienzan las nuevas construcciones. El arquitecto Silvestre Pérez se encarga de erigir el palacio de los condes de Montijo y Teba sobre el terreno de las casas que fueron del Conde de Baños y de su esposa, que comprendía la actual fachada de la Puerta del Ángel, desde Espoz y Mina a Santa, Ana, la fachada de la plaza Santa Ana hasta el callejón de Álvarez Gato y haciendo medianera con las casas que se abren en la nueva calle de Espoz y Mina, hasta el final de Álvarez Gato. El edificio se construye en ladrillo y en estilo neomudéjar, el más utilizado en este periodo. Este palacio fue el más representativo de la vida política del siglo XIX, ya que de las dos hijas de los marqueses, Francisca sería duquesa de Alba y Eugenia, se convertiría en emperatriz de Francia tras su matrimonio con Napoleón III.

La vida política de la casa de Montijo fue difícil, ya que se acusó a los marqueses de afrancesados por Fernando VII y sufrieron exilio en Santiago de Compostela y Granada, donde en 1826 nace su hija Eugenia, la futura Emperatriz de Francia. Regresan a Madrid en 1830 y por el miedo a una epidemia de cólera se trasladan a París en 1839, comenzando una vida itinerante entre todas las cortes europeas.

Uno de los episodios más memorables vividos en aquel palacio fue la noticia en la cena de Navidad de 1874 de la próxima proclamación de Alfonso XII como rey de España. Zonas anexas al palacio fueron utilizadas para la promoción de viviendas de la nueva clase acomodada en los últimos años de del Siglo XIX. En 1882 se realiza la edificación del actual número 6 de la plaza del Ángel por el arquitecto Isaac Rodríguez Avial. De su mano salieron también viviendas para el conde de Peñalver y para don Francisco Serrano, la actual Sede del Instituto Español de comercio exterior y el conocido consultorio infantil de la calle Espada, hoy perteneciente a la obra social Sor Rosalía Rendú.

En 1919 se construyó en el solar del Palacio de los Condes de Montijo uno de los más significativos edificios comerciales de Madrid, el Edificio Simeón. Dedicado a grandes almacenes, algunos pisos se destinaron a un hotel muy conocido por el mundo de los toros. Actualmente el edificio se ha convertido en un lujoso hotel de la cadena Meliá, cuya visita es recomendable por su maravillosa terraza, su decoración y las vistas urbanas que se divisan. El edificio está catalogado por Patrimonio como Histórico, y es uno de las más representativos del Madrid de entre siglos, coincidiendo con el auge de la burguesía procedente de la tardía revolución industrial española.
Juan Pedro Arnal. 1735-1805. Nacido en Madrid, se trasladó siendo muy joven a Toulouse, Francia, donde curso estudios de arquitectura y obtuvo varios premios por sus primeros trabajos. A comienzos de la década de 1760 se encuentra en Madrid, donde consigue como delineante dos premios, uno en 1763 y otros en 1766. Su talento es apreciado por el arquitecto José de Hermosilla que se lo lleva a Andalucía y realiza unos interesantes dibujos de la Alhambra. A su regreso a Madrid y apoyado por la nobleza criticó abiertamente las composiciones barrocas, lo que le supuso trabajar en el ambiente cortesano. Así, construyó la casa del Conde de Baños en la plazuela del Ángel y fue nombrado arquitecto del Marqués de Santa Cruz. En 1767 ingresó como académico de mérito en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y comenzó a impartir clases de Geometría, aunque oficialmente no consiguió el nombramiento de Teniente de Arquitectura hasta 1774. Ese mismo año fue propuesto para director de Perspectiva, pero no será hasta la muerte de Ventura Rodríguez en 1785, cuando consiga su nombramiento como Director de Arquitectura. En 1801 culminó su carrera como Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus trabajos en Madrid son:
Construye el Palacio de Buenavista, actual sede del Cuartel General del Ejército, en la plaza de la Cibeles (década de 1780).
Construye junto a Turrillo la Imprenta Real en la calle de la Paz (1791-1795).
Proyecto y construcción de la Real Casa de Postas, en la plaza de Pontejos (1795-1800).
También realizó algunos ornatos y obras menores en la iglesia del Convento de San Felipe el Real y en el Convento de don Juan de Alarcón (1776), proyectó un sepulcro en la iglesia parroquial de San Andrés (1778), el altar de San José en la iglesia parroquial de San Ginés (1789), un tabernáculo para la desaparecida iglesia de Santa María (1789) y dirigió la construcción de los ornatos para conmemorar la entrada en Madrid de Carlos IV, como nuevo Rey de España (1789).
Fuera de la ciudad reconstruyó la nueva fachada del Hospital Tavera en Toledo, restauró el Palacio del Marqués de Santa Cruz en el Viso, realizó los proyectos del ayuntamiento y la cárcel de Pozoblanco (1787), del nuevo puente de la localidad madrileña de Navalcarnero, del nuevo poblado de San Carlos en el Valle de Santa Elena, en la Mancha (1788), y, entre otros, del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de Méjico (1801).